COLUMNISTAS MACRI Y PERON

Estatua viviente

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Con el discurso de la inauguración de la estatua de Perón, queda claro que Macri cree que la actividad sindical en la Argentina comenzó más o menos por 1945, como si el anarquismo, el Partido Socialista, la FORA, la USA o incluso la CGT no hubieran existido en las décadas anteriores. Es posible que Alejandro Corbacho esté preparando un nuevo escrito para corregir esa imprecisión, bastante común entre quienes no hayan tenido la chance o el interés de conocer sobre la historia del movimiento sindical en la Argentina. Ya lo hizo con la Presidenta de manera muy contundente, en relación a la ya abandonada teoría del nazismo y su vinculación como consecuencia del Tratado de Versalles. ¿Por qué no hacerlo de nuevo con otro error de un político?
El peronismo, en realidad, es un símbolo a disposición para ser resignificado a cada paso, algo que todos los declarantes herederos de su verdadera identidad, en todas sus interminables variedades, vienen haciendo desde su derrocamiento en 1955. Todos insisten en ser el original, cuando en realidad el peronismo, como tantas otras “palabras” o conceptos, es ejemplo de un mundo que puede jugar con el uso de símbolos, casi sin conexión real con algo que representen.
La utilización de una supuesta identidad peronista cobra forma nueva para cada portador que decida recurrir a su aparente valor simbólico. No requiere el “peronismo”, ni otros conceptos como la “libertad”, representar un estado real concreto de la realidad social que pueda ser claramente inteligible por quien lo describa. Es en realidad el juego que con esa palabra, repleta siempre de nuevos significados, pueda hacerse en la batalla política. No es lo que representa, es lo que sirve como herramienta de guerra discursiva.
El esfuerzo por encontrar su forma real no tiene sentido ni es posible, ya que se mueve por la misma utilización social. Como dice Foucault en un pasaje de Las Palabras y las Cosas: “Todo límite no es quizá sino un corte arbitrario en un conjunto indefinidamente móvil”. El peronismo es un movimiento, pero conceptual.
La operación social de la comunicación, que permite esta rotación y renovación de significados, tiene actividad propia y responde a lógicas sociales difíciles de manejar a voluntad.
Si bien cada espacio del peronismo reclama su real vinculación, nadie logra un concepto dominador. Uno se declara “el de verdad” y el de enfrente repite el ejercicio, de declararse también como el “real”. Cuando Macri hace el acto, ingresa a ser una parte más de esa complejidad. En lugar de hablar con un sujeto de voto concreto, pasa a sumarse a las múltiples definiciones.
Con la figura de Perón detrás de sus intenciones presidenciales, juega Macri a ejercer un contacto con los peronistas para que decidan votarlo, al mismo tiempo que termina su preparación para el coloquio de IDEA de este año; primero diciendo que no va a estatizar YPF y ahora hablando de las conquistas sociales del peronismo. Resulta que existe en él y en sus equipos, la extraña idea de que si usa tiempo en hablar bien del peronismo, los peronistas lo van a votar.
Así como el peronismo ha construido sus múltiples identidades, también ha marcado a quienes de ninguna manera podrían serlo en alguna de sus formas. Otra vez, los límites de quienes no lo son, se solapan con los de quienes sí lo serían, pero a casi todos los que batallan por la identidad peronista les resultaría complejo comprender este acto tardío de hospedaje del PRO casi sobre la elección. Justamente Macri gira, y le dice a Ritondo “y sin ser en realidad peronista, en el corazón respetando ese justicialismo, esa justicia social”, trata de jugar a que no importa ser una cosa u otra. De eso trata el llamado.
Macri juega en realidad con fuego con sus propios votantes, que lo buscan por ser lo contrario a ese acto. La desesperación por no perderse una histórica segunda vuelta hace que la apuesta sea mayúscula. Buscando peronistas, pone a disposición radicales y otras variedades políticas argentinas para ser recibidos por otras fuerzas. A muchos les gustaba más el Macri que jugaba al truco con los vecinos, pero ese partido ya se terminó.

*Sociólogo. Director de Ipsos Mora y Araujo.



Luis Costa