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Franco Macri, como Filipo de Macedonia

El imaginario paralelo entre el monarca y el empresario tras la polémica por el Correo Argentino.

Relaciones complejas entre Franco Macri y el Presidente.
Relaciones complejas entre Franco Macri y el Presidente. Foto:cedoc

Filipo II, rey de Macedonia, fue el padre de Alejandro Magno, el primer gran conquistador de la historia e inspirador de Julio César y Napoleón. Franco Macri sería el Filipo de su hijo Mauricio, al que habría preparado para ser conquistador con los mejores maestros (Alejandro Magno fue discípulo de Aristóteles). En esta imaginaria trama, el Presidente acabaría siendo la mejor obra de Franco Macri y la única en el plano familiar, porque no le fue muy bien con sus otros hijos. Si como dice el refrán “Los males vienen de los bienes”, en la medida en que Franco Macri fue acumulando éxitos económicos los hermanos menores de Mauricio crecieron con menos exigencias.

Mauricio Macri no llegó a presidente gracias a Franco, tampoco sería justo decir que lo fue a pesar de su padre, porque su herencia fue simultáneamente carga y propulsión. Pero una vez llegado a la presidencia, es todo carga, como lo prueba el dilema de cómo resolver la quiebra del Correo y las resonantes consecuencias de haber optado por una de las salidas, todas con alto costo político.

La historia del Correo de Macri tiene dos actores principales: Carlos Menem y Néstor Kirchner. El primero a fines de los años 90, en el comienzo de su ocaso, al privatizar algunas empresas que ya no era lógico privatizar o no era lógico de la forma en que lo hizo. No fue el Correo el único caso en que una empresa privatizada a fines de los 90 había sido entregada a una sociedad anónima construida especialmente para esa privatización pero que, en lugar de pagar un precio total al contado por su compra, pagaba un canon mensual que dejó de pagar (en el caso del Correo privatizado en 1997 dejó de pagar en 1999); ante el colapso de 2001/2002 algunas se presentaron en concurso de acreedores o directamente quebraron. Se trató de la ola final de las privatizaciones distintas a las de comienzos de los 90, donde el comprador desembolsaba una fuerte cantidad de dinero y su compromiso por salvar ese capital era diferente.

La privatización del Correo fue obra de un Menem y un Franco Macri en sus respectivos ocasos. Cada uno en su ansiosa búsqueda de extender los años de gloria pasados. El futuro de la vieja Encotesa (con más de 20 mil empleados) no lucía igual de promisorio que el de las telefónicas o las empresas de energía. Fue un mal negocio de Franco Macri, como varios de los de sus últimos años, y una prueba más de que sus reflejos empresariales no eran los mismos de antes.

Después del default de fines de 2001, el Correo Argentino de Macri (CASA) continuó funcionando bajo la protección del concurso de acreedores –que congela las deudas, su actualización y sus intereses– durante dos años más. Hasta que, a poco de asumir, Néstor Kirchner reestatizó el Correo pero no la empresa concesionaria de Macri sino creando una nueva empresa del Estado que absorbió todo el personal y los bienes concesionados en su privatización, dejándole a Macri la empresa vacía pero con sus cuentas a cobrar y a pagar. Con sólo dos empleados nuevos, pasó a administrar el residual del concurso de acreedores y le inició un juicio al Estado por haberle rescindido la concesión del Correo que, como se verá, es el quid de la cuestión en el acuerdo actual. Dos años después, la jueza en primera instancia decretó la quiebra de CASA, la empresa de Macri, éste apeló, pasó a la Cámara, el tribunal de segunda instancia, y quedó allí sin resolución durante una década.

El único activo relevante de CASA es el propio juicio al Estado por haberle rescindido la concesión, y a la vez el gran acreedor de CASA es el propio Estado por el canon no pagado, que en 2001 era equivalente a casi 300 millones de dólares. Lo que, más allá de las discusiones sobre el cálculo de intereses con el dólar a 16 pesos, sería algo más de 4.500 millones de pesos de hoy. Pero como la deuda no era en dólares sino en pesos, este cálculo en dólares es sólo a los fines didácticos porque, en la locura de la economía argentina de los últimos años, esa deuda con el Estado quedó congelada en alrededor de 300 millones de pesos, hoy apenas algo menos de 19 millones de dólares. Y esa merma de 281 millones de dólares (300-19), que coincidiría con el 93% de reducción de la deuda, es similar a la pérdida de valor del dinero estos últimos 15 años por inflación.

El problema es que el juicio de la empresa residual del Correo de Franco Macri, CASA, al Estado, si se actualiza y no sufre la pérdida de valor de la inflación, y si bien es incierto que lo gane, podría darse la hipotética situación de que dentro de cinco años ganara, por ejemplo, 100 millones de dólares. Abogados comercialistas opinan que lo lógico hubiera sido un acuerdo entre el Estado y CASA donde ambas partes resolvieran los dos reclamos al mismo tiempo.

Es probable que la Cámara Comercial rechace el acuerdo del Estado con Macri y declare la quiebra

Es cierto que Franco Macri también puede perder el juicio contra el Estado y en ese caso, con el arreglo ahora cuestionado, el Estado recuperará por lo menos ese equivalente a 19 millones de dólares aunque sea a varios años pero, tratándose del padre del Presidente, las suspicacias sobre que podría presumir ganar ese juicio son lógicas. Es probable que la Cámara rechace el acuerdo entre el Estado y la empresa de Franco Macri, CASA, como solicitó la fiscal general Gabriela Boquin, y la empresa termine en una quiebra donde sea un síndico, y ya no Franco Macri o sus sucesores, quien cobre el juicio del Estado si lo gana la ex CASA y, paradójicamente, le pague mayoritariamente al Estado con su mismo dinero.

El imaginario paralelo entre Franco Macri y Filipo II de Macedonia no es muy alentador: en julio del anteaño pasado, gracias a las nuevas técnicas de antropología forense, se descartó definitivamente la historia de que Filipo II habría sido asesinado por una conspiración de sus rivales persas; lo fue por una conjura familiar en la que el propio Alejandro (junto a su madre) habría sido ejecutor.