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España no quiere ser desahuciada

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Foto:CEDOC.

Las elecciones regionales españolas confirmaron que la grieta abierta entre la ciudadanía y los partidos tradicionales es profunda y persistente. La combinación de crisis y corrupción hizo que el castigo fuera mayor para la derecha gobernante: el Partido Popular. El triunfo de la activista antidesahucios –por el no pago de hipotecas– Ada Colau para la alcaldía de Barcelona y el ajustado segundo lugar de la ex jueza ya jubilada Manuela Carmena en Madrid –que llegará a la alcaldía con apoyo socialista–, cambia el mapa político bipartidista dibujado tras la transición de 1978 después de la muerte de Franco.

El caso de Podemos resulta particularmente significativo porque esta nueva izquierda surge –al igual que Syriza en Grecia– desde el sur de una Europa en el que el inconformismo frente a las “castas” político-empresariales, la austeridad, el poder de los bancos y el temor al futuro es captado por las extremas derechas. Constituido por un grupo de profesores de la Universidad Complutense, el éxito de Podemos –que en Madrid y Barcelona prefirió participar de iniciativas más amplias– está asociado al impacto de Pablo Iglesias (36 años), que captó que para hacer política en el siglo XXI hay que tener buena llegada a los medios y al papel de Iñigo Errejón, un joven de 32 años que lidera la renovación ideológica de este grupo que surgió de la izquierda radical y hoy apuesta a ocupar “la centralidad del tablero” político (no el centro, dicen).

Ambos hicieron diversas experiencias políticas en América Latina (Bolivia y Venezuela) donde al estar cerca experiencias de gobierno se deshicieron de ese espíritu testimonial que suele impregnar a la izquierda radical. La apuesta fue audaz: abandonar la retórica tradicional y plantear “en clave populista” que la contradicción principal no es entre izquierda y derecha sino entre el pueblo y la casta. Y que con los votos de la izquierda no alcanza para ganar. “¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?”, interpelaron al electorado en 2014 y metieron sorpresivamente cinco diputados en el Parlamento Europeo. Al mismo tiempo, su discurso fue girando hacia el de una socialdemocracia de izquierda que recupere los imaginarios de igualdad y cambio social.

El crecimiento de Podemos fue extremadamente rápido y lo que parecía una jugada de un grupo de profesores con ansias radicales se transformó en un serio desafío al sistema político. Pero el avance no está libre de obstáculos: el grupo Ciudadanos se constituyó en una suerte de “Podemos de la derecha” y también ofrece renovación y nuevas formas de hacer política. Por otro lado, aunque se debilitó, el Partido Socialista Obrero Español decreció pero no se desmoronó, lo que obligó a Podemos a flexibilizar la contradicción pueblo/casta a favor de la “derrota de la derecha” como meta número uno. Ello habilita pactos con los socialistas en varias regiones donde nadie obtuvo la mayoría absoluta pero la izquierda unida puede desplazar a la derecha.

Para el PSOE, pactar con Podemos implica reconocer a una fuerza que en un comienzo despreció y para Podemos abrirse a la gran negociación política con un partido que conoce los vericuetos del poder sin quedar entrampado en la “política politiquera”. A su vez, ahora Iglesias no tendrá todo el liderazgo, ya que Colau y Carmena se colocan en un lugar imposible de ignorar.

Estas experiencias, que comenzarán a escala municipal pueden servir para avanzar en un proceso real de reconstrucción de los imaginarios de cambio social de la izquierda europea, en un contexto de crisis del comunismo en Francia e Italia –sus dos bastiones– y de adaptación de la socialdemocracia a las exigencias del poder. Por lo pronto, estas difíciles elecciones regionales y municipales para un joven partido como Podemos lo catapultaron como el triunfador moral en un año de elecciones presidenciales. Iglesias, que le regaló Games of Thrones al rey Felipe, deberá mover varias piezas y decidir bien en los “instantes huidizos” –de los que hablaba Mussolini y que definen los éxitos y fracasos de la política en el terreno.

 

*Jefe de redacción de Nueva Sociedad.



Pablo Stefanoni