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Esta es mi historia

Hace mucho mucho tiempo había un gran poeta que yo admiraba.

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Hace mucho mucho tiempo había un gran poeta que yo admiraba. Y un día ese gran poeta volvió al país y lo conocí. Estuve en su casamiento y algunas veces anduvimos de un lado a otro junto a un grupo de amigos con los que estábamos empezando a leer y escribir poesía. Lo hacíamos como podíamos.

El poeta era una persona seria e infundía temor y respeto. Resulta que una tarde ese gran poeta me presentó a su editor y éste se convirtió en uno de mis grandes amigos y fuente de profunda inspiración. Mi editor había escrito algunos poemas pero nunca se jactaba de haberlo hecho. Y solía reírse siempre de sí mismo. Un día el gran poeta que nos presentó nos contó que se iba de Argentina porque “había encontrado un país para morir”. Nuestro editor en común le dijo: “A un país no se va a morir, se va a vivir”. Ahí me di cuenta de que el verdadero poeta era el editor y no el gran poeta. Que el poeta había escrito grandes poemas que estaban sólo en el papel, pero que nuestro editor era un poeta esencial, alguien que no necesitaba siquiera escribir. Sentí un profundo anhelo de llegar algún día a ser como él, de tener esa bendición.

Me acordé de este poema de Leonard Cohen que está en el Libro de los anhelos: “Entre los miles/ que son conocidos/ o quieren ser conocidos/ como poetas/ quizá uno o dos/ sean auténticos/ y el resto son impostores/ rondando por los recintos sagrados/ tratando de parecer genuinos./ No hace falta decir/ que yo soy de/ los impostores/ y ésta es mi historia”.