COLUMNISTAS EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Evitar los atajos

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Argentina tiene dificultades económicas evidentes y necesidad de generar condiciones para mejorar su situación social. Así como existen desequilibrios externos y fiscales, estancamiento de actividad y empleo, y los propios indicadores de 2014 son la expresión de problemas acumulados por años, es también cierto que existen condiciones objetivas, activos del país, que permiten visualizar caminos de mejora de la situación en todos los frentes.

Ciertos análisis ven atajos para permitir disminuir las restricciones externas y los desequilibrios existentes, sosteniendo la importancia del ingreso de dólares por endeudamiento, por el ingreso futuro de capitales más especulativos o por el impacto de recursos energéticos como Vaca Muerta.

La volatilidad y la incertidumbre del precio del petróleo permiten relativizar las proyecciones abrumadoras de ingresos de dólares por Vaca Muerta.
Esta realidad ayuda a valorizar la dimensión de recursos productivos tradicionales de la Argentina.

Nuestro país tiene un enorme potencial agropecuario en el conjunto de sus cadenas de valor: existe capacidad emprendedora, inversiones realizadas, tecnología nacional con liderazgo de la maquinaria agrícola y, obviamente, recursos naturales extraordinarios.

El sector tiene un impacto en el nivel de actividad y empleo sumamente importante: significa el 60% de exportaciones, el 45% de los recursos tributarios consolidados, hay producción en todas nuestras provincias y existen más de 276 mil establecimientos familiares.

Asimismo, dispone de una rápida capacidad de expansión y se puede potenciar con sustentabilidad si se aplican las herramientas necesarias para garantizarla: cobertura de suelos, rotación de cultivos, fertilización estratégica, monitoreo y control de plagas, malezas y enfermedades, uso responsable de fitosanitarios.

En el contexto internacional actual, Argentina puede incrementar su producción de granos y derivados con creciente valor –de carne bovina, porcina y aviar–, ampliar los niveles de oferta lechera y desarrollar las producciones regionales del sector agropecuario.

También el sector industrial puede ampliar su capacidad para el mercado interno y en materia de exportaciones. Más allá de las dificultades que cada uno de ellos tiene en el presente, es evidente que hay un potencial amplio en un tejido diversificado que abre oportunidades de inversiones en el mercado local y de incremento de exportaciones.

Hay rubros con fuerte capacidad innovativa, con alto contenido tecnológico, que tienen extraordinarias oportunidades de crecer significativamente. Así, áreas como la nanotecnología, la biotecnología, ramas del soft, los desarrollos de la industria farmacéutica, segmentos de la fabricación de bienes de capital, sólo por poner ejemplos, son la muestra de realidades concretas.

Son áreas donde es central el rol del Estado para promover, financiar y apoyar proyectos, donde los derechos de propiedad intelectual deben garantizar la inversión y la innovación en el país, propiciando el desarrollo de la industria nacional, y donde la articulación público-privada genera la competitividad necesaria para sectores de punta en la competencia internacional.

Al mismo tiempo, es obvio que nuestro país tiene sectores con extraordinarias ventajas naturales, como la agro-industria, donde su potencial lo pone en el primer plano a nivel mundial, y el marco de previsibilidad y consistencia de las reglas de juego tienen una enorme capacidad de expansión.
También hay un enorme potencial en rubros productores de insumos, de alta escala, capital intensivos, que permiten generar exportaciones y sustitución de importaciones crecientes.

Es central reivindicar la importancia de los sectores mano de obra intensivos, caracterizados por la fuerte presencia de pymes, cuya viabilidad se ha discutido incluso durante las épocas de desindustrialización del país.

La posibilidad de que la Argentina sea un país integrado regionalmente, con altos niveles de empleo, con acceso laboral de los diversos segmentos de la sociedad, con rápida calificación y remuneraciones importantes depende del desarrollo masivo de estos sectores. El rol de las pequeñas y medianas empresas, de las ramas con alto valor agregado y que son intensivas en la creación de empleo debe ser política de Estado. La especialización es un concepto válido, pero debe entenderse como un principio que rige virtuosamente cuando es intrarrama. Es decir, hay segmentos de producción que al interior de cada rama industrial se podrán importar, transitoria o permanentemente, conviviendo con ramas que globalmente se desarrollan y se expanden. El Estado debe resguardar y acompañar a estos sectores a partir de entender su importancia social y federal.

Finalmente, el enorme potencial del sector minero, de proyectos ya en curso y con sustentabilidad local, que requieren reglas elementales en materia de importación de equipos, transferencia de divisas, competitividad y ordenamiento de las políticas del sector, incluyendo mayor integración local.
En el plano del empleo y el nivel de actividad en todo el país, es extraordinario el potencial que tenemos en el desarrollo de la industria de la construcción. El sector se ha visto perjudicado por el cepo, la incertidumbre cambiaria y problemas para el acceso al financiamiento hipotecario tradicional.

Más allá de resultados de programas de financiamiento existentes, debería avanzarse en una agresiva política de créditos hipotecarios para primera vivienda nueva. ¿Qué sentido tiene otorgar préstamos del Bicentenario a grandes empresas o multinacionales, a tasas tan bajas que implican un mecanismo de licuación de deuda, cuando podría destinarse para créditos para la primera vivienda?

En un marco de estabilidad cambiaria, certidumbre macroeconómica, acceso al crédito hipotecario, exenciones impositivas para las viviendas nuevas, existe un horizonte muy positivo para el sector. En nuestro país hay necesidad habitacional y al mismo tiempo propensión a ahorrar en propiedades, en un mercado que se ha desarrollado con un muy bajo nivel de endeudamiento.

Tenemos problemas, existen recursos para revertirlos, se trata de adoptar políticas eficaces para que el potencial se transforme en realidad. No hay que simplificar la solución de los problemas con reduccionismos. El camino más sólido, sustentable, es revalorizar nuestra propia riqueza productiva y, en todo caso, potenciarla con la posibilidad de una política energética eficaz, ineludible para sostener el crecimiento y los equilibrios macroeconómicos.

*Ex secretario de Industria y Pymes y ex ministro de Economía y Producción. Integrante de los equipos técnicos de Sergio Massa.



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