COLUMNISTAS GOBIERNO Y SALUD

Estrés de fin de año

Macri padeció en su propio organismo estos doce meses de gestión. Pólipo, ley y renuncia.

¿A QUE NO SABEN QUE LES TRAJE...?
¿A QUE NO SABEN QUE LES TRAJE...? Foto:TEMES

No fueron ni los cuatro goles de Boca en el electrizante partido que le ganó a River, ni el festejo por la conmovedora victoria de Argentina contra Croacia en la final de la Copa Davis en el Zagreb Arena. La causa de la disfonía persistente que durante 15 días afectó a Mauricio Macri fue otra: un pólipo en una de sus cuerdas vocales. Es lo que diagnosticó con toda precisión el doctor Salvador Magaro, un prestigioso otorrinolaringólogo, a través de una laringoscopia que le practicó al Presidente.

Los pólipos en las cuerdas vocales constituyen una afección muy común que reconoce causas bien identificadas: mal uso de la voz, fatiga, mala higiene bucal, tabaquismo, reflujo gastroesofágico y estrés. Si hay algo que indudablemente ha padecido Macri en este 2016 es el estrés de su primer año de gestión, que en lo económico-social estuvo lejos de sus promesas electorales. Los rasgos de la cara del jefe de Estado son un fiel reflejo de los efectos nocivos de las tensiones que se viven en el centro del poder. Sus arrugas –sumadas a sus canas–, que le agregan varios años a su rostro, hablan por sí solas.

El pólipo del cual fue operado el Presidente estaba localizado en la parte posterior de la cuerda vocal izquierda. La operación se hizo en el consultorio del doctor Magaro y no se extendió por más de 15 minutos. Se utilizó rayo láser y el resultado fue satisfactorio. Macri se recuperó en forma inmediata. Lo habitual es que, después de una cirugía de este tipo, el paciente se dirija a su domicilio y haga reposo vocal al menos por 24 a 48 horas. Pero los presidentes nunca son pacientes fáciles. Anida en ellos un sentimiento de omnipotencia que hace difícil la tarea de sus médicos. Macri no escapó a ese estereotipo y, por lo tanto, una vez terminada la cirugía se dirigió a la Casa Rosada para participar del brindis de fin de año con los periodistas allí acreditados, ocasión en la que –aun cuando lo hizo en voz baja– habló.

Particular año para la salud de Macri: debutó con la fisura de una costilla, producida mientras jugaba con su hija Antonia; siguió con una fibrilación auricular a mediados de abril; luego fue la lesión en una de sus rodillas –ruptura de meniscos–, que obligó a operarlo por medio de una artroscopia; y finalmente este episodio en las cuerdas vocales. La fisura de la costilla y la ruptura de ligamentos fueron hechos meramente accidentales. La fibrilación y el pólipo, en cambio, son producto de las tensiones que genera el ejercicio del poder.

Afortunadamente, todo el engorroso asunto vinculado al impuesto a las ganancias en los salarios terminó bien para el Gobierno y para el país. El mal paso dado por el oficialismo en el proyecto sobre el mal llamado mínimo no imponible sobre los salarios puso en riesgo la gobernabilidad no sólo a nivel nacional, sino también provincial y municipal. Por fortuna, esto lo advirtieron casi todos los representantes del arco político. La excepción fue –cuándo no– el kirchnerismo. Este paso en falso del oficialismo avivó su interna y dio pie a muchas críticas y muchos pases de factura. En el centro de esas críticas estuvo el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay. “La soberbia es uno de los males que padecen muchos economistas; Alfonso es uno de ellos”, reconoce un hombre de Cambiemos con acceso a Macri. En verdad, querer culpar a Prat-Gay de haber sido el responsable exclusivo del envío del proyecto –amarrete– con la orden de estrechar filas internas y no negociar ni una coma no sería justo. El responsable final fue el Presidente. Nadie sabe qué le pasó como para abandonar su política de diálogo, que hasta aquí le ha dado tan buenos resultados.

Así como por este espinoso tema hubo hace 15 días zafarrancho dentro de Cambiemos, el nuevo escenario de acuerdo con el Frente Renovador y parte del peronismo produjo una tempestad al interior del Frente para la Victoria. Cristina Fernández de Kirchner presionó mucho por el proyecto fogoneado por Axel Kicillof. El Gobierno le debe un reconocimiento genuino al senador Miguel Angel Pichetto, quien, en su calidad de jefe del bloque, puso freno a la insistencia destemplada de la ex presidenta. La “fe de erratas” del ex ministro de Economía, que calculó mal el costo fiscal real de su proyecto, terminó de hundir la cruzada kirchnerista, que tenía un solo objetivo: complicarle la vida a Macri.

Iselagate. Las internas políticas, las ambiciones y la diferencia de criterios –en el mejor de los casos– se cobraron la primera baja en el elenco de Cambiemos: la presidenta de Aerolíneas Argentinas dio un paso al costado. Para ser exactos, la echaron. La línea de bandera había pasado de ser una compañía que gastaba US$ 2 millones diarios para operar a una que necesita menos de US$ 1 millón. En menos de un año redujo su déficit diario en un 50%. Una fuente que conoce las internas fue gráfica en la explicación: “Las cabezas políticas no la querían. Era demasiado prolija. La presionaban para bajar el déficit aun más de lo que había logrado para que aplicara una especie de política de shock. Mariano Recalde recibía US$ 1.000 millones por año. Ella se arregló con unos 420 millones, y encima para 2017 le anunciaron una baja del subsidio de 300 millones a 150. Sería muy difícil mantenerla operativa. La pusieron al límite”.

Quintana, Lopetegui y Marcos Peña avalaron los ajustes, y el ministro de Transporte Guillermo Dietrich hizo lo suyo. Isela nunca vio con buenos ojos que un ex LAN participara de todas las reuniones y logró correr a Lopetegui, que de todas formas siguió operando en las sombras. “Lopetegui pedía cerrar rutas para abaratar costos y ella las recuperaba y las hacía rentables (Nueva York, Madrid, etc.). El ex LAN, el propio Peña y Quintana se asombraban de la ausencia de conflictos gremiales, salvo por el fogoneado en paritarias. ¿Los beneficiaba una empresa ordenada y competitiva, o les molestaba para sus futuras políticas aerocomerciales?, se pregunta un hombre que conoce el negocio y lleva años en la empresa.

Aquí entran las especulaciones –de buen asidero– acerca del ingreso de las aerolíneas low cost. Si, como todos aseguran, Costantini estaba haciendo bien su trabajo, ¿por qué no esperaron un año más, hasta que terminara de sanear la empresa, para hacer ingresar al negocio nuevos competidores? Según fuentes que conocieron al detalle el contenido de las últimas discusiones, el episodio final con Dietrich giró en torno a este tema. El ministro le habría pedido a la CEO que no fuera a la audiencia pública por el ingreso de las low cost a defender a la empresa de bandera para no interferir en los planes del Gobierno.

El trasfondo: Aerolíneas Argentinas, débil, liberaría el camino a la rentabilidad de otras empresas. Incluidas las que se vincularon a la familia Macri: MC Air, que fue vendida a Avianca, postulante para ingresar. Una vez derramada la leche, una luz de alarma se encendió entre los empresarios del riñón PRO: muchos CEO llamaron por lo bajo a Costantini para expresarle su solidaridad. Los mismos que hoy se preguntan: ¿así nos van a tratar?


Producción periodística: Santiago Serra.