COLUMNISTAS DEL VOTO A LA GESTION

Fuego amigo, fuego enemigo

El Presidente debe equilibrar sectores que lo llevaron al poder: de anti K ultra a una clase media que apoya pero no es acrítica.

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Foto:PABLO TEMES

El gobierno de Mauricio Macri es una apuesta muy importante para el establishment argentino, una oportunidad casi única. No se trata de armar un gobierno de transición, sino de la posibilidad de cambiar las relaciones sociales del país, urnas mediante, al margen de ese “hecho maldito del país burgués” con el que John William Cooke solía definir al peronismo.
Es un escenario novedoso, que requerirá una fuerte innovación política, económica y social y merecerá perspectivas de análisis también novedosas.
El triunfo electoral de Macri tributa en la corriente antikirchnerista que se constituye desde el año 2012, expresada en las olvidadas marchas de clases medias y altas del 13S y 9D (13 de septiembre y 9 de diciembre de 2012), y el 18A (18 de abril de 2013). Estas multitudinarias manifestaciones, convocadas por redes sociales, tenían como demandas la apertura del cepo, el “no” a la reelección de Cristina, reclamos por la seguridad, independencia judicial, entre otras.
Estas demostraciones fueron ignoradas por el kirchnerismo, pero la oposición sabía que había allí un espacio vital que conquistar. Sergio Massa da el primer golpe en 2013 cuando le gana la elección a Martín Insaurralde, en la provincia de Buenos Aires.
Massa parecía ser “el hombre”, pero tras su asociación con intendentes del Conurbano, su estrella se comienza a apagar. Macri, buen lector, comienza a transitar el camino inverso, el de la pureza política en las candidaturas.
Otra parte del triunfo de Macri se debió al propio desprestigio del kirchnerismo en el último período, cuando el “fuego amigo” se transformó en el día a día acoplado a la actuación de la propia Cristina, sus cadenas nacionales, los desbarajustes en la selección de los candidatos y la sensación generalizada de que un gobierno de Scioli estaría subordinado a los dictados de la ex presidenta.
Un tercer aspecto del triunfo de Macri, por supuesto, se debió a sus propios aciertos, al mostrarse como un gran componedor, creíble para una sociedad fracturada con su propuesta central: unir a los argentinos. Este elemento y su oferta de “pobreza cero” alivianaron las culpas de sectores medios progresistas que ahora se volcaban al ex presidente de Boca Juniors.

Inicio. Macri comienza su mandato dando cuenta del espíritu de las marchas. Una medida que interpretó cabalmente estas aspiraciones fue poner fin al cepo cambiario.
Pero previamente debió sellar una alianza con los sectores agropecuarios bajando las retenciones a cero (excepto para la soja), devaluando la moneda y entregándoles el manejo de las políticas públicas del sector de la economía más dinámico del país.
El cepo era un problema político y requería un cambio de alianzas en el poder (el Gobierno lo abrió sin más reservas que el año anterior).
Sin embargo, el campo ahora estima que la devaluación “se quedó corta” y puede incumplir su parte del pacto, es decir, liquidar la cosecha.
Otro tanto pasa con los empresarios, los formadores de precios, que sin interpretar los alcances de la nueva alianza no dudaron en hacer galopar los precios al ritmo de la devaluación, generando una situación social comprometida para los sectores más vulnerables y tensando las próximas paritarias.
Entre aquellos sectores sociales que se agolpaban en las calles de 2012, había en su seno un grupo de “ultras” que no sólo reclamaban un cambio en el modelo kirchnerista, sino que clamaban por revancha. En la campaña, Macri en vez de hablarles a estos sectores, tuvo la inteligencia de dirigirse al resto, quienes en realidad estaban agobiados por la famosa grieta y deseaban vivir en un país más normal.
Sin embargo, desde el primer momento de posesión de su cargo, Macri sí pareció tomar como propias algunas de las consignas de los sectores “radicalizados”, paradójicamente gobernando “a lo peronista”.
¿Qué significa gobernar a lo peronista? Se trata de gobernar caminando en los bordes de la legitimidad democrática, con políticas de hechos consumados.
“Golpear para luego negociar” es el apotegma vandoriano. Es gobernar con autoridad, que puede transformarse en prepotencia y provocación en cuestión de minutos.
Un gobierno “a lo peronista” vuelve a tensar a la sociedad, alegra a la minoría ultra anti K, pero preocupa a un sector de clase media más amplio, votante no dogmático de Macri.
Este sector está en las antípodas de Milagro Sala, pero no comulga con una detención que no parece asegurar sus derechos, no quiere a Sabbatella pero disiente de una reforma compulsiva de la Ley de Medios, no quiere ñoquis pero rechaza arbitrariedades, ni pretende que se vuelva a debatir la cantidad de desaparecidos, etc.

Motivos. La denominada “democracia peronista” que Macri busca reemplazar ha podido implantarse por tres razones.
Primero, “viene a ordenar el caos”. Menem asume en la hiperinflación del final del gobierno de Alfonsín. Kirchner viene a reparar el descalabro de 2001.
Segundo, la base social principal que lo sostiene se centra en los estratos bajos de la sociedad. En el peronismo clásico, la clase obrera; en el kirchnerismo, los pobres y marginados. (Este es un cambio trascendente: mientras que el peronismo podía arbitrar entre el capital y el trabajo, el kirchnerismo integra el conflicto al interior del Estado).
Tercero, y punto central: el impulso al consumo, herramienta fundamental del peronismo en sus distintas versiones. Esta política aprovechada por toda la sociedad constituyó una novedad para los más pobres. La multiplicación de las “saladas” y “saladitas” en todo el país es la manifestación de la nueva capacidad de consumo de los sectores más bajos.
¿Se podrá gobernar “a lo peronista” en un entorno recesivo y de ajuste, con aumento de tarifas, reducción de salarios y en definitiva una disminución de los niveles de consumo?
¿Lo sostendrán los sectores medios que han votado al fundador del PRO y que lo vienen sustentando pese a las críticas? ¿Macri podrá equilibrar la balanza haciendo “estallar” el desarrollo que planteó en su campaña?
Son preguntas cruciales a desarrollar en 2016, y que prepararán el terreno electoral de 2017.


*Sociólogo. Analista político (@cfdeangelis).



Carlos De Angelis