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Estela

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Foto:Cedoc Perfil

Lo que se vio el viernes durante la conferencia de prensa y presentación del nieto reaparecido de Estela de Carlotto, en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo, pudo haber sido el hecho de reparación por las atrocidades de la dictadura simbólicamente más importante después de las condenas a las juntas de comandantes de Alfonsín. Los kirchneristas siempre dieron enorme importancia al gesto de Néstor Kirchner de hacer bajar el cuadro de los comandantes del Ejército. Pero el valor terapéutico que tiene para toda la sociedad el triunfo concreto de torcer la voluntad de los represores por cortar un linaje es muy superior, además de moralmente más puro. La reescritura que Ignacio Hurban haga de su propia historia, sabiendo ahora su nueva filiación, resignificará el impulso que promovió el kirchnerismo en la búsqueda por verdad y justicia, mérito no empañado por el uso que hizo de esa causa noble para acusar y defenestrar injustamente a adversarios políticos.

La agresividad innata de los Kirchner siempre fue más afín a Hebe de Bonafini y Madres de Plaza de Mayo, institución que cooptaron y corrompieron destruyendo gran parte de su capital moral. No es casual que lo mismo nunca haya sucedido con igual gradación en Abuelas de Plaza de Mayo. Y las grandes diferencias que existen entre Estela de Carlotto y Hebe de Bonafini se vuelven a expresar hoy, con el silencio de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo frente a la aparición del nieto de Carlotto. Parece que todo el país está lleno de alegría menos Hebe de Bonafini, resaltando una vez más la diferente predisposición al mensaje de amor en una institución y al mensaje de odio en la otra.

En esta edición se reproduce el extenso reportaje a Estela de Carlotto hecho hace cinco años donde, marcando sus diferencias con Madres de Plaza Mayo, puntualizó: “Por ejemplo, ella dijo que ‘a los nietos no hay que buscarlos porque ya están contaminados, ya no se salvan’, cosa que es totalmente absurda”.

Ignacio Hurban, en la conferencia de prensa donde se lo presentó, lució tan ubicado, correcto, sensible, educado e íntegro, que no podría haber mejor ejemplo del error de Hebe de Bonafini.

Estela de Carlotto vino a salvar los pañuelos blancos (en ocasiones Abuelas también los ha usado) que personajes como Sergio Schoklender o la colaboración administrativa de Felisa Miceli contribuyeron a terminar de ensuciar.

Carlotto nunca incorporó la agresividad kirchnerista, y eso le permitió un reconocimiento transversal de toda la sociedad, aun de quienes odian al Gobierno. Por eso, la coronación con éxito de su larga lucha es socialmente más terapéutica. Porque reconcilia uniendo a todos detrás de un sentimiento de amor desbordante.

Incluso, que Ignacio Hurban defienda a su familia de crianza y que no haya detrás una historia doblemente triste, como ha venido siendo en la mayoría de los casos donde la familia de crianza fue la del propio apropiador, contribuye a potenciar la satisfacción general.

Probablemente el caso del nieto de Carlotto sea un ejemplo de una segunda fase de aparición de  nietos recuperados porque, por cuestiones forenses, judiciales y psicológicas, sería lógico suponer que primero deberían aparecer en mayor proporción los casos en que el apropiador continuó viviendo con el nieto recuperado.

Y que próximos nietos recuperados, como Ignacio Hurban, no quieran cambiar de nombre –en su caso, por Guido–, al revés de lo que sucedió en varios casos donde el apropiador y la familia de crianza coincidieron porque esos nietos recuperados no podían reconciliar su pasado con su nueva realidad. Ignacio Hurban, en su propia reconciliación, puede también contribuir a algún grado de reconciliación social.

En la conferencia de prensa mostró carácter y autonomía, sin dejarse arrastrar por los deseos de los demás. Esa misma autonomía es la que mostró Estela de Carlotto frente al kirchnerismo, con el que simpatizó sin medias tintas, pero eso no le impidió diferenciarse en varias cuestiones, y fundamentalmente en las formas. En el reportaje, en otra de las preguntas sobre sus diferencias con Bonafini, Estela responde: “La metodología es la ideología”.

Esta metodología diferente le permitió participar de varios eventos junto a PERFIL, en contra de la voluntad oficial. El último fue hace menos de un año, cuando ella misma entregó el Premio Perfil a la Inteligencia en el rubro Ciencia al doctor Víctor Penchaszadeh, coordinador del traslado del Banco Nacional de Datos Genéticos y actor principal en los índices genéticos de abuelidad. Varios años antes, cuando me tocó junto con Carlotto ser oradores en la Legislatura durante un homenaje a Robert Cox, se acercó Juan Cabandié a reclamar por qué participaba en un evento así alguien como yo, que criticaba a Hebe de Bonafini. Carlotto no le hizo caso, el mejor ejemplo es el extenso reportaje que le concedió luego a PERFIL.

Hace años escribí para una maestría en la Facultad de Filosofía un trabajo titulado “La importancia del nombre en la restitución de la identidad de los niños secuestrados durante la dictadura en Argentina”,  donde analizaba la sugerencia de nombres como Victoria, por ejemplo. Ojalá que Estela deje la suya de concordia y sensatez que tanto precisa la Argentina.



Jorge Fontevecchia