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Escuché monos a tiempo

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El título de este artículo es la oración final de la última Carta Abierta que, es evidente, fue redactada por el candidato político Ricardo Forster, cuya vocación por la derrota sigue al fúlmine Filmus. Está escrito “escuchémonos a tiempo”, y con el derecho que me asiste al leer (e interpretar) todo el texto expuesto, intercalo un espacio luego del acento.

Un silencio como énfasis: escuché monos a tiempo. ¿A tiempo de qué? ¿Antes de perder los privilegios del intelectual rentado en varios frentes del Estado? ¿Antes de que llegue el 10 de diciembre de 2015, fecha del fin del mandato de CFK? ¿Antes de que todos los intendentes salten con garrocha para abandonar el modelo? ¿Antes de que los gobernadores entiendan que sin financiación deberán enfrentar el infierno chico anunciado en diciembre con los saqueos?

La deriva puede ser infinita, repasando cada uno de los flancos que la administración del Poder Ejecutivo abandonó a su suerte, que no es buena.

Esta carta es breve pero se articula sobre un fraseo extenso. Remite a la dificultad expresiva de una retórica panfletaria sin sustento ideológico. Apelando al nacionalismo, al patriotismo, que señala un agudo peligro en el verdadero causante de esta devaluación no deseada, ni querida, tan antipopular pero que no es obra de la política económica vigente, no; la imponen los grandes capitales, especuladores, rentistas, grupos o empresas, a través de un cepo financiero. Leo azorado que se llegó al borde de culpar a la “sinarquía internacional”, me pregunto cuánto falta, ¿será en la próxima carta?

El título de la esquela es “La patria está en peligro”. Pero tal aseveración revela su falsedad cuando reclama por la insuficiencia de divisas y que deben obtenerse a través del manejo estatal del comercio exterior. Vale decir, el Estado decidirá (planificará) qué se produce, cómo, a dónde se vende, a qué precio y en qué moneda (tipo de cambio) le pagará al exportador y/o productor. En sí, se está pidiendo por la maquinaria soviética fabricante de máquinas que hacen humo y ruido, cuya única utilidad es hacer humo y ruido.

La patria no está en peligro. La Chancha está en peligro. Se trata de La Chancha (no la loba de Roma) que amamanta a estos profesionales de la difusión propagandística del saqueo de las arcas porque la moneda emitida en la planta gráfica “nacionalizada” ya no tiene respaldo, y la espiral corrupta en sobreprecios de obra pública ha planteado la diferencia entre lo que está escrito y lo que falta (su constatación física) en lo real. Es la misma diferencia que existe entre el discurso de Capitanich (liquiden la soja así entran los dólares para La Chancha) y la conducta de sus hermanos que se niegan a vender la cosecha acumulada porque las condiciones comerciales no los benefician. Esto qué plantea: el país es capitalista y ninguna legislación obliga al ciudadano a perjudicarse económicamente. Salvo que... la patria esté en peligro y exista un estado de guerra. ¿Estamos en guerra? ¿Con quién? ¿Otra vez Malvinas? Escuché monos a tiempo.

“La patria está en peligro” fue un mensaje de la Asamblea Nacional Francesa en 1792, la convocatoria del alcalde de Móstoles (Madrid) ante la invasión francesa, apelación soviética por la invasión nazi, también una declaración del Partido Comunista Revolucionario (pro-chino) a mediados de 1975, en donde defendían a Isabel Perón dudando de la existencia de la Triple A (dixit: “Inventan el peligro del “lopezreguismo” para dividir a los peronistas.”). Es notable el nivel de delirio reencarnado en el comunicado abierto con aspiraciones heroicas. Apelar a la patria es el último recurso, el manotazo del ahogado o el artilugio ideal para acumular todo el poder. Con ambas intenciones estamos ante un giro fascista de El Modelo. Gracias por avisar, Forster. ¿Escuché un mono a tiempo? Ahora, la palabra “movilizatorio” no existe en nuestra lengua, pueden verificarlo en un diccionario.


*Escritor.



Omar Genovese