COLUMNISTAS OTRO DICIEMBRE CALIENTE

En guerra

El tiempo corre como desgracia, algo pasa, no llegan. En el video de la sesión corre Nicolás Massot, devora las escaleras buscando gente sentada, pero todos se paran y se sientan constantemente.

Violencia. Los disturbios fueron parte también de la discusión entre sectores.
Violencia. Los disturbios fueron parte también de la discusión entre sectores. Foto:cuarterolo

El tiempo corre como desgracia, algo pasa, no llegan. En el video de la sesión corre Nicolás Massot, devora las escaleras buscando gente sentada, pero todos se paran y se sientan constantemente. El número se vuelve loco, de 127 a 128, 130 a 127, 126 y 118, en un momento se ve un 120, pero nunca queda fijado en 129. Ese quórum de segundos no puede repetirse y sostenerse, y entonces se da inicio al colapso.

La forma en que el oficialismo comienza a transcurrir su segunda mitad de gobierno está basada en el conflicto y la Cámara baja fue expresión hasta corporal de eso mismo. Esta ley que el Gobierno intenta votar victoriosamente no se basa en los acuerdos de las partes, sino en amplias divergencias y denuncias. Legisladores que han expresado diferencias, sectores sociales manifestando en contra y un tratamiento en comisión, al parecer no del todo extenso, brindaron la sombra sobre la cual pudo crecer la furia. Todos agolpados delante de Monzó respondían con sus cuerpos a la invitación de guerra de Macri.

A la noche, Nicolás Massot aseguraba a Nelson Castro la existencia de un decreto de necesidad y urgencia, ya firmado por todos los ministros y con la sola falta de la firma del Presidente. En tiempos de resurgimientos de temores nucleares y de juegos simbólicos alrededor de “Corea del Centro”, este decreto asume justamente el rol de amenaza. El Gobierno estaría a solo “un botón rojo” de arrojar la disidencia al silencio y de lograr una medida sobre la base del conflicto y no de los acuerdos. Lo que está por venir en el tiempo próximo es probablemente mayores escenas de litigio.

Los episodios en la calle con las fuerzas de seguridad ingresan también en este destino de discusión entre partes. No se discute sobre protocolos o normas internacionales del uso de la fuerza (algo ya mencionado infinitamente por Amnistía Argentina), sino sobre quién empezó. Carrió dice que los diputados “atropellan a las fuerzas del orden”, mientras los reporteros gráficos aparecen exponiendo el impacto de las balas de goma en sus cuerpos y Marcos Peña señalando la violencia de los manifestantes contra esos mismos reporteros, dejan un tendal de idas y vueltas basado en la reproducción incesante de la guerra. Todo lo que pasa se incorpora al conflicto base y allí se define en alguna de sus partes.

El problema mayor no es tanto el surgimiento abierto de los enfrentamientos, sino el de tener la cantidad de aliados suficientes y diversos para poder llevarlo adelante. Es probable que el Ejecutivo esté sobrevalorando su capacidad de influencia dentro del sistema político. Enormes y ya inigualables vencedores electorales, por ahora necesitan conocer mejor los hilos de unión entre los actores del poder político. Es inaceptable que lleguen al recinto con tanto apuro, al mismo tiempo que con tan poca claridad sobre si lograrán sacar exitosamente la ley. El Gobierno abre conflictos con mayor seguridad que la que tiene para cerrarlos victoriosamente.

La agenda local es un estorbo infinito para Macri. Por estos mismos días, de nuevo podía jugar a ser un líder mundial con la reunión de la Organización Mundial del Comercio. Allí habla entre pares, cuenta el caso argentino de liberación y conversión del populismo a la seriedad actual y pide por inversiones. Es probable que el Presidente esté logrando con el tiempo consolidar una mejor y exitosa imagen en el exterior que en su propio país. El desacople entre ese disfrute entre líderes globales y Monzó arrojando una piña desde su escritorio a Moreau podría resolverse en su imaginación con el decreto, pero a esa tentación sabe contenerla. Es lo que se hace con la bomba atómica, nunca se la tira.

En la base de todo este disturbio está que los jubilados ganarán menos. El cálculo del formato en que se actualizarán los valores de las jubilaciones se parece al conteo del quórum. Suben y bajan de acuerdo a los algoritmos que las consultoras de economía se animen a practicar. De cualquier manera, hay cierta incomodidad en la claridad de que de allí hay algo que se está quitando. El problema es que en la base de ese “quite” hay coacción, y la misma parece impulsada como estrategia asumida y consciente por el oficialismo. Eso, de seguir igual, continuará teniendo consecuencias abiertas de combate.

*Sociólogo. Director de Quiddity.



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