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Francisco, ícono de fraternidad y sencillez

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Hasta hora, ningún papa se llamó Francisco. (Todos los papas, o se llamaban Pío, (=piadoso), o Clemente, (=misericordioso), o Juan, como Juan XXIII, o Pablo, o Gregorio, (que quiere decir despertador), o Urbano, (de la ciudad), o Julio, o Sixto, o Alejandro, (de no tan santa memoria), o León, (porque tuvieron que defender a la grey como un león…)

Pero ¿por qué Jorge Bergoglio eligió el nombre de Francisco si ningún papa se llamó así? Tengan en cuenta que, en la Biblia, casi siempre, cuando Dios elige a una persona para una misión le cambia el nombre. Porque el nombre no es una simple identificación, o como les ponen ahora a las criaturas para que suene bien, sino que tiene mucho que ver con la persona y la misión para la que Dios le eligió.

Y el nombre de Francisco desde luego nos remite a aquel “Poverello” de Asís que, en la Edad Media armó poco menos que una revolución en la Iglesia, –y en particular en la curia romana–, para llamarles, con su ejemplo, a una vida más austera, más acorde al Evangelio.

Francisco es como un ícono de la fraternidad y de la sencillez, del amor a los pobres. Y también de algo muy actual y muy necesario en nuestros tiempos, como es el amor a la Naturaleza. Por esto lo consideran muchos como el patrono de la ecología. Un ecologista que se adelantó a su tiempo.

Todo esto son cualidades que nos dicen lo que pretende ser el nuevo papa, Francisco: pobre, humilde, muy cercano a la gente. Abierto al diálogo. Predicador de una fraternidad universal. Dios quiera que tengamos en él el papa que necesita nuestro tiempo. Que sea humilde, pero al mismo tiempo valiente para afrontar los cambios que requieren estos tiempos. Un hombre de mucha fe, –y consiguientemente de mucha oración–,muy lúcido y de convicciones firmes.

Creo que todo esto lo ha demostrado los años que ha estado al frente de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Además, a los argentinos nos pone muy contentos esto de que tengamos un papa argentino y latinoamericano, que nos conoce muy bien, y que ha demostrado una gran sensibilidad frente a nuestros problemas. Más que nada el de la pobreza, (¡los pobres!) y la marginación.

La corrupción y las injusticias sociales, sobre las que habló tantas veces. Por más que no le gustara a estos gobiernos que tenemos, según los cuales parece que todo anda bien.
Yo siempre he predicado que la Iglesia tiene que ser más independiente del gobierno, para anunciar con toda libertad el Evangelio. Estas verdades que algunos no quieren escuchar.

Y parece interesante también, como dijo él, que hayan elegido un Papa “casi del fin del mundo”, que rompe la tradición según la cual todos los Papas tenían que ser europeos.

Esto, para que se vea que la Iglesia es universal, (que esto quiere decir católica). Y ¿por qué no? Que Latinoamérica, con casi la mitad de los católicos del mundo, tiene un peso específico en la Iglesia.

Hasta aquí todos los pronósticos son buenos. Hay que rezar, como nos lo ha pedido él, para que el Espíritu Santo le inspire y le dé fuerzas, porque ya sabemos que la misión no va a ser nada fácil. Que no le tiemble la mano al timón de la nave de Pedro que es la Iglesia.

*Jesuita, obispo emérito de Puerto Iguazú.



Joaquin Piña y Batllevell