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Expectativas sin referencias

El caso Nisman, la FIFA y los vaivenes bursátiles ante una posible alianza opositora están marcados por cómo fue su comunicación.

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Foto:Pablo Temes

Se sostiene que la suba de casi el 7% del Merval, el martes de esta semana, fue efecto de un rumor: el de la posibilidad de acuerdo entre Macri y Massa. (Una semana antes se adujo que su repentina baja de entonces había obedecido a la interpretación que “el mercado” hizo de las palabras de Scioli sobre Kicillof.)

Más allá de la tendenciosidad –o aviesa manipulación– que habita en la instalación de estas noticias, puede ser que se las perciba como creíbles, en razón de que se acepta que el auténtico eje alrededor del cual gira el mundo de la Bolsa de Valores es una expectativa, no su referencia originaria, como lo sería el valor de las empresas cuyas acciones se cotizan, el respaldo económico real de los títulos, etc.

Algunos periodistas se preguntaron durante la semana “¿por qué se cayó Massa?”. Una respuesta razonable señala que es una consecuencia de que haya dejado de encarnar las expectativas que encarnaba, básicamente, la de ser el nuevo referente de la administración del poder en la Argentina, tanto para los intendentes de la puerta vaivén como para muchos de los factores de poder que habían alentado esa expectativa.

¿Pero es que acaso al mundo de la política le pasa lo mismo que a la Bolsa, que su referencia axial no es la de sus significaciones propias, sino la de un sistema de créditos que fluctúan con la orientación de los mensajes que los comunican? La respuesta es sí, y no sólo para la Bolsa o la política, como veremos.

Por ejemplo, si nos enfocamos en el escándalo de la FIFA, que también impacta en la AFA, no podemos dejar de recordar la célebre frase con la que hace casi quince años se despidió Maradona en una Bombonera repleta de gente y de emoción: “La pelota no se mancha”. Porque para Maradona, como muchos de nosotros quisiéramos que siga siendo, el referente del fútbol es la pelota, debía ser la pelota, en tanto símbolo de la maravilla de ese deporte. Pero no, hace tiempo que el eje se desplazó: ahora es la televisión. ¿Y por qué lo es? Porque el deporte ha sido absorbido por el código en el que se integran espectáculo y mercado. Y si se busca el remoto referente de ese código, otra vez se encuentra el sistema de expectativas al que alimenta –y que lo retroalimentan–. Digamos, en fin, sobre este punto, que desde hace tiempo la pelota está manchada y que al sistema no le importa; sólo lo inquieta que se manche la escena, la pantalla –como ocurrió en el último Boca-River–.

En resumen, esta semana nos muestra en sus hechos destacados lo mismo que nos viene mostrando semana tras semana: que la construcción de sentido colectivo en nuestra sociedad depende casi enteramente de las expectativas que triunfan en los sistemas de comunicación, a los que las supuestas realidades se han reducido. En sociedades como la nuestra, en este tiempo de nihilismo cumplido, cuando no se generan los necesarios contrapesos al código comunicacional, lo único que queda en pie son las expectativas de expectativas, y así indefinidamente.

Por eso es coherente que los candidatos bailen en el programa de Tinelli y que la divisa que mande no sea la camiseta política o deportiva, sino la de la acumulación de capital, pues a fin de cuentas el dinero, la fama y el poder son la promesa de protagonizar la hegemonía comunicacional que moviliza a la mayoría, para así existir dentro de ella.

Pero, se dirá, con el fútbol, la Bolsa y la política, puede ser que se cumpla este desplazamiento, esta sustitución de referencias por expectativas. Pero no sólo de mercado, fútbol y política se trató en la semana: muchos dijimos presente en el acto convocado bajo el lema “ni una menos”, ¿también allí se aplica nuestra hipótesis?

Significados. El acontecimiento de la multitudinaria concentración la enriquece y muestra a la vez algunas de sus significaciones. Salta a la vista que la convocatoria contó con el inestimable y abundante apoyo de los medios de comunicación masiva y la excelente difusión por las redes sociales. Fue sin duda un hecho comunicacional muy logrado, bien sintetizado en su lema.

Pero, precisamente, ese éxito destacable y sorprendente aparece complejo y enorme en relación con las referencias que lo fundamentan. Las cinco peticiones formuladas son diversas y, en su conjunto, están más bien relacionadas con la violencia de género que con el llamado “femicidio” al que aludía la convocatoria –una figura social antes que jurídica, la que quizá bien caracterizada pueda ser un agravante en ciertos homicidios–.

A tal punto hay una distancia importante entre el valor comunicacional y su referencia, que en los casos de femicidio con los que se lo ejemplifica en Lacasadelencuentro.org se mezclan los asesinatos de Nora Dalmasso y María Marta García Belsunce, de dudosa pertinencia a tales fines, con otros realmente paradigmáticos, como los de Paola Acosta y Wanda Taddei.

El “ni una menos”, en resumen, no se nos presenta como una expectativa comunicacional sin referencia sino, por el contrario, con más de una. Es un encuentro positivo de los dos planos, pues visibiliza la violencia de género, que parece un problema social más grave de lo que se advertía. Por otra parte, se trató de una manifestación ejemplar de la sociedad civil, en nombre de una causa que abre un debate fundamental en la opinión pública, con derivaciones profundas, incluidas sus aristas más polémicas.

Si comenzamos la semana por el domingo, no podemos dejar de mencionar la reaparición de la muerte de Nisman como noticia. La repuso el programa de Lanata, reintroduciendo como escena comunicacional lo que fuera –o hubiera debido ser– una pericia criminal. Porque ni siquiera ante un referente absoluto si los hay, como lo es la muerte, se detuvo nuestro enloquecido código comunicacional. Hoy esa muerte está atrapada enteramente en ese código. ¿Encontrará aquí la referencia su destino de verdad, fuera de la comunicación vuelta espectáculo, o sólo cabe esperar que algún día Hollywood cierre el círculo en los límites de una pantalla?

*Filósofo y ex senador.



Samuel Cabanchik