COLUMNISTAS

Expectativas problemáticas

Un análisis del emergente Frente Amplio UNEN. 

Casi tres lustros después de que apresurados teóricos dijeran que el sistema de partidos políticos estaba obsoleto y era esencialmente impotente e incapaz de representar los intereses y las aspiraciones de la sociedad, la Argentina se sigue debatiendo, una vez más, un problema que no ofrece, por ahora, una rápida solución. La Argentina es un país sub-representado. Podría decirse, en todo caso, como atenuante, que la representación formal que hoy está en vigencia, la que estipula la Constitución Nacional, se cumple a grandes trazos, pero no termina de generar satisfacción ni eficiencia civil.

No faltará quien diga -con razón- que en muchos otros países del mundo la problemática es parecida. Incluso en experiencias exitosas (para no ir muy lejos, la que ha vivido Perú en los últimos 15 años), la economía se ha desarrollado virtuosamente, pero la política sigue estando muy por debajo de lo que esa economía ha conseguido. Marcaba recientemente el semanario británico The Economist, la innegable y formidable evolución que ha tenido la economía peruana, más allá que en muchos sectores se advierten síntomas de corrupción estructural, pero lo que complica y torna el panorama mucho menos optimista. Al mencionar a Perú, la revista sostiene que la política de esa nación sudamericana no está a la altura de las necesidades de representación de la sociedad, y en consecuencia, cuando el ciclo positivo de la economía termine, la política quizás no pueda manejar eficazmente la crisis. Esto pasó con la Argentina en 2001: la política no encontró una solución y el país colapsó.

La presentación del Frente Amplio Unen este martes 22 de abril viene a poner negro sobre blanco, en el primerísimo nivel de la agenda social, la cuestión de la alternancia. ¿La Argentina va a ser una sociedad resignada a ser gobernada eternamente, de manera vitalicia, por los diferentes tipos de peronismo? Para que esto no suceda y aparezca la posibilidad verdadera y fehaciente de una alternancia, ¿qué debería suceder?

La perpetuación del peronismo (o de “los” peronismos) es un dato estructural de la Argentina, desde hace ya muchos años. Las elecciones de 2003 que de una manera impensada llevaron a la Casa Rosada a Néstor Kirchner, fueron, de hecho, una interna abierta, porque el peronismo fue con tres candidatos, y Néstor Kirchner, que llegó segundo, sacó menos del 23%, mientras que el que más votos tuvo fue Carlos Menem en primera y única vuelta, que luego renuncio al ballotage, habiendo obtenido inicialmente el 25%. Fue la expresión de una desesperación, un fracaso político, una impotencia estructural: un país que no logró configurar formaciones políticas con personalidad, perfil e integridad. Todo lo contrario de lo que sucede con el Frente Amplio del Uruguay, al que tanto y con tanta ignorancia se menciona en Argentina.

El Frente Amplio uruguayo se fundó en 1971, y no en 1980, como se dijo hoy en algún medio gráfico. Vale decir que se acerca rápidamente al medio siglo de vida. Transitó el desierto y la penuria hasta llegar a la posibilidad de que Tabaré Vázquez fuera el primer presidente frenteamplista, o sea no integrante de los partidos tradicionales del Uruguay.

El caso argentino es muy diferente, no solo porque el Frente Amplio Unen es una configuración flamante, recién aparecida, sino porque en su integración se advierte la presencia de fuerzas políticas que de ninguna manera pueden equipararse con los Tupamaros, los comunistas o los socialistas uruguayos. El Frente Amplio es positivamente una coalición de izquierda y centro izquierda, denominación que no parece caberle íntegramente al Frente Amplio Unen.

Pero más allá de estas preocupaciones que pudieran parecer ideológicas o irrelevantes para muchos, lo que me parece oportuno subrayar es el problema de la representatividad. El hecho de que el principal rival político en el horizonte del kirchnerismo sea Sergio Massa y su llamado Frente “Renovador”, es muy sintomático de una esterilización de las potencialidades de la política para cambiar un país. Porque el caso Massa, más allá de las perspectivas que pueda tener, aparentemente grandes, revela que los principales enemigos de los gobiernos peronistas provienen siempre desde el interior del peronismo.Por eso, el surgimiento del Frente Amplio Unen enciende, como mínimo, una débil luz de esperanza y una expectativa promisoria en lo referente a darle a la gente alternativas y posibilidades.

La insistencia de la formidable máquina mediática del Gobierno en querer comparar al Frente Amplio Unen con la Alianza de 1999-2001 es comprensible. Lo curioso es queeste kirchnerismo jamás parece hacerse cargo de que la casi totalidad de la pata frepasista en la Alianza se pasó con armas y bagajes al kirchnerismo cuando vino la intemperie de 2002. Ahí siguen todavía: embajadores, ministros, asesores y legisladores que fueron pasando a lo largo de los años bajo los diferentes soles que los alumbraban.

Por eso, recordar el fin de la Alianza, es para ellos algo gratuito, como si no tuviesen nada que ver. Convendría recordarles que Alianza fueron también ellos: Alianza fue Débora Giorgi, por ejemplo, ministra de la presidente Cristina Kirchner, y muchos más cuyos nombres me privaré ahora– por una cuestión de buen gusto – de pronunciar. Muchos de ellos permanecen hoy día abroquelados en el servicio exterior, cuyas remuneraciones son en dólares, y cuyo paradigma es sin dudas Carlos “Chacho” Álvarez, exiliado en Montevideo hace largos años, como representante “ñoqui” del kirchnerismo, hombre que abandonó la vicepresidencia de la Nación y a todos sus compañeros y compañeras en 2000.

La emergencia del Frente Amplio Unen es, en todo caso, una apuesta atendible, pero que por ahora dista mucho de ser una realidad. El ejemplo uruguayo, como el ejemplo chileno con la Concertación Democrática, revelan que este tipo de construcciones políticas requieren de años y de paciencia.Para 2015 y después, el Frente Amplio Unen deberá haber configurado una personalidad muy definida, aunque le toque perder; si no, deberá asumir que si el gran peligro, la opción más negativa, fuese la perpetuación del kirchnerismo, lo oportuno sería coaligarse con fuerzas muy diversas para asegurar un cambio y una alternancia.

Debe ser 2015 el año de algún tipo de alternancia verdadera, porque si la salida del kirchnerismo la van a protagonizar con quienes condujeron al país durante estos 11 últimos años, me parece que no es salida, sino repetición de lo mismo.

 

(*) Emitido en Radio Mitre, el 23 de abril de 2014. 



Pepe Eliaschev