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Cristina, entre el pasado y el futuro

La ex mandataria buscó ocupar el centro de la escena, dar argumentos a sus seguidores y "pescar" votos.

Los objetivos de una entrevista inesperada
Los objetivos de una entrevista inesperada Foto:Cedoc Perfil

No deja de sorprender la sorpresa que suscitó la entrevista realizada a Cristina F. de Kirchner por Luis Novaresio. Luego de los cabildeos y discusiones sobre si la ex Presidenta iría a los programas de Mirtha Legrand y Susana Giménez, el medio que capitanea Daniel Hadad dio un paso al frente logrando construir un escenario de excepcionalidad para algo que debiera ser usual y cotidiano.

Cristina está de campaña. No es ninguna novedad. Sin embargo, la entrevista del jueves quedó cabalgando entre su rol de ex Primera Mandataria y su rol actual de candidata a Senadora.

El gran politólogo argentino Guillermo O'Donnell hablaba siempre del concepto de accountability como un factor vital casi siempre ausente de las democracias latinoamericanas. Accountability no es otra cosa que la rendición de cuentas, en síntesis una explicación detallada de los actos de gobierno (del que se fue y del que está, vale aclarar).

Dos acciones comunicacionales completamente diferentes, el discurso de campaña y la rendición de cuentas se mezclaron permanentemente en la larga conversación, lo cual generó tensiones entre entrevistado y entrevistador. Este último requería respuestas sobre el pasado, y Cristina quería hablar sobre el presente -el gobierno de Mauricio Macri- y sobre el futuro -las elecciones, el futuro posible ajuste, etc.-.

Cristina tiene en estas entrevistas tres objetivos primordiales: el primero estratégico: recuperar el centro de la escena; el segundo y el tercero tácticos: dar argumentos discursivos a sus adherentes; y capturar votantes por fuera de su red por ejemplo entre quienes impugnaron, votaron en blanco o los votantes huérfanos: aquellos cuyos candidatos a las PASO no superaron el umbral del 1,5% exigidos por la ley.

Queda claro que el primer objetivo, recuperar el centro de la escena, lo logró con prodigiosa facilidad, pudiendo con una entrevista a un portal del Internet a las 3 de la tarde sacudir a un país en un día laborable. Cabe señalar que sus detractores caracterizados antiKs -incluyendo muchos periodistas y comunicadores- reclamaron al periodista su conversión en fiscal y juez de la Nación, mientras que los Ks fastidiados por la compleja entrevista pidieron a gritos que se someta al Presidente a similar prueba. Ambos grupos quedaron o quedarán defraudados.

Los objetivos electorales tienen otra complejidad: los votos blancos, impugnados y huérfanos superan en la Provincia de Buenos Aires los 740.000 votantes, cifra que multiplica por 36 la exigua diferencia de 20.324 votos entre Cristina y Esteban Bullrich. Además se calcula que en las generales de la provincia podrían concurrir un 5% más de votantes (unos 600.000 ciudadanos adicionales). Esta es la tela para cortar antes de “atacar” las posiciones de sus contrincantes que asume cercanos como Florencio Randazzo y Sergio Massa. Claro que el oficialismo también accionará sobre estos y especialmente sobre los votantes del tigrense que son asumidos más cercanos a las posturas cambiemitas que a las cristinistas.

Es esperable desde una perspectiva ciudadana -y civilizada- que la ex Presidenta y el actual Presidente concurran a entrevistas radiales televisivas y gráficas a agenda abierta con periodistas que pregunten con respeto y rigurosidad, evitando las roscas y operaciones previas. También sería saludable que los candidatos en las categorías más importantes debatan con una amplia agenda, incluyendo preguntas del público presente. Sería un paso adelante en la maltrecha cultura política argentina.

*Sociólogo (@cfdeangelis)