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Fuerte rechazo a las herramientas

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La premisa más potente del kirchnerismo durante la última década, es la de la política como determinante de la estrategia económica. Como es tan determinante, conviene repasar algunos mensajes de ayer. El massismo triunfante se constituyó como la “esperanza blanca” de sectores concentrados o dañados por el modelo redistributivo y de inclusión, como denunció el Gobierno.

Pero esto no alcanza a explicar el respaldo electoral que logró ayer. Y tampoco queda refrendado automáticamente en su discurso económico, para lo cual el intendente de Tigre reunió a todos los artífices del modelo en su etapa más virtuosa, menos a El, claro. Massa se mostró junto a José De Mendiguren, Roberto Lavagna, Miguel Peirano. Incluso convocó a Martín Redrado para complacer al sector más liberal de la clientela política. Todos formaron parte del staff económico de la época dorada poscrisis de altos precios de los commodities, excedentes de capacidad instalada industrial, moneda depreciada, bajos índices de inflación, alta recuperación del salarios y de los ingresos reales y empleo. Bajo la égida del propio Massa como jefe de Gabinete y en la ANSeS se gestó la Asignación Universal por Hijo y la estatización de las AFJP.

Los votos de ayer interpelan a una gestión económica sin todos esos elementos a favor, y con algunos dados vuelta, como las consecuencias extremas de la política energética, y también por la incapacidad de convocar a inversiones suficientes para aumentar la oferta de bienes y ponerle coto a la inflación. Las políticas para contener la fuga de divisas fueron hijas también de cálculos políticos con efectos económicos. Las soluciones contribuyeron cíclicamente a resolver en el corto y profundizar en el mediano plazo los problemas que se atacaron.

Para ese tipo de gestión, rápida y contundente, la figura ejecutiva de Guillermo Moreno fue necesaria y no se discutía en el Gobierno. Ahora, que a nivel nacional el respaldo político del Gobierno ronda a nivel nacional un 25% la pregunta es hacia dónde se dirigirá la Presidenta. Cómo afrontará la acuciante necesidad de obtener divisas, redistribuir las cargas impositivas aflojando la cincha a los empleados de la 4° categoría de Ganancias, sostener el empleo, mejorar la relación comercial con vecinos, hacer frente a los desafíos financieros que sobrevendrán de un fallo adverso en Nueva York y a favor de los holdouts, la inflación.

Ayer prometió que no hará promesas que no puede cumplir. “No esperen que en estos dos años y medio vaya a prometer cosas que no pueda hacer. Me siento responsable”, aseguró.

El problema político de estas señales sobre la economía es que sigue sin haber una definición clara.  Y es riesgoso por parte de un Gobierno que va consumiéndose capital, divisas y margen de acción junto con los plazos de su mandato.



Ariel Cohen