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Fatiga en Cambiemos. Gaya ciencia en Macri

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MACRI en la conferencia de prensa del jueves.
MACRI en la conferencia de prensa del jueves. Foto:Cedoc Perfil
“Creemos que el tiempo pasa cuando los que pasamos somos nosotros”.
(Ser y tiempo,Martín Heidegger).

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El fin de semana pasado, varios dirigentes de Cambiemos y algunos notorios simpatizantes fueron insultados en la calle, algo que no les ocurría desde que Macri asumió, hace 14 meses. Un síntoma del efecto que había producido hacer más difícil el pago en cuotas (quien no tiene lo suficiente, aunque baje el precio de contado, igual no puede comprar), los nuevos aumentos de tarifas, el cálculo de la actualización de las jubilaciones y el escándalo que generó el acuerdo con el ex Correo, de la familia Macri. Como tantas veces se ha probado, las fallas éticas de los gobiernos no producen escándalos por sí solas, precisan la combustión de una situación económica negativa.

 El Gobierno insiste con que la recuperación económica en ciertos sectores ya comenzó en enero y empezará a notarse en todos los demás pronto.

La fuerza sólo es valorada si se pone al servicio de la debilidad: con el Correo, Macri hizo lo contrario

De ser así, éste sería su peor momento porque durante 2016 se acumuló una pérdida de la capacidad de compra de la mayoría de los argentinos que, a partir de ahora, comenzaría a recuperarse. Pero tantas veces se anunciaron los brotes verdes que, como en la fábula del pastor y el lobo, nadie le cree al que anuncie lo que ya se anunció sin suceder.

Quizá por eso, Cristina Kirchner vino mejorando su imagen un punto por mes últimamente, y en el conurbano bonaerense el Frente para la Victoria, incluso si hubiera una lista peronista por separado, sacaría hoy más votos que Cambiemos. Persiste un esquema de suma cero entre lo que sube Macri y lo que baja Cristina y viceversa. Quizá la conferencia de prensa de Macri dando marcha atrás con el Correo y el cálculo de las jubilaciones, más la detención de Milani, que ataca al corazón del relato kirchnerista, vuelva a hacer subir a Cambiemos y bajar a Cristina.

Probablemente Cambiemos pueda ganar las elecciones de octubre, total o parcialmente, no porque la economía haya mejorado lo suficiente sino porque en gran parte de la sociedad perdure el rechazo al relato del kirchnerismo. Y también porque, aun sin comulgar con Macri, muchos votantes sepan que dejar al Gobierno derrotado en sus últimos dos años del mandato generaría otra crisis económica que empeoraría aún más la vida de todos.

Pero la batalla final entre paradigmas, el del PRO versus el kirchnerista, pasará por el éxito de la economía de Macri. Y el miedo que les genera a sus propios aliados cierto desapego y frialdad del Gobierno a la hora de tomar medidas económicas, grandes y pequeñas, que parecieran no medir las consecuencias, podría obedecer no a un “ansia de actuar”, como explica la narración oficial: “Nos equivocamos porque hacemos mucho, pero corregimos”, sino a cómo piensa Macri, a cuáles son sus prioridades y qué secundariza.

Si se tuviera que simplificar, se podría decir que de las dos grandes corrientes del pensamiento humano, el idealismo y el materialismo, Macri adhiere a la última. Auguste Comte explicaba que el materialismo es “la doctrina que explica lo superior por lo inferior”. El materialismo sostiene que los cimientos son lo fundamental: a una casa se le quita el techo y quedan aún las paredes, pero si se le quitan los cimientos no quedará nada. Pero hay distintas formas de ser materialista: Epicuro era materialista, Freud era materialista y también Marx, quien sostenía que “en última instancia” la economía determina la política.

Lo bello y lo bueno son del orden del idealismo (Platón, Kant): lo que más importa no siempre es lo más importante: no nos gustan los árboles por sus raíces. Pero para el materialismo es lo bajo lo que produce lo alto: primero está el animal, luego el ser humano; primero está el sexo, luego el amor; primero está la infraestructura (la economía), luego la superestructura (la cultura).

Macri piensa su economía concentrado en los cimientos, haciendo más lentos los tiempos a partir de los cuales se pueda comenzar a percibir los resultados, si es que al principio hubiera elegido el edificio correcto. Probablemente el gradualismo, que fatiga a tantos como en una larga maratón, sea la anestesia que Macri aplica para ir produciendo su operación.
La narración y la comunicación del Gobierno serían el envoltorio pero su producto es otro.

El tiempo existe sólo relativamente al cambio, el tiempo varía en función de la velocidad, y octubre está cada vez más cerca

En el kirchnerismo, la comunicación y el relato no pocas veces eran el producto mismo; como ahora la detención de Milani, evidencia de que en el tema de los derechos humanos hubo serios intersticios.

Pero para que haya un movimiento ascendente, hay primero que reconocer que existe un arriba, relativizar la discusión sobre qué es bueno o bello sería tan contradictorio como querer ascender negando la existencia de lo alto.

Ese sería el talón de Aquiles de Macri, a quien lo abstracto lo aburre, y la preocupación de muchos de su aliados, que ven en esa miopía un problema constitutivo. “Lo bajo y lo superficial están a la misma altura”, decía Simone Weil.

Ahora: también se puede ser materialista para consumar ideales, comprender la economía para hacer política y usar lo cuantitativo para alcanzar lo cualitativo. Quizás ése sea el propio proceso ascendente que Macri debe recorrer y donde los aliados de Cambiemos tengan más para aportarle y reclamarle siendo centinelas de un ideal sin el cual no se asciende. Louis Althusser sostenía que “sólo una concepción ideológica de la sociedad puede imaginar una sociedad sin ideología”.

Sin ascensión, Macri podría terminar como el feo que sonríe frente al espejo. La actual fatiga en Cambiemos es un síntoma que algo indica.