COLUMNISTAS UN AñO, MUCHOS MACRI

Exceso de optimismo que se pagó caro

¿Hizo bien Macri en proponerle a la ciudadanía la idea de que se podía salir de la trampa en que nos metiera el kirchnerismo sin mayores costos ni dificultades?

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¿Hizo bien Macri en proponerle a la ciudadanía la idea de que se podía salir de la trampa en que nos metiera el kirchnerismo sin mayores costos ni dificultades? Probablemente sí, porque era el único mensaje con que tenía chances de ganar la elección.

Macri en 2015, igual que Alfonsín en 1983, si hubieran sido más realistas y prometido sangre, sudor y lágrimas, de seguro perdían. Y nos hubiéramos tenido que comer a Luder entonces y ahora a Scioli. Con quienes además de sangre, sudor y lágrimas hubiéramos tenido Venezuela, desorden y delirios garantizando que los costos que pagáramos como sociedad fueran no sólo mucho mayores, sino inútiles.

El problema no fue cómo ganó Macri, con qué mensaje, sino que creyera que con esas mismas ideas, y con la misma gente que lo ayudó a transmitirlas, más algunos pocos agregados, alcanzaba para poder gobernar.

Así fue como convirtió el optimismo de la voluntad en el corazón de su estrategia de llegada al poder, y actuó creyéndose en serio que, aunque se devaluara, la inflación no iba a subir, que, aunque sincerara las tarifas de servicios públicos, el consumo no se iba a resentir, que la obra pública repuntaría, aunque se introdujeran más controles para evitar la corrupción, y que los empresarios invertirían, aunque les subieran los costos y las tasas de interés, bajaran las ventas y encima la estrategia gradualista no despejara la incertidumbre respecto de cuándo iba a terminar la transición.

De allí que a los pocos meses de empezar su gestión el Presidente tuviera que comenzar a dar explicaciones sobre por qué no se hacían realidad sus esperanzados pronósticos

iniciales: que el segundo semestre, que los brotes verdes, toda esa pérdida de tiempo y de saliva. Cuando en verdad era desde un comienzo imposible que se verificaran los buenos augurios. Porque no sólo era alta la inflación recibida, sino que era aun mayor la inflación reprimida y escondida,

con cepos y distorsiones de precios que inevitablemente había que desatar. Y lo mismo sucedía con el nivel de actividad, con el endeudamiento, con la balanza comercial, con los stocks y la capacidad ociosa de las empresas, etc.

El gobierno de Macri fue, de todos modos, en la práctica, mucho más eficaz en desatar esos nudos gordianos de lo que se podía esperar, y logró al hacerlo dos grandes avances, tal vez menos visibles y más difíciles de vender como éxitos públicos, pero muy importantes para nuestro futuro: evitó una crisis potencialmente

muy destructiva, y restableció instituciones básicas para la economía y la gestión de gobierno; como reglas básicas de los mercados cambiario, financiero y del comercio, las estadísticas oficiales, la ley de presupuesto, etc. Todas instituciones que es fácil destruir y cuesta bastante más reconstruir.

¿Por qué a Macri le resultó mucho más fácil avanzar con estos objetivos políticos e institucionales que con sus metas económicas? En primer lugar porque la bomba de tiempo económica que dejaron Cristina y Kicillof funcionó a la perfección, en cambio

la estrategia política del kirchnerismo, la polarización y la resistencia fue un desastre, proveyéndole al Gobierno de aliados diversos y bien dispuestos entre una manada de peronistas de pronto “moderados”. También porque el equipo político del oficialismo, con los líderes parlamentarios a la cabeza, funcionó bastante mejor que su disperso, heterogéneo y mal coordinado equipo económico. Y por último porque como casi siempre sucede la política cambia más rápido que la economía. Para que los comportamientos de los actores económicos se adapten a nuevas reglas de juego se precisan paciencia y persistencia.

De allí que probablemente sea buena idea que Macri desoiga las recomendaciones de los más críticos y ansiosos de su equipo, y no haga cambios de gabinete ni aplique grandes giros en sus políticas.

No porque no se hayan cometido errores, algunos bastante serios, sino porque aun si se los hubiera evitado, la situación no hubiera sido muy distinta. Igual las cosas tenían que empeorar para después empezar a mejorar.


*Politólogo.


MARCOS NOVARO


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