COLUMNISTAS DEFENSOR DE LOS LECTORES


Figuras decorativas, no

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Durante tres días, se realizó el mes pasado en Buenos Aires la reunión anual de la Organization of News Ombudsmen (ONO), que reúne a los defensores de lectores y audiencias en buena parte del mundo. Más de cuarenta profesionales que ocupan ese espacio analizaron las nuevas problemáticas que afectan su labor en particular y las políticas editoriales en general.
Es muy interesante el recorte realizado por la defensora del lector del diario español El País, Lola Galán, quien destaca que pese a los esfuerzos no ha crecido significativamente el número de colegas dedicados a aportar ideas y corregir errores como se pretende en este espacio. Galán hizo un paneo por distintos países y medios, muy atractivo para analizar el estado actual de una actividad que –como define– es “tan necesaria para atender a las audiencias”.
La legislación mexicana, por ejemplo, obliga a los medios audiovisuales (no así a los escritos) a incorporar defensores del lector. Sin embargo –explica Galán– “algunas empresas no aceptan que los elegidos se resistan a ser meras figuras decorativas”. Así lo explicó en Buenos Aires Adriana Solórzano, presidenta de la Asociación Mexicana de Defensorías de Audiencias (AMDA), quien citó el caso de un canal de televisión del Estado de Jalisco, que dejó sin espacio de emisión a su Defensora tras su primera intervención.
Por cierto, la cuestión de subordinar o no la gestión del ombudsman a los arbitrios de las empresas para las cuales trabajan es probablemente uno de los problemas que enfrentamos quienes realizamos esta tarea. En el caso particular de PERFIL, debo y quiero señalar que en mis casi cuatro años de gestión no he tenido nunca presión empresaria o editorial alguna para orientar mis comentarios en determinado sentido, obviar o marginar temas que pueden (y son, lo acepto) resultar incómodos para editores o redactores. No suele pasar lo mismo en otros lugares del planeta, aun los considerados con mayores avances políticos, sociales o económicos. Según indica en su columna la defensora de El País, “en países donde existen partidos de derecha radical fuertemente contrarios a la inmigración, como Holanda y Suiza, e incluso Reino Unido, informar de sus actividades es tarea espinosa”. Cita Galán el caso de la defensora de las audiencias de la radiotelevisión pública holandesa (NOS), quien “recibió una avalancha de quejas cuando el canal informativo emitió una entrevista con Geert Wilders, líder del extremista Partido Holandés de la Libertad (PVV)”. No curiosamente –porque la composición de la audiencia de NOS es multifacética–, también provoca protestas la ausencia en pantalla del propio Wilders. El ombudsman de Tamedia, el mayor grupo de prensa suizo, “tuvo que librar una verdadera batalla interna para lograr que se publicara una esquela por los migrantes muertos en un naufragio, pagada por dos ciudadanos suizos”.
Este Defensor de los Lectores de PERFIL ha escrito en varias oportunidades acerca de los comentarios injuriosos de los usuarios que se publican en portales de noticias argentinos, incluyendo perfil.com, un problema que fue abordado en la reunión. Mi propuesta es poner un filtro a tales comentarios, porque ellos afectan a los lectores en general y a autores de notas o columnistas en particular. ¿Por qué limitar la virulencia de los usuarios? Para evitar lo que ha pasado, por ejemplo, en el principal diario de Canadá, The Toronto Star, que se vio obligado a cerrar lisa y llanamente su web a los comentarios “debido al grado de incivismo y al tono racista que alcanzaron”. Los dos diarios que edita NCR Media de Holanda hicieron lo mismo y el belga De Standaar, que no tiene un equipo moderador, lo ha limitado a sus suscriptores.
En su análisis, la periodista española indica que este tipo de decisiones podrían “repercutir negativamente en el tráfico de visitas a las ediciones digitales y, consiguientemente, en la publicidad”. Este es un tema que desvela a los empresarios periodísticos y editores en estos tiempos de confluencia hacia una mayor integración  entre los soportes impresos y su correlato en la web. El defensor del lector del dominical británico The Observer –que forma parte del grupo editor del diario The Guardian, sumido en una profunda crisis económica– recordó que ni siquiera el digital del Daily Mail, con más de 200 millones de usuarios mensuales, consiguió incrementar significativamente  su caudal publicitario. También es complicada la situación en los medios gráficos, con muchas luces amarillas encendidas en busca de soluciones innovadoras.

jpetraca