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Ensayo para una desaparición

La oferta electoral diversa del peronismo refleja su actual crisis de representatividad. Y la amenaza latente de su extinción.

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NUEVO LOGO PERONISTA
NUEVO LOGO PERONISTA Foto:PABLO TEMES

Cristina Fernández de Kirchner apeló a un rudimentario ardid ilusionista para presentar en público su más reciente artefacto político. Inspirado, en este caso, en la inusual popularidad recogida en los segmentos de pobreza estructural del GBA que contribuyó a expandir y, de modo paradójico, aspira a representar con su aparente consentimiento.

El truco depende de una mecánica sencilla pero efectiva ya advertida y revelada por Platón en la Antigua Grecia. Sin embargo, conserva intacta la magia, y su efectividad fue confirmada en estos días: es más fácil engañar a una multitud que a un solo hombre.

 La ex presidenta convocó a una multitud y confundió en ella a los intendentes del Conurbano. Las inquietas cámaras de televisión desnudaron el semblante incómodo de varios como si la realidad pudiese todavía depararles otra sorpresa además de la que presenciaban.  

 Síntesis de júbilo y portento electoral según sus fieles, es una descripción que minimiza el contenido simbólico del acto en Arsenal de Sarandí. Se trata del primer ensayo general puesto en escena para la desaparición del peronismo bonaerense. La novedad no es estética, sino política y subyace en la metáfora que designa a su creación, Unidad Ciudadana.

Lo que coloca en otra perspectiva a la situación promovida con el PJ, negándole cualquier posibilidad de legitimación mediante PASO a Alberto Fernández, Florencio Randazzo y Fernando “el Chino” Navarro. Miembros sobresalientes del club político de Eduardo Duhalde en los 90 pero dispuestos a trabajar para desalojarlo desde 2005 con la candidatura de CFK a senadora nacional y ya al servicio de Néstor Kirchner.

Colaboraron con él a forzar las renuncias de Jorge Rossi y Baldomero “Cacho” Alvarez de Oliveira a las intendencias de Lomas de Zamora y Avellaneda, donde los reemplazaron Martín Insaurralde y Jorge Ferraresi después de la victoria de Francisco De Narváez en los comicios de 2009. A alguna cláusula desconocida y, tal vez, restrictiva de ese trámite sucesorio se atribuye que ambos deleguen el recambio generacional en Cristina.

Rarezas. El proceso de sustitución del pasado reciente entraña otras rarezas. A Jorge Landau le tocó padecer una. Ser vapuleado por La Cámpora, que lo acusó de traidor. Sugestiva negación de esa sustancia inmaterial que alimenta el motor de la historia de la humanidad. Y, por supuesto, también de Landau: trabajó los últimos 25 años como apoderado del PJ. El pasado mes, bajo sospecha de simpatizar con Randazzo.

Estas referencias no alteran el consenso entre analistas: el peronismo asiste a las urnas con, al menos, tres expresiones para reiterar una vieja táctica electoral. No es lo que pretende Cristina, quien tendría derecho de asumirse como genio incomprendido.

La supresión de su liturgia está en línea con el decaimiento de su representación en las nuevas generaciones donde se lo asocia a efectos nocivos ajenos a su obra. Fenómeno creciente en la fuerza laboral reflejado con los desmanes en la movilización de la CGT del pasado 7 de marzo. Las bases más politizadas donde lidera la izquierda dura rechazó la perpetuación de dirigentes sindicales en sus cargos.

 Roberto Baradel y Hugo Yasky, que adhieren a Cristina, padecen y conviven con esa realidad en el Suteba y la CTA, y por eso se recuestan sobre una corriente más blanda, como Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella, en busca de una pátina ideológica para disimular ese tic peronista. Randazzo recibe solidaridad de gremios con pasado melancólico de grandeza entre los asalariados. UOM, Smata y la Unión Ferroviaria, entre otros.

 No es un experimento con garantía de éxito. Lo sabe Sergio Massa. La apertura hacia otro espectro con Margarita Stolbizer y Victoria Donda no rinde por ahora el rédito esperado en la opinión pública. Cambiemos se frota las manos. Joaquín De la Torre define a Massa como el custodio de votos de Cambiemos. La polarización con Cristina es un escenario inevitable, según el ministro de Gobierno bonaerense.

¿Le bastará a Cristina el GBA? Es una incógnita abierta por la forma elegida para contactarse con su electorado en este nuevo acto fundacional. Sin intermediarios entre el líder y el pueblo sufriente que precisa de su saber y guía para recuperar la felicidad extraviada cuando “desorganizaron todo”.

 Una restauración con reminiscencias de lo que George Steiner llama el verano de la edad de oro. “La imagen que llevamos en nuestro interior de un centro rector, de una coherencia perdida, tiene mayor autoridad que la verdad histórica. Los hechos la podrán refutar pero no eliminarla pues se liga a profundas necesidades psicológicas y morales”, sostiene en En el castillo de Barba Azul el pensador francés.

Diagnóstico casi a medida de la reivindicación del revisionismo de CFK que da a Manuel Belgrano lugar central. Abogado y revolucionario, en aptitud de ocupar cualquier rol para liberar del yugo invasor a los oprimidos. Incluido liderar y convertir en combatientes a un proletariado sin instrucción adecuada desde la luz provista por el conocimiento.

 Para Tulio Halperín Donghi, es el germen que la Guerra de la Independencia inoculó a élites criollas incorporadas al Ejército. “La altanería de la nueva oficialidad no juzgará por debajo de su dignidad arrebatar joyas a los más ricos” refiere en su Historia contemporánea de América Latina para rastrear una espiral de violencia política que jaqueó a las instituciones democráticas en buena parte del siglo XX.

Más difícil que predecir el resultado de esta elección resulta saber si surtirá efecto instar a la unidad después de asociar al oficialismo con un brumoso comportamiento antipopular.

Cristina se cuidó de no decirlo así y de citar a Macri. No hacía falta. Debajo del telón asoma el PJ.

Lo que otorga entidad a la idea amasada por Federico Scarabino en cincuenta años de trayectoria política que incluyen enfrentar a Duhalde y a Kirchner.

Ex intendente de Quilmes y titular interino del Senado provincial hasta 2011, sostiene que el peronismo es el gen regresivo de la Argentina. Scarabino estudia inglés y prepara una nueva vida en Londres.