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Entre Nishimura y la Mano de Dios de Maradona

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Empezó. Ya está, fueron develados los misterios y espantados los fantasmas. Nada grave sucedió, y la Copa del Mundo Brasil 2014 tuvo ingredientes de todo tipo en su estreno.
En las calles hubo unas pocas protestas que no empañaron la fiesta. Los tan temidos “Black Block” (una versión brasileña de los Quebracho argentinos) fracasaron en su intento de convertirse en los protagonistas del Mundial en San Pablo. Peor aún, nadie recordará su accionar de ese día como temible y feroz, seguramente se los recordará por las imágenes de un padre quitándole la máscara a su hijo de 16 años y llevándolo para casa como a una criatura que cometió una travesura: “Vos no fuiste criado para esto. Yo trabajo para mantenerte, no para que escondas la cara. No vas a cambiar el mundo.  Vas a tener derecho a protestar cuando trabajes y ganes tu dinero, ¿entendiste?”. ¿Alguien puede imaginar al padre de uno de los integrantes de Quebracho hablando así con su hijo?
Mientras, adentro del Arena Corinthians, Dilma Rousseff fue recibida con fuertes insultos que bajaban prácticamente de todo el estadio. Insultos que tanto la Red Globo como todos los canales deportivos que transmitían en simultáneo se encargaron de disimular quitando el sonido ambiente.
De la fiesta de apertura no hay mucho para decir que no se haya visto por televisión. La coreógrafa belga Daphné Cornez y el director italiano Franco Dragone, contratados para pensar y ejecutar un espectáculo majestuoso a escala planetaria, le erraron feo. Resultó casi tan modesta como la fiesta de fin de curso de un colegio primario y fue duramente criticada por todos. Ni Jennifer Lopez, Pitbull y Claudia Leitte juntos consiguieron mejorarla. El país del carnaval más deslumbrante del mundo no se merecía eso.
Con los equipos de Brasil y Croacia en la cancha llegó el momento más emotivo del día: el himno nacional cantado con entusiasmo contagioso y lágrimas en los ojos, tanto por los jugadores como por la multitud. Fue como un grito de guerra que llenó de convicción y coraje a todo Brasil. Pero a los 11 minutos de juego todo se derrumbó. El pobre Marcelo marcó el primer autogol de Brasil en partidos mundialistas y el segundo gol en contra en un partido inaugural de la Copa del Mundo (el primero fue de Tom Boyd, en 1998).
Después, el árbitro japonés Yuichi Nishimura pondría las “cosas en su lugar” cobrando un penal inexistente a Fred, que le devolvió el alma al cuerpo a Dilma (primero) y al equipo y a la hinchada (después). Hoy, Nishimura, vestido con la camiseta de Brasil, se convirtió medio en broma y medio en serio en una de las de las figuritas del Mundial más populares en las redes sociales del país.
Al día siguiente sólo unos pocos medios aceptaban el oportuno y sospechoso error del árbitro y preferían hablar de “un penal que dejó dudas” siguiendo la línea del DT Felipe Scolari, quien, sin pestañear, en la conferencia de prensa posterior al partido aseguró que fue penal. En cambio, se habló de la acostumbrada malicia de los medios argentinos que hablaban de “robo” y se remarcaron (y de alguna manera se festejaron) los errores de arbitraje que perjudicaron a México en su partido contra Camerún. “La FIFA trajo árbitros horribles. No se trató de beneficiar a Brasil. Nosotros no tenemos la culpa”, se comentaba sin convicción en las charlas de café.
Pero no todos quisieron mirar para otro lado. A diferencia de los argentinos que en 1986 festejamos “la mano de Dios” de Maradona contra los ingleses como un aditivo más para aquel triunfo, algunos brasileños se muestran un poco avergonzados por el penal mal cobrado. Un periodista de ESPN Brasil, minutos después del partido, recordó los descarados robos arbitrales que beneficiaron al equipo de Corea frente a Italia y España para llegar a la semifinal del Mundial 2002, y casi imploró para que esos errores no se repitan en los próximos juegos de Brasil.
Ningún brasileño orgulloso de su enorme fútbol quiere que la Copa de Brasil 2014 sea recordada por arbitrajes sospechosos, el inaugural gol en contra de Marcelo o la deslucida fiesta de apertura. Ojalá que no sea tarde.

*Corresponsal en Brasil.



Claudio Gurmindo