COLUMNISTAS EMMANUEL MACRON

Europa soy yo

En el libro El alba la tarde la noche, la dramaturga Yasmina Reza siguió los pasos de la campaña de Nicolas Sarkozy que le llevó al Palacio del Elíseo.

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En el libro El alba la tarde la noche, la dramaturga Yasmina Reza siguió los pasos de la campaña de Nicolas Sarkozy que le llevó al Palacio del Elíseo. Allí se perfiló la figura de un presidente que era algo más que la imagen fatua e incluso frívola que traslucían los medios y, claro está, sus propios gestos banales.

Si Reza ofreció en su texto un perfil revelador de Sarkozy, se echa en falta su mirada sobre Emmanuel Macron, cuya figura denota un fuerte contenido intelectual y una historia sentimental rica en matices.

La corrección política de Macron frente a sus antecesores, el propio Sarkozy y François Hollande –quien tampoco se privó de explotar un relato íntimo desde el Elíseo–, roza lo exquisito y los spin doctors a su servicio no han dejado de explotar el rancio y crepuscular guión de normas conservadoras. Su relación con Brigitte Trogneux, una profesora de literatura mucho mayor que él, tanto que Macron la conoció siendo su alumno, ha sido catalogada como “gerontofilia”: “un presidente de 39 años casado con una sexagenaria”. Se ha llegado a recurrir a tópicos populares del psicoanálisis para dibujar a un personaje débil, que vive bajo el influjo de una “madre”. En el colmo ya del disparate se habló durante la campaña de “homosexualidad” para cuestionar su elección sentimental.

Todas estas cuestiones quitaron hierro a los progresistas a la hora de evitar con su voto el ascenso de Marine Le Pen. Pero de todos modos, el verdadero rasgo diferencial de Macron lo ha descrito con bastante claridad Jürgen Habermas: el presidente francés ha sido el primero en cruzar la línea trazada en 1789, “ha roto la consolidada configuración de los dos campos políticos de la izquierda y la derecha”.

¿Es Macron la más refinada expresión del neoliberalismo progresista? La semana pasada, en el palacio de Versalles, durante una hora y media, le explicó a Francia su hoja de ruta. Se trata de reformar el Estado en un momento crítico del país, “un estado de emergencia que es tanto económico y social como de seguridad”. Días antes, en una entrevista a varios periódicos europeos, puso por delante la seguridad y la defensa de Europa antes que cualquier otra cuestión y su visión de los refugiados, por ejemplo, se limita al control de las fronteras que, una vez quitados los eufemismos de su relato, se diría menos compasivo que el de Angela Merkel. En su ambición –y con la capacidad que le da una amplia mayoría parlamentaria– no busca otra cosa que recortar sin miramientos las pensiones, bajar los salarios, reducir al mínimo el número de funcionarios e imponer una reforma laboral extrema.

Macron mira a Alemania y le pide solidaridad y comprensión para crear una Europa que vaya más allá de ser “un simple supermercado para convertirse en un destino común”. Pero la vez, pretende “una Europa que nos proteja, dotándonos de una verdadera defensa y seguridad común”. Y agrega, señalando a Merkel con admiración: “en los próximos años, Alemania va a gastar en defensa más que Francia. ¿Quién lo hubiera creído?”.

Solo le falta agregar: make Europe great again.

En su libro, Yasmina Reza recoge una confesión de Sarkozy: “Soñaba con tener un partido y lo tengo, soñaba con cargos ministeriales y los he tenido, soñaba con estar aquí y ya estoy. Pero no tengo emoción. Es durísimo. Ya estamos en la presidencia. Ya no estoy antes”.

Macron no sufre este problema porque él aún tiene un sueño. Lo sugiere cuando pide volver a la Europa de Helmut Kohl y François Mitterrand, y lo ve cristalizado en su figura y la de la canciller Merkel. Aspira a ocupar el espacio simbólico de Mitterrand: quiere ser Dieu. Olvida que Mitterrand antes de morir declaró su condición de último político francés con un mínimo de margen ante el poder financiero; esto se acaba aquí, sugirió. En este sentido, Macron, tal como aspiraba Sarkozy, cree aún estar “antes” de Mitterrand, pero como mucho puede llegar a ser solo el Diable.


* Periodista y escritor.