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Entre lo brutal y lo simbólico

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Los marxistas tienen enemigos de clase, es decir un genérico. Todos los que sean dueños de los denominados medios de producción o dueños más o menos de algo, son capitalistas que habrá que desalojar en algún momento. Habrá algún capitalista más famoso que otro, pero en general son esa entidad global, antes que cualquier particular.
El modo de construcción de identidad política siempre ha buscado un rival. Más allá de la moda, sólo discursiva, de construir acuerdos por encima de las diferencias, las identidades ideológicas y partidarias se definen, en un mismo acto, a sí mismos y a los otros. Como diría Luhmann, trazan una distinción y en esa misma acción construyen una unidad que tiene dos componentes: uno mismo, y quien queda indicado enfrente como rival.
Cuando en 1945 Perón hacía uso intensivo de Braden, lo hacía a éste como representante de una entidad genérica superior. Braden representaba a los Estados Unidos; los opositores cubanos representan a la contrarrevolución. El Partido de los Trabajadores en Brasil acusa de golpe a los medios concentrados, a un poder imaginario, y el antisemitismo sospecha un gobierno internacional judío que domina las finanzas internacionales. Ahora que Axel Kicillof es una estrella para adolescentes, puede también arrojar su piedra genérica, en plazas y ferias, contra la entidad imaginada de los neoliberales, junto con Cristina hablando del Partido Judicial.
Para quienes hacen de su vida un camino por el mundo político desde la adolescencia, esto representa lo normal y cotidiano. Para quienes dedicaron su vida cotidiana a la actividad privada y en la adolescencia sólo esperaban el momento de entrar en una empresa, todo esto es incomprensible. Cuando Aranguren habla, no imagina el contraataque, porque no imagina al mundo desde entidades políticas genéricas, ya que éstas no han formado nunca parte de su vida.
La actividad económica, el mundo en general de la economía, tiene el objetivo central de acumular rentabilidad. La modalidad en que ese camino se recorre puede tener diferentes tipos de liderazgos, ser producto de cursos de formación y de ejemplos exitosos en el mundo. Pero a los ejecutivos, en definitiva, se los evalúa por resultados y no tanto por la moral asociada a los mismos. El camino del liderazgo empresario se basa en decisiones sin estructura de oposición abierta y sin una identidad que los defina por oposición a otra identidad. El esquema político descripto, en donde la referencia propia, se diferencia de otra, no forma parte del espectro de Aranguren. No existe el otro y las cosas son como son.
El rol de Marcos Peña es el de corregir lo que declaran sus ministros y gastar sus energías en darle formato político, a la brutalidad de las declaraciones de todos ellos. Peña inunda sus relatos televisivos de sentido antikirchnerista e intenta en casi su sola persona, transformar decisiones empresarias, en actos de identidad partidaria. Cuando sus ministros dicen cosas por ahí, Peña empieza a aparecer por todos lados.
La falta de esa composición simbólica, a los niveles que puede tener el radicalismo, el peronismo o cualquier partido de izquierda, obliga a Peña a recurrir, en algunos casos, a nombres propios y ejercer respuestas y ataques a personas específicas. El PRO se reconoce opositor a la experiencia de los Kirchner, pero no llega eso a componer una identidad partidaria en el sentido clásico.
Cuando Sergio Massa acusa al Gobierno de tomar decisiones a favor de los empresarios, Peña le contesta que él quiere salir en la televisión. Cuando Hugo Moyano dice que Macri no sabe de política, Peña contesta con chistes sobre capar monos. Cuando se habla de los Panamá Papers, responde con que deben esas mismas personas, sentirse mal por lo de Lázaro Báez.
La apuesta total al segundo semestre de la economía juega a que su éxito evite la necesidad del juego político público de las identidades. Si la economía no funciona, la fiereza del ideario antiliberal se desplomará sobre un gobierno de ejecutores sin capacidad simbólica de respuesta. Para la oposición, Aranguren no es el tema, sino lo que él se dice que representa. Para el Gobierno no hay casi símbolo, sino sólo espera de resultados

*Sociólogo. Director de Ipsos Argentina.



Luis Costa