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Francisco es kirchnerista

Por Javier Calvo.

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Ahora que con prisa y sin pausa se revelan historias, características, anécdotas y gestos imperceptibles en torno al Papa –hasta que sería peronista, como todo argentino, de acuerdo con la biblia del General– avanzaremos un paso más y nos animaremos a decir que el Sumo Pontífice es un kirchnerista de pura cepa.

Antes de ser acusados de blasfemos (según la mirada de ciertos analistas de la realidad y algunos lectores cada vez que no se dice lo que ellos quieren), aclaremos antes de que oscurezca.

Asistimos, por una parte, a una evidente cooptación de la figura papal por parte de amplios sectores del oficialismo. Ya ha sido dicho: tras un distanciamiento de años y una recepción gélida, cuando no crítica, a su ascenso en el Vaticano, la propia Cristina y casi todos sus adláteres pasaron en distintos grados a subirse al tren celestial. En no pocos casos, la voltereta resultó cuasipatética. Y asistimos a la multiplicación de ejemplos: en esta edición de PERFIL se adelanta que, por primera vez como Presidenta, CFK asistiría al Tedeum en la Catedral metropolitana. Y esta columna es acompañada por la llamativa imagen de una iglesia en Tandil (ciudad símbolo de la religiosidad) donde se mezclan carteles papales y de Presidencia de la Nación (extraído de www.abchoy.com.ar).

El giro es tan indisimulable que la revista Barcelona ya lo captó con su inefable agudeza. Como también se reproduce aquí, ideó el Papanauta: la última evolución del Eternauta y del Néstornauta, ahora como nuevo héroe de la juventud cristinista.

Del súbito fervor papal nac & pop no escapa casi ningún dirigente. Uno de los primeros fue Scioli, al señalar a ya se sabe quién que a él lo criticaban cuando hablaba con Bergoglio. Tampoco le costó a Macri, que sobreactuó el asueto escolar porteño en el día de la asunción formal de Francisco (la separación Estado-Iglesia, bien gracias). La lista interminable abarca a gobernadores, legisladores, empresarios, sindicalistas, etc., etc., y también a periodistas que lloraron en las redacciones...

Como parte de la traducción autóctona a cada mueca o exhalación vaticanas, ya estamos viendo cuánto se rescatan sus llamados al diálogo, como antiejemplo de lo que hace el Gobierno (un connotado columnista de La Nación se refirió ayer profusamente al respecto).

A esta kirchnerización de Su Santidad sólo le falta que los viudos de Néstor –los que buscan justificar su cambio de vereda, como Alberto Fernández, Moyano y tantos neocríticos– empiecen a decir que con Él sí había el espíritu dialoguista que propicia Francisco. Ay, ni Dios nos salva de semejantes despropósitos.

 

*Jefe de Redacción de PERFIL.



Javier Calvo