COLUMNISTAS OPINION

Estilo Dylan

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A finales de la década del 60, Albert Grossman representaba a muchos de los artistas más populares en el panorama musical. Aparte de ser el mánager de Dylan, lo era de The Band, Electric Flag y Janis Joplin. Algunos de sus clientes vivían en Woodstock; otros eran visitantes habituales. Woodstock resultaba fácilmente accesible desde Nueva York por medio del autobús, y los hippies empezaron a llegar en tropel a la pequeña ciudad, concentrándose en los campos de la localidad, donde tocaban sus guitarras y tambores hasta altas horas de la madrugada, atraídos por la proximidad de sus héroes. (...)

En la localidad cundió la preocupación cuando un grupo de empresarios, operando bajo el nombre de Woodstock Ventures Inc., decidió organizar un festival de música que pretendía sacar partido de la fama de Woodstock. Se había desatado una fiebre por aquellos eventos musicales desde el éxito del festival pop de Monterrey, pues los festivales constituían una magnífica oportunidad para obtener enormes beneficios. Las prisas por sacar partido de aquel filón habían dado como resultado acontecimientos musicales mal organizados. Los habitantes de Woodstock habían leído alarmantes informes sobre la violencia, el abuso de drogas y el vandalismo que traían consigo aquellos festivales, como los celebrados poco antes en California y Colorado. En consecuencia, la feria de música y arte de Woodstock –más conocida como festival de Woodstock (“tres días de paz y amor”)– fue trasladada fuera de la ciudad hasta Wallkill, y luego más lejos, hasta la granja de Max Yasgur, cerca de Bethel. La granja de Yasgur se hallaba a casi cien kilómetros de Woodstock, pero aun así se seguiría llamando Woodstock Festival. El festival estaba tan alejado de Woodstock que el mismísimo jefe de la policía, Bill Waterous, admite que no sabía exactamente dónde estaba Bethel. Pese a todo, tuvo que vérselas con miles de hippies que llegaron a la localidad creyendo que el evento se celebraba allí. Se produjo un aumento importante del tráfico de drogas en la localidad, desde marihuana hasta heroína. “Todo el mundo hablaba de Haight-Ashbury, y nosotros nos preguntábamos: ¿De qué demonios se quejan? Las cosas están mucho peor aquí –sostiene Waterous–. Al cabo de un tiempo el lugar estaba tan desmandado que tuvimos que llamar a los de narcóticos”. Un día, mientras estaban pintando, Bruce Dorfman le preguntó a Bob si iba a tomar parte en el festival.
—No voy a ir —le respondió.
—Estarán todos esperándote. Esperan que vayas.
Bob respondió que las expectativas de la gente y la realidad no siempre coincidían.

Llevar una vida normal se estaba convirtiendo en algo poco menos que imposible y Bob estaba un poco resentido por ello. Había tenido que irse de Byrdcliffe por culpa de los fans. Por aquel entonces se habían producido incidentes en la Ohayo Mountain Road y habían llegado a forzar la entrada. “Ese festival de Woodstock… era la suma de toda esa mierda –se lamentó–. Y parecía tener algo que ver conmigo. Aquella Woodstock Nation y todo lo que representaba. Así que no podía respirar. No disponía de espacio para mí mismo y para mi familia”. Su imagen como representante de la corriente hippy no casaba bien con el nuevo estilo de vida de Bob, ni siquiera con su perspectiva cultural. Aunque podía ser rebelde, incluso anárquico, en su música, en aquella etapa de su vida personal Bob era un cabeza de familia tranquilo y respetuoso con la ley. En muchos aspectos, resultaba bastante convencional: era educado y hablaba con corrección, y esperaba que sus hijos hiciesen lo mismo; por lo que se sabe, era fiel a Sara, y no demostraba ningún tipo de conducta escandalosa ni llamativa propia de una estrella de rock. En casa de los Dylan no se consumían drogas ni se celebraban fiestas desenfrenadas. Era un buen vecino y tenía una relación excelente con la policía local. Su viejo amigo Wavy Gravy, que se había convertido en un icono hippy (fue el maestro de ceremonias en el festival de Woodstock), asegura que jamás vio a Bob como parte de aquel mundo de collares de cuentas, camisetas teñidas y varillas de incienso. (...)

Había otra buena razón para que Bob no actuase en Woodstock: tenía una oferta mejor. Dos jóvenes ingleses, Ray Foulk y su hermano Ron, querían organizar un festival en la isla de Wight, en la costa sur de Inglaterra. A diferencia del festival de Woodstock, en el que había una plétora de nombres importantes, ninguno de los cuales estaba bien pagado, los hermanos Foulk planeaban montar su festival en torno a una gran estrella que percibiría la parte del león en el tema de las ganancias. El socio de Grossman, Bert Block, de ITA, se encargó de la contratación (las relaciones entre Bob y Grossman estaban tan deterioradas para entonces que ya no podían tratar los asuntos directamente). Bob encabezaría el festival por cincuenta mil dólares más los gastos. El cantante quería actuar con The Band, que por entonces estaban de gira por Estados Unidos. Bob había aparecido como artista invitado en uno de sus conciertos en Edwardsville (Illinois) el 14 de julio. “Empezaba a sentirse inquieto”, dice Jonathan Taplin, el representante de gira de The Band. La tarifa para contratar a The Band era de unos veinte mil dólares adicionales. Se estipuló que habría otro artista de Grossman en el cartel, de modo que Richie Havens fue contratado por ocho mil dólares. Al persuadir a los hermanos Foulk para contratar a aquellos tres grupos, Grossman se estaba embolsando dieciséis mil dólares en concepto de comisiones. Aquel fue el último gran trato que Grossman hizo a costa de Bob antes de que su contrato de representación de siete años caducase el 19 de agosto de 1969. Ray Foulk accedió a pagar a la compañía productora de Bob, Ashes & Sand, la cifra de cincuenta mil dólares a cambio de que les asegurase que aquella sería la única aparición de Bob en un festival aquel verano. El pago de los cincuenta mil dólares tenía que efectuarse de una sola vez antes de que Bob abandonase Estados Unidos.

*Periodista. Fragmento del libro Bob Dylan, editorial Reservoir Books. 

Howard Sounes