COLUMNISTAS CRISTINA, ENFURECIDA

Enojos diarios

La Presidenta no atraviesa sus mejores días. La economía y Clarín, sus obsesiones.

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Cuando la Presidenta se enoja, irrumpe en gritos. Ultimamente, sus enojos son cosa de todos los días. Por ello, muchos funcionarios que no son de su núcleo íntimo buscan con creciente avidez evitar la cercanía con Cristina Fernández de Kirchner. A tal punto llega esto que uno de ellos, con rango ministerial, disfruta enormemente los momentos de paz que sus nuevas funciones le deparan fuera de la Casa de Gobierno. Más allá de esa propensión natural al destrato, dos son las causas principales del mal humor presidencial: una, los desbarajustes de la economía; la otra, Clarín.

La intensificación de las presiones sobre las cuevas que negocian el dólar negro no ha logrado satisfacer el deseo de Guillermo Moreno de hacerlo bajar a 6,50. En paralelo, el tortuoso trámite de aprobación del proyecto de ley de blanqueo de capitales ha dado paso tanto a sus incoherencias como a sus aspectos más oscuros. Está claro que su objetivo es favorecer a grandes evasores y lavadores de dinero. En ese universo hay amigos del Gobierno que se beneficiarán de manera similar a la que lo hicieron con el blanqueo de 2009. Fue paradojal ver en estos días a la AFIP llevar adelante procedimientos contra evasores mientras su titular defendía las bondades del blanqueo. Eso es kirchnerismo puro. En el mejor de los casos, se espera que el blanqueo aporte a la economía cuatro mil millones de dólares. Pero, en lo que va del año, salieron del sistema seis mil millones de la divisa estadounidense. En abril de este año, los depósitos bancarios en dólares sumaban siete mil millones. De ésos, mil millones pertenecen al Estado y el resto a privados (seguros, petróleo, obras sociales, etc.). No hay entre ellos ahorristas. Un dato más: en abril de 2012, la cifra de dólares depositados era de 15 mil millones.

Como el relato del Gobierno sigue negando la existencia de la inflación, el problema se agrava. El congelamiento de precios funcionó sólo durante un mes: febrero. Después todo siguió igual, es decir, mal. La caída de ventas en abril de las grandes cadenas de supermercados fue del 10% en promedio, con picos del 17% en electrodomésticos y alimentos. La prohibición de publicitar las promociones de fin de semana en los grandes diarios tuvo efectos negativos. La habilitación para hacerlo en radio y televisión no compensó ese faltante. Un alumno de los primeros años de la carrera de comunicación o de marketing lo habría anticipado con precisión matemática: los anuncios en medios audiovisuales son efímeros. La gente los toma en serio recién cuando los ve en los diarios. Entonces guarda la hoja y va con ella a hacer las compras. Esto es así aquí y en cualquier parte del mundo. No parece que el nuevo acuerdo –abarca 500 productos– dispuesto por Moreno vaya a producir un resultado distinto y mejor. Nada que sorprenda: como lo muestra la experiencia, el fracaso es el aliado permanente del secretario de Comercio Interior.

La necesidad que tiene el Gobierno de llegar a las elecciones de octubre con las variables económicas controladas como sea es ya indisimulable. El triunfo en la provincia de Buenos Aires es imperioso para intentar mantener un poder que en algunos otros distritos ha comenzado a esfumarse. Allí Alicia Kirchner no sube. Su estancamiento en un guarismo que no llega a los 30 puntos obliga al kirchnerismo a buscar otras alternativas. Por eso, la Presidenta ha ordenado medir a Andrés “Cuervo” Larroque, uno de los jerarcas de La Cámpora. Por lo que se sabe hasta ahora, los números tampoco le sonríen. En la organización que supo tener como mentor a Máximo Kirchner también hay crujidos que empiezan a hacerse oír. “Estoy de acuerdo con la idea de la participación política, pero es una payasada que para entrenarnos en la militancia nos hagan ver videos de Axel Kicillof. Lo único que falta es que nos vengan a hablar bien de Amado Boudou. A Kicillof nos lo hacen ver como el ejemplo del militante joven cuando en realidad todo lo que transmite es pedantería”, confesaba días pasados, a modo de catarsis, un dirigente de La Cámpora con cargo de rango gerencial en una repartición del Estado. Si Sergio Massa no juega para el oficialismo –cosa que parece cada vez más improbable–, las posibilidades de Francisco de Narváez se acrecientan. La escisión de La Juan Domingo –hartos sus miembros de los zigzagueos y las indefiniciones de Daniel Scioli– le ha dado renovados bríos al peronismo disidente.

Las iniciativas políticas orientadas a proteger la libertad de prensa, impulsadas por Mauricio Macri y José Manuel de la Sota, han sido un dique importante para contener la avanzada motorizada por la Presidenta contra los medios que no le son afines. Eso es lo que hoy significa su incansable actitud por destruir a Clarín, que a estas alturas ya tiene la categoría de una obsesión, patología que consiste en un estado psíquico causado por una idea fija y permanente que se instala en la mente de una persona y se apodera de su pensamiento. Más allá del debate jurídico que tales normas han originado –hay constitucionalistas que la avalan y otros que no–, la movida ha puesto en la consideración pública el tema de la libertad de prensa y su valor republicano, conceptos que el kirchnerismo desprecia. No es casual que el Gobierno persiga la cooptación de la Justicia y la desaparición de la prensa independiente. Sin Justicia independiente no hay república; y sin prensa independiente, tampoco.


Producción periodística: Guido Baistrocchi.



Nelson Castro