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Escándalos para todos

Por Javier Calvo | La Presidenta vuelve a la mira de la Justicia. Por qué el juez no allanó en Río Gallegos. Massismo y rebeldía.

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Foto:CEDOC.

Sí, es un escándalo, o debería escandalizarnos:

- Que la Presidenta de la Nación tenga la fortuna que tiene, siendo que ella y su fallecido marido se incorporaron a la función pública hace casi tres décadas. El más que oscuro entramado de negocios inmobiliarios y hoteleros con Lázaro Báez son apenas la punta de un iceberg que inquieta al Gobierno, como ya anticipó este diario hace varias semanas, no ayer.

- Que el Vicepresidente de la Nación se pasee orondo desde su departamento de Puerto Madero (donde viven demasiados ministros y funcionarios) al sillón principal del Senado sin rendir cuentas de sus procesamientos judiciales. Y hasta festeja.

Pero también nuestros ojos indignados deberían posarse sobre ciertos administradores de justicia. Nos encanta detenernos -justificadamente- en las actitudes y fallos impresentables de Norberto Oyarbide. Poco se dice en los ámbitos políticos y mediáticos donde se dice defender la República y las instituciones del juez Claudio Bonadio.

Acaso eso no suceda por sus antecedentes servilleteros y acomodaticios. Tampoco por sus múltiples pedidos de juicio político ante el Consejo de la Magistratura. Ni por ser uno de los jueces más revisado por los camaristas federales. Tampoco por sus vínculos con el massismo. No. Bonadio es un juez independiente e incuestionable por estos sectores simplemente porque tiene en la mira al Gobierno. Ya procesó a Boudou. Y va por Cristina.

Analicemos apenas el operativo Hotesur, la administradora de un hotel de CFK en Santa Cruz flojísima de papeles. Lanata revisita por TV el caso el domingo 9, donde muestra que la oficina porteña que da la empresa está vacía. Un hallazgo que la diputada opositora Margarita Stolbizer toma para hacer la denuncia al día siguiente en Comodoro Py. Recae en el juzgado de Bonadio, quien con una celeridad inusitada ordena un allanamiento diez días después, al mismo domicilio al que fueron las cámaras de Lanata. No halló nada, obvio.

Conocedores del pasilleo judicial interpretan que ese paso de Bonadio no fue en falso. Podría haber allanado las oficinas de Hotesur en Río Gallegos (sede legal de Máximo Kirchner, qué casualidad), si quería ir a fondo. Por eso lo leen como una advertencia: Bonadio quiere enviar el mensaje de que él puede meter presa a la Presidenta una vez que deje el poder. Juega con la peor pesadilla de CFK.

Y lo hace al mismo tiempo de que el Congreso da media sanción al proyecto oficial de reforma al Código Procesal Penal, por el que los fiscales ganan poder ante los magistrados. PERFIL ya ha revelado que un grupo nutrido de jueces federales se ha propuesto hacer lo necesario para intentar voltear ese cambio.

Hasta ahora, este diario había omitido dar los nombres de quienes integran esa cofradía en Comodoro Py, que incluye reuniones y almuerzos reservados. Bonadio es uno de los líderes. Pero no está solo.



jcalvo