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Felación premiada

Cómo reaccionaron los empresarios ante Macri y cómo cambiaron desde su expectativa fallida por Daniel Scioli.

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Celebracion. Casi mil ejecutivos pagaron hasta 65 mil pesos para ir a IDEA.
Celebracion. Casi mil ejecutivos pagaron hasta 65 mil pesos para ir a IDEA. Foto:COLOQUIO IDEA

Tan sólo una letra diferencia la situación del empresariado en Brasil y en la Argentina. En el país vecino, hay pesos pesados, como Marcelo Odebrecht, presos por corrupción gracias a la figura de la delación premiada, por la cual un acusado recibe beneficios a cambio de revelar más involucrados en los ilícitos. Aquí, mientras esa causa avanza con mucha demora, los principales dueños de empresas se entregan en cuerpo y alma en apoyo a un gobierno que también les promete una retribución: la baja de los costos, en especial, del laboral.

Era octubre de 2015 y esa misa ricotera del establishment que es el en Mar del Plata apostaba a ganador, pero pifiaba. Aplaudían a Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria, y miraban de reojo a Cambiemos. “La verdad es que Scioli va a alinear mejor al peronismo, lo vemos con más cintura para la gobernabilidad”, decía un ejecutivo que menos mal que tiene otro olfato para los negocios. “Un empresario siempre tiene que ser oficialista”, solía definir promediando el kirchnerismo el español Florencio Aldrey Iglesias, empresario hotelero marplatense y casi un segundo padre del ex motonauta.

Pero al final, hubo segunda vuelta y en el balotaje todos recalcularon. Igual, el año pasado, IDEA fue un encuentro aún con más gerentes que accionistas de grandes corporaciones, y volvieron a recibir a Mauricio Macri todavía entre dudas. La economía todavía no mostraba signos de recuperación, y querían ver si se consolidaba en la Casa Rosada o si todo había sido un invento del marketing atado al hartazo con Cristina Kirchner y el charme electoral de María Eugenia Vidal.

Ahora, tras las primarias y con sondeos que vaticinan el imperio de Cambiemos en casi todo el país, el giro es total en el pogo ejecutivo más grande del mundo. Parece que todos lo siguieron desde Cemento. Siempre lo bancaron. Nadie se acuerda de que en 2013 los encuentros preliminares al Coloquio se habían hecho en Casino Club, de Cristóbal López, que había sido patrocinante y tomaba café ahí donde ahora se vieron carteles de “TransformándoNOS”.

En sintonía total, este año IDEA hasta mezcló los prototipos empresarios que disecciona el Presidente. La patria contratista que pide protección ante la competencia externa y la patria emprendedora de la historia de garage se abrazaron en un panel donde Paolo Rocca (de Techint) y Marcos Galperín (de Mercado Libre) apoyaron/exigieron en conjunto una agenda de reformas laborales para después de octubre. Ahí, lo más parecido a Brasil posible. Ni una letra de diferencia.

Qué decir. La macana es que en medio del recital alguien pateó el enchufe por un ratito: 1,9% de inflación en septiembre, 17,6% en el año. La meta de inflación se volvió como el Mundial para un chileno, inalcanzable. El miércoles habla el jefe del Banco Central, Federico Sturzenegger, el único referente posta que tiene la gestión económica, al punto que van a escucharlo los capos de las cámaras empresarias (en Hacienda, a Nicolás Dujovne, por decir algo, lo oye sólo su propio equipo).

Después de varias presentaciones donde Sturze prometía que la meta se iba a lograr sí o sí, ahora la chapa ya tiene el resultado puesto. Es seguro que dirá, como ya soltó en Washington, que la pelea por los precios tiene idas y vueltas, o que importa más el sendero a la baja que acertarle al blanco. Si no, otras alternativas que puede adoptar el equipo de prensa del Central son que diga:

◆ “Estoy a pleno con los créditos UVA, lo de los precios ya fue”.

◆ “Qué quieren que haga si en el Gobierno son tibios y no bajan el déficit”.

◆ “Lo de las metas era humo, si crecemos y ganamos las elecciones, estamos cómodos con inflación de 23%”.

◆ “La verdad, nos fuimos de mambo con el dólar hace unos meses y esto es un garrón”.

◆ “Hay muchos carteles y enseguida se avivan”.

◆ “Me mojaron la oreja, ahora vuelvo a subir más las tasas”.