COLUMNISTAS DERROCHE DE CAPITAL POLITICO

Estrategias fatales

Otra vez el Gobierno tensa la cuerda para testear la correlación de fuerzas, una jugada de alto riesgo.

Se van a la República, ELISA CARRIÓ.
Se van a la República, ELISA CARRIÓ. Foto:temes

No resulta sencillo evaluar los últimos días del Gobierno, dispuesto a tomar decisiones fuertes y de alto riesgo surgidas de un pequeño grupo de colaboradores y sin acuerdos políticos con los (enojados) socios de la alianza Cambiemos. La estrategia parece ser plantar los hechos consumados para luego identificar si tiene las correlaciones de fuerza favorables para imponer sus puntos de vista, transformando al país en un laboratorio político inestable.

Es ciertamente difícil definir determinadas políticas como simplemente errores que se pueden subsanar o retrotraer en el tiempo porque implica subestimar a un equipo de gobierno que tiene una cristalina visión de qué tipo de país prefiere generar.

Volver al mundo. El gobierno que conduce Mauricio Macri tiene claro su objetivo central: reubicar a la Argentina en los flujos del capitalismo mundial, lugar con el que el país rompió en el momento que  Adolfo Rodríguez Saá, presidente por siete días (23 al 30 de diciembre de 2001), declarara el default de la deuda pública en el pleno de la Asamblea Legislativa. Pero reconectar a un país periférico como Argentina en el mercado mundial no es una labor sencilla, ya que requiere una serie de tareas que no resultan de fácil cumplimiento para una sociedad compleja, politizada y bastante integrada al mundo en términos culturales.

Tres de las tareas prioritarias para encajar con un nuevo modelo es tener salarios bajos en dólares, un Estado medianamente pequeño con pocas injerencias en el mundo económico y finalmente bajos impuestos, o al menos inferiores a los países centrales. Un gran problema que enfrenta esta estrategia es crucial: la exportación que el país puede suministrar al planeta son los productos agrarios, donde Argentina juega en las ligas superiores con alta tecnificación y fuertes vínculos con el mercado mundial pero escasa generación de empleo y poca vocación (o necesidad) de transformar las materias primas en alimentos elaborados en el camino de convertirnos en el supermercado del mundo.  

Las manos libres. Cuando hacia finales de noviembre Mauricio Macri, presidente electo de los argentinos, constituye su gabinete, es en su opinión el “mejor equipo de los últimos cincuenta años”, no por sus capacidades y habilidades de lidiar con la gestión (y el aparato) estatal, sino porque como hombres formados en las empresas y universidades privadas de primer nivel conocen perfectamente cuáles son las necesidades y demandas del sector del que provienen.

Por otra parte, la escasa extensión territorial del PRO no le generaba las demandas provinciales o municipales –como hoy sí hace María Eugenia Vidal, lo que la coloca a la cabeza en imagen positiva de los políticos argentinos– y estos escasos compromisos le liberaron las manos para tomar una serie de medidas al principio de su gestión, casi como un gobierno técnico, como la quita de las retenciones o el arreglo fast-track con los fondos buitre, decisiones que un gobierno sciolista –monitoreado por Cristina Fernández de Kirchner– no hubiera podido concretar sin un gran costo.

Pero las políticas no se generan en el vacío, y menos en democracia, donde hay que ganar permanentemente elecciones y donde las encuestas también ejercen un escrutinio permanente. Sin embargo, los sondeos no muestran un quiebre de la imagen presidencial, sino que se detecta un lento descenso en forma de planeador, vinculado fundamentalmente a la capacidad de Macri de sostener su credibilidad en el tiempo. Es claro que el común de los argentinos desea que el gobierno de Cambiemos cumpla con sus objetivos, y le vaya bien, pero particularmente necesita que no haya crisis de gobernabilidad porque quedó tallado en el ADN nacional que situaciones como la de 2001 significan el hundimiento definitivo de parte de la sociedad, que hoy se expresa en una indigencia y pobreza estructural sin visos de cambios.

Disputas. Sin embargo, en la multiplicación de decisiones como la resolución bajo cuerda de la disputa entre el Estado nacional y Franco Macri por las deudas pendientes de este último al Estado por el extinto trato del Correo Argentino, se puso en juego todo el capital político del Presidente en una sola mano, juego altamente peligroso frente a una sociedad altamente sensibilizada por la exhibición obscena de los frutos de la corrupción como en los casos de Ricardo Jaime, Lázaro Báez o José López. Como un extraño destino dialéctico, las decenas de tapas de medios periodísticos que abundaron sobre estas cuestiones de la era kirchnerista ahora son un bumerán  que implica una tolerancia cero hacia situaciones que resulten al menos no muy transparentes. En este sentido, la conferencia de prensa que dio el Presidente el pasado día jueves será objeto (como esos partidos del mundial de fútbol) de múltiples análisis por las preguntas y respuestas generadas allí, además del extraño introito de Macri de sus orígenes empresarios, que no es sorpresa para nadie, pero que es una parte de la biografía que el Presidente en general prefería normalmente no transitar.

La pregunta sobre si el Presidente estaba al tanto o no de las negociaciones quedó flotando entre la ética y la normativa, para convertirse en una espada de Damocles, claramente innecesaria. Ni que hablar del cambio de la fórmula para el cálculo de los haberes jubilatorios, que llevó a la explosión pública de Elisa Carrió. Los jubilados y la franja etaria de mayor edad explican buena parte del triunfo de Macri en las elecciones de 2015, y no puede permitirse que semejante situación  (los inofensivos 20 pesos) le licue la base electoral. Hay convulsiones que se inician por menos.

Finalmente, debe tomarse nota de la situación generada por la paritaria de los bancarios, que quedó como tema subsidiario en el mar de acontecimientos. La no homologación del acuerdo inicial entre el sindicato y dos de las tres patronales en alrededor del 32% para cerrar en una cifra menor al 20% indica que el Gobierno va a sentarse arriba de los aumentos salariales, con el objetivo de cumplir con las metas de inflación de 2017.


*Sociólogo, analista político (@cfdeangelis)