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Entre libros

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Agosto: este mes empezará a llegar a las librerías la segunda edición de mi Los libros de la guerra. La misma Mansalva que se aventuró a publicarlo presenta una edición ampliada y en un formato aún mayor que el anterior conservando el diseño de tapa con el arte, originales de Javier Barilaro, que son el mayor valor de este libro. No convoco a la compra. Se puede fotocopiar: la Justicia difícilmente perderá tiempo en diligenciar causas por una ínfima violación a los derechos de un autor del montón.

Los mismos de Mansalva me enviaron sus cuatro lanzamientos de julio. Algo admirable por su calidad literaria y por su carácter revelador. Tres de ellos eran inaccesibles para el público argentino. Integra la tanda la reedición de la novela Su turno, de Laiseca, desaparecido de librerías hace treinta años. Es una parodia que explora los límites del género policial y a la vez muestra la genealogía del prodigioso imaginario del autor. Es mérito de esta nueva edición el rescate del título original, al que, en 1976, los caprichosos editores de Corregidor habían desvirtuado poniéndole Su turno para morir.

Asombroso es La garchofa esmeralda, primera incursión narrativa del conocido poeta Alejandro Rubio. Esta vez, es mérito del editor haber presentado el libro como lo que es –tres textos en prosa– en un momento en que todo se presenta simulando ser una novela. Es mérito del autor el lucimiento de una imaginación novelística que todos los narradores argentinos que, como él, crecieron en los años 70 tendrían que consultar antes de emprender nuevas trivialidades.

Se agregan al lanzamiento obras del chileno Juan Emar y del español Manuel Vilas. Diez de Emar (1883-1964) es un clásico de la literatura latinoamericana muy celebrado y poco leído en su país. Se trata de un libro de colección al que los lectores que lleguen atraídos por el prólogo de César Aira siempre volverán para probar su nivel de tolerancia a los límites del absurdo y de la imaginación desbordada.

España, del aragonés Vilas (1962), es un libro de inusitada frescura, algo sorprendente procediendo de un autor español. Hilvana medio centenar de historias y microrrelatos agrupados caprichosamente en once capítulos que el editor español no vaciló en llamar novela siguiendo la práctica fraudulenta de la industria. No es una novela: es literatura en estado puro y procesa sin miedo los desafíos de la identidad y el verosímil que enfrentan los verdaderos creadores como Vilas, y muestran que España está en otra parte y no donde creen los sudacas que quieren conquistarla poniendo un desaparecido en la página 78 o en la 132.



Rodolfo Fogwill