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Era obvio

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“Detrás de la polémica alrededor de lo autodenominado periodismo militante y las críticas a las formas de periodismo profesional e inquisidor de los gobiernos, se esconde muy solapadamente la crítica al sistema mismo de división de poderes”.

(Diario PERFIL, bastante antes del fracaso del 7D).

 

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No creo que la reforma judicial que lanzó la Presidenta sea una venganza por el amparo que le impidió al Gobierno festejar el 7D, ahora ratificado por la decisión de la misma Cámara Civil y Comercial Federal de declarar inconstitucionales los dos artículos de la Ley de Medios cuestionados por Clarín.

Creo que, aunque el kirchnerismo hubiese tenido su 7D, igualmente habría lanzado esta reforma judicial porque resulta coherente con su cosmovisión y su filosofía. En esta columna, desde hace más de tres años y en forma reiterada, se ha venido sosteniendo que no podrían ir contra el periodismo sin finalmente ir contra la Justicia porque, más allá de cuestiones tácticas o ejecutivas, la matriz que cuestiona al periodismo es idénticamente aplicable a la Justicia.

Muy simplificadamente: si no existe la objetividad y todo es subjetivo para el periodista, también lo es para el juez. Si todo razonamiento no puede ser sino intencional, tampoco podrían –todos– los juicios de los magistrados ser objetivos. Y si no existe una verdad y todo es relativo, no debemos guiarnos por el criterio de verdadero o falso, ni siquiera por el de correcto e incorrecto, sino por el criterio de bueno o malo. Sin importarnos si lo que sería bueno es mentiroso, falso o incorrecto. Entonces, la epistemología tiene fundamentos tan débiles como la metafísica.

Para ellos, los jueces (como los periodistas y, antes de su descrédito, los economistas) son unos chantas que se arrogan hablar desde la posesión de la verdad, como dueños del discurso de la ciencia, pero tienen credenciales falsas. Son brujos que disfrazan el carácter religioso de lo que prescriben bajo una toga académica hecha para impresionar y disfrazar su desnudez argumentativa apelando a mitos como el del equilibrio de la balanza ciega.

Si su autoridad es un fraude, entonces no pueden tener autarquía o protecciones especiales y deben disciplinarse al único poder legítimo, que es el de la política. La superioridad de la política sobre todos los otros campos le confiere supremacía a quien conduce el Estado, el órgano político por excelencia. Si la política es todo, todo es poder.

Esta visión de gobierno igual a Estado sin división de poderes ni fiscales de esa división de poderes, como sería la prensa, es explícita y hasta se podría decir que es coherente en los países cuyo sistema político es de partido único. En China, en Cuba, en la ex Unión Soviética existen tribunales que fallan todos los días en pleitos entre particulares sin tener libertad para fallar contra el Estado con independencia. Pero el sistema de partido único ya no es una característica casi exclusiva de países donde gobierna un Partido Comunista, con las derivaciones que haya tenido, sino que es un fenómeno cada vez más creciente en países capitalistas.

En una entrevista publicada en la última edición de la revista Ñ, el filósofo Slavoj Zizek lo explica claramente: “Sólo Europa y un poco Estados Unidos se encuentran en crisis; América latina está progresando rápidamente; Africa subsahariana está progresando; Malasia, Polonia, China, Singapur, Taiwán, tienen un progreso explosivo. En todo el planeta, al capitalismo le está yendo mejor que nunca. ¿Pero qué es lo que está en crisis? El matrimonio interno entre el capitalismo y la democracia se está desintegrando. Lo que está apareciendo hoy es una gran nueva forma de capitalismo, pero que ya no necesita de la democracia en el sentido europeo. En China, los viejos comunistas totalitarios hoy parecen ser los mejores administradores del nuevo capitalismo. Si entráramos en un mundo que deje de ser ideológicamente europeo, entonces quizá tendríamos una sociedad mucho más autoritaria”.

Re-re.
La reforma judicial que lanzó la Presidenta castiga a la oposición y beneficia al partido oficial, que –al igual que todos– siempre considerará justa una injusticia favorable. Como no promovería un cambio así quien se viera fuera del Gobierno, la idea de que el kirchnerismo aspira a perpetuarse indefinidamente en el poder constituyendo una especie de sistema político de partido único parecería ser consistente con su búsqueda de reforma judicial.

Pero existen otros escenarios. Por ejemplo, que el kirchnerismo instale el tema por diferentes razones, aun sabiendo que aunque su reforma judicial sea aprobada por el Congreso nunca entrará en vigencia porque la Corte Suprema la declarará inconstitucional y, hasta que llegue a esa instancia, jueces y cámaras también la frenarán (ver página 2 de esta edición).

Y, como en el caso de la Ley de Medios, más que a su total aplicación y vigencia, que el kirchnerismo apueste a construir una épica de la lucha que –al mismo tiempo de mantener motivada a la tropa en el presente– sirva para justificar un eventual fracaso del modelo en el futuro y crear un mito que aumente las posibilidades de volver al gobierno si algún día tuviera que dejarlo.

“La función de una idea es sostener. No se trata de que se realice la idea. Lo importante primero es su existencia”, escribió Alain Badiou sobre otro tema.

Ahora, que haya sido obvio que un ataque al periodismo fuera la vanguardia de un ataque al sistema de división de poderes, y coherente con que finalmente desemboque en un ataque a la Justicia, no quita que los fundamentos filosóficos en los que el kirchnerismo apoya su consistencia sean falsos en el mismo sentido epistemológico que pretenden refutar.

Si todo es relativo, también debería ser relativo que todo es relativo.

El kirchnerismo se disfraza de posmoderno para derribar las certezas y las grandes verdades del modernismo, pero su pensamiento dogmático y asertivo es más antiguo que el que viene a combatir bajo la excusa de acusarlo de anacrónico. Lo contrario al pensamiento débil del filósofo italiano Gianni Vattimo, referente del posmodernismo, a quien la Presidenta recibió esta semana.



Jorge Fontevecchia