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Estructuras y pasiones

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Frédéric Lordon es uno de los economistas franceses “heterodoxos” más notorios, director de investigación del CNRS (el Conicet francés, para decirlo rápidamente) y del Centro de Sociología Europea, y miembro de un colectivo denominado “Los economistas aterrados”. Es muy mediático, pero lo hace bien, sin demagogia ni inflación del ego. Acaba de publicar un nuevo libro, La société des affects, La sociedad de los afectos. El propio Lordon hace referencia al hecho de que en Europa la cuestión de los afectos, las emociones, las pasiones, parece estar de moda en el campo de las ciencias sociales. El subtítulo de su libro es nada menos que ‘Para un estructuralismo de las pasiones’, expresión que a muchos les parecerá no sólo sorprendente viniendo de un economista, sino también paradójica, ya que el estructuralismo histórico fundó su teoría en el análisis de las operaciones intelectuales, dejando fuera de foco los procesos afectivos y las emociones.
“Hay estructuras y en las estructuras hay hombres apasionados; en primera instancia los hombres se mueven por sus pasiones, en último análisis sus pasiones están largamente determinadas por las estructuras” (subrayado del autor). Esta frase expresa bastante bien lo que Lordon entiende por estructuralismo de las pasiones, aunque su posición teórica esté muy lejos de haber resuelto todos los problemas que plantea. Las sociedades contemporáneas articulan los ‘regímenes de acumulación’ (capitalista) con los ‘regímenes de deseo’ de los individuos. “Los individuos sólo se comportan como las estructuras los determinan a comportarse; pero también sólo tienen tal comportamiento por haber deseado comportarse de esa manera”. ¿Cómo estas dos dimensiones pueden llegar a desarticularse, a entrar en tensión? “Hay necesariamente crisis – dice Lordon – porque las relaciones sociales capitalistas son intrínsecamente contradictorias, y porque las instituciones sólo pueden acomodar esas contradicciones de manera temporaria”. Aquí el autor echa mano de la profecía auto-realizante: “Por una tautología creadora que es propia del mundo social, hay (plenamente) crisis cuando, a partir de un afecto económico dado, se forma la idea-afecto mayoritaria de que hay crisis (…) es decir, cuando esta idea-afecto marca un punto intolerable y que, más allá del habitual ‘es la crisis’, que puede ocupar las mentes sin consecuencias ducrante decenios, introduce movimientos reactivos de los cuerpos, movimientos políticos, lo bastante poderosos como para conducir a una transformación significativa de las formas institucionales, de lo que resultará la emergencia de un nuevo régimen de acumulación”. Por lo tanto, sólo se conoce la crisis a posteriori, cuando ha tenido lugar, porque “ella es precisamente un pasaje al acto”, concluye Lordon. Su teoría, fuertemente determinista, deja aquí un espacio abierto de incertidumbre, porque es imposible predecir el conjunto de condiciones bajo las cuales tal pasaje al acto llegará a producirse. Cabe subrayar que para Lordon el único soporte de las pasiones es el individuo: una sociedad no tiene deseos, ni emociones, ni afectos.
Un tema central de la articulación entre ‘regímenes de acumulación’ y ‘regímenes de deseo’ es la paradoja de la servidumbre voluntaria: la dominación objetiva llega a ser subjetivamente vivida como condición afortunada. Esta paradoja fue particularmente activa durante el siglo XX, en el régimen de acumulación asociado a la “sociedad de consumo”. El asalariado dominado puede estar muy contento, y a veces hasta pensar que vive en el mejor de los mundos. ¿Cómo se explica esto? La respuesta de Lordon me parece correcta, aunque sea apenas una respuesta de principio: “No basta decir (a propósito de la dominación salarial, por ejemplo) que hay la verdad objetiva de la explotación y las verdades subjetivas de un trabajo feliz; es necesario indicar también los mecanismos objetivos de formación de las verdades subjetivas. Hay (…) dos verdades objetivas: la verdad objetiva de la relación salarial y la verdad objetiva de la producción de las verdades subjetivas que la acompañan”.
El libro invita polémicamente a retomar muchos otros temas. Por ejemplo, la distinción entre crisis en el capitalismo y crisis del capitalismo. Por ejemplo, que las opiniones que recogemos en las encuestas reenvían a configuraciones de afectos (el problema está implícito en la noción de idea-afecto que usa Lordon) y que no tenemos ninguna buena teoría al respecto.
 Sea como fuere, no me pareció un mal momento para recordar que la razón política comporta una profunda dinámica pasional.   

*Profesor emérito Universidad de San Andrés.



Eliseo Veron