COLUMNISTAS

Estéril prepotencia

En consonancia con la línea oficialista, las recientes declaraciones de Axel Kicillof son más propias de un dirigente estudiantil universitario que de un ministro de Economía. 

No hay demasiado derecho a asombrarse ni sorprenderse del léxico utilizado por los dirigentes del actual gobierno. También es verdad que la presidente ha monopolizado, en estos largos años y en más de una oportunidad demostrado que ella no sólo concentra el poder político (o pretende hacerlo) sino que también se considera la única autorizada a utilizar un lenguaje pretendidamente descontracturado, supuestamente cercano a la gente, mientras que el resto de los ministros guardan un siempre obediente tercer o cuarto lugar para que nadie se entere que existan, o solo emiten comunicados son muy formales.

No es el caso de Axel Kicillof que desde sus años como militante universitario en la Facultad de Ciencias Económicas, no ha perdido su pasión por el exabrupto y el lenguaje militante, camorrero,  provocador; un lenguaje que no solamente no oculta una hiriente altanería, sino que, por el contrario, pretende paralizar con esa exasperada tendencia a la crispación que es, de alguna manera, la marca registrada de la propia presidente.

Este miércoles 20 de agosto le tocó a Kicillof ofrecer su versión de las cosas tras el extenso mensaje que anoche pronunció la presidente (a propósito, ¿no habrá algún colega, estudioso, o simplemente aficionado que tenga a bien contabilizar las “cadenas nacionales” que la presidente ha pronunciado desde que asumió el 10 de diciembre de 2007? Sería realmente interesante. Yo llegué a hacer el conteo hasta 2009 y lo publiqué en una columna, pero sería bueno poder hacerlo hasta el día de hoy, para determinar cuántas “cadenas” y cuántos horas y minutos ella ha hablado.). En el punto de Kicillof, lo que merece ser comentado son algunas de las frases provocativas y petulantes de este personaje que, muy a su pesar, no pierde el perfil de dirigente estudiantil universitario.

  1. La primera: “Los fondos buitres son tres gatos locos multimillonarios que les pagan a los políticos para que hablen bien de ellos. Tiene sus guaridas en paraísos fiscales y quieren convencer a todo el mundo que los malos de la película somos nosotros”.
  2. La segunda ya entra en el territorio de lo patético: “Estos fondos buitre son capaces de comprar la empresa ACME, la de los dibujitos de la tele, con las trampas, la dinamita y todo eso para inventar lo que sea para desprestigiarnos”.
  3. La tercera: “Los lobistas de los fondos buitre vinieron y se tuvieron que tomar el buque. ¿Qué tienen que venir a hacer esos mercenarios acá?”
  4. Después confesó, en un rapto de sinceridad: “No puedo hablar sobre qué vamos a hacer si no sale lo que proponemos hoy. Si sobre la marcha surge alguna novedad, iremos discutiendo”. Como se diría en el viaje lenguaje leguleyo, “a confesión de parte, relevo de pruebas”, o sea: que si la persona acusada confiesa haber cometido un crimen, en principio, no hay que acreditar pruebas.
  5. La otra: “Seguro van a tratar de acelerar los pagos de la deuda. Los estamos esperando”. ¿Quién dijo que lo estaban esperando al Principito? ¿No se llamaba Leopoldo Fortunato, que ya pasó a mejor vida? “Los estamos esperando…”. Palabras del dirigente estudiantil universitario Axel Kicillof.
  6. “En el 7 % que no entró al canje había buitres, parásitos y bacterias”.
  7. Luego, la frutilla que corona una rica torta de chocolate y crema: “Con tal de desacreditarnos, los buitres van a decir que somos negros”. Ahí le funcionó el inconsciente. Entonces, a continuación, quiso explicarse: “Lo digo cariñosamente”. Bueno, acá está, efectivamente, su verdadera personalidad. No es un blooper. Muy a menudo, hombres y mujeres con responsabilidades públicas –o incluso, sin tenerlas, sencillamente en la vida privada- suelen ver cómo de la boca les sale algo que no pensaban decir. Eso que fue llamado televisivamente “blooper” es, realmente, la voz del inconsciente, lo que está prohibido y en el momento menos pensado surge. Para Kicillof la idea de desacreditar una persona es decirle negro.
  8. Después intentó meterse con el idioma castellano. En ese caso, me quedo con su esposa, que es mucho más culta e interesante de ser leída en sus reseñas de libros para el suplemento ADN  de La Nación. Kicillof dijo: “Los fondos buitre rebotaron con sus pedidos de embargo acá, allá y acullá –pasión de Kicillof por la lengua castellana! – Tenemos voluntad indomable de pagar nuestros compromisos externos”.
  9. Y la última, que no deja de ser la más interesante, exhibe una petulancia sin límites, una omnipotencia que la realidad va a terminar disciplinando: “La bola de nieve que era la deuda hasta 2001 se derritió y se convirtió en una bolita, gracias a la reestructuración y el desendeudamiento”. ¡Qué capacidad para mentir! ¡Qué capacidad para inventar realidades con relatos insustentables!

La que ha sucedido es que, precisamente, la bola de nieve se ha convertido en una bola inmanejable, por eso la desesperación, el estado de alerta y el clima de emergencia del Gobierno. Pero, más allá de Kicillof y de su comentario racista, la sociedad civil comienza a articularse. El primero, una vez más, en pronunciar sin titubeos su veredicto de que apoyar con su bloque en el Congreso a esta ley, fue Mauricio Macri, el hombre que conduce PRO y es candidato a presidente. Del lado del Frente Renovador de Sergio Massa hay, por ahora, mucha incertidumbre, Darío Giustozzi dijo: “Vamos a evaluar en detalle, vamos a ver qué es lo que sucede”. Todo parece indicar que la Unión Cívica Radical, parte constitutiva central del Frente Amplio UNEN, ya estaría preparando su rechazo a esta iniciativa.

Una vez más, la Argentina está cortando clavos con los dientes, tarea no recomendable que implica, en definitiva, una gran dificultad para digerir. En lugar de admitir la gravedad de la situación y manejarse ponderada, razonable y serenamente, lo que está ejemplificando el ministro Axel Kicillof, como ya lo enseñó su jefa, la presidente Cristina Kirchner, es que ellos el único lenguaje por el que se inclinan es el de la prepotencia, la altanería y la soberbia. Son caminos que, por cierto, no llevan a ninguna solución verdadera y – sobre todo – perdurable.

(*) Emitido en Radio Mitre, el miércoles 20 de agosto de 2014. 



Pepe Eliaschev