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Entre Baglini y el ‘Chicken Game’

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En la década del 80, el diputado Baglini explicó que, cuanto más lejos del poder, más “revolucionarias” son las propuestas de políticas públicas planteadas. Pero a medida que un partido se acerca al poder real, tiende a moderarse y a buscar consensos alejándose de las propuestas iniciales. El partido griego Syriza se encuentra en esa transición del teorema de Baglini entre moderarse en la negociación por más o menos políticas de austeridad y reformas contra socorro financiero o recorrer hasta el final con la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea) un camino peligroso que en teoría de los juegos se conoce como “Chicken Game”.
El “Chicken Game” hace referencia a las antiguas picadas donde dos autos comenzaban la carrera y ganaba el que lograba entrar al túnel delante de ellos. Es decir, uno ganaba y el otro chocaba y se estrellaba. El juego planteado por Grecia y la Troika resultó similar a dicho juego dadas la tensión y los múltiples idas y vueltas en una carrera por evitar la ruptura de Grecia con el euro y el default de su deuda pública El actual nivel de endeudamiento griego, junto con la contracción económica y el alto desempleo, torna virtualmente imposible el repago de las obligaciones sin una ayuda externa en el corto plazo o una reestructuración que devuelva la deuda a un sendero sostenible.
Si bien el componente radical de la plataforma de políticas públicas prometidas por Syriza fue moderándose desde que asumió Tsipras como primer ministro griego, aún persisten ciertos objetivos de política denominados “líneas rojas” por el gobierno heleno, que están fuera de la mesa de negociación. Aquí se incluían el aumento de impuestos y la reforma de pensiones, entre otras. En la última propuesta griega del jueves 9 por la noche, se ofreció aumentar el IVA en las islas y a las compañías navieras y reformar el sistema de pensiones. Es decir, las líneas rojas se van corriendo para dar lugar a un acuerdo. A cambio, el gobierno heleno requiere 52.500 millones para repagar deudas.
Luego del no pago del vencimiento del 1º de julio con el FMI, el referéndum del domingo 5 legitimó el poder de Tsipras como primer ministro y negociador, al punto que le permitió desplazar a Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas, que era visto como un obstáculo y con posiciones aún más radicales que las suyas. ¿Qué implicancias tiene para el “Chicken Game”?
Si Grecia llegara a estrellarse en la carrera y no entrar en el túnel, los coletazos en los mercados podrían generar corridas bancarias y ventas masivas de bonos de países en situaciones de fragilidad como España, y una fuerte depreciación del euro. En el frente interno, estrellarse implicaría una salida del euro, mayor desempleo y contracción de la economía. Aún antes de conocerse el desenlace del juego, los mercados están ajustando y las bolsas de todo el mundo están cayendo abruptamente.
Más allá del atraso en el pago al FMI, el momento crítico podría ser el 20 de julio, cuando venzan US$ 3.900 millones que se deben abonar al Banco Central Europeo (BCE) y que no son reprogramables, por estatuto de la organización. De no cancelarse, el BCE congelará el financiamiento de emergencia a los bancos griegos que, frente a la creciente corrida y el corralito implementado hace dos semanas, venía siendo imprescindible para mantener liquidez mínima frente a los retiros de los depositantes. Se cree que a los cajeros griegos sólo les queda efectivo para unos pocos días más.
Con la legitimidad que le otorgó el referéndum, pero con el fantasma de los costos de salida de la zona euro y de un default de la deuda pública masivo, Syriza se encuentra ante la disyuntiva entre moderación o quiebre. Las últimas señales enviadas a la Troika luego del referéndum parecen indicar que Grecia decidió seguir el “Chicken Game”, aunque con condiciones menos desafiantes. El juego simularía ser uno donde Grecia tiene todo para perder y poco para ganar. La Troika, por su parte, puede perder mucho, pero se cree que tiene con qué soportar una embestida así. Entonces, la solución óptima sería un acuerdo que minimice el costo para Grecia y evite un golpe al bloque europeo a través del freno a la recuperación y el efecto contagio.

*Investigador UBA.
**Investigador Conicet y UBA.



Federico Gonzalez Rouco* / Martin Grandes**