COLUMNISTAS ESCENARIO GLOBAL

Gestos, intenciones y realidades

Las relaciones internacionales son una legítima satisfacción para Macri, pero no suman votos. Expectativas y riesgos de socios en desgracia.

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ALTO PERFIL, Mauricio Macri.
ALTO PERFIL, Mauricio Macri. Foto:temes

Hasta ahora, el logro más tangible y estratégico de Macri fue reintegrar a la Argentina en el mundo. Con pragmatismo, eficacia y determinación, interactuó con todos los líderes importantes y se dispone a profundizar ese camino el próximo año, cuando seamos sede de las reuniones del G20 y la OMC. El ingreso a la OCDE, por su parte, completaría un esfuerzo que, en términos prácticos, no tuvo de momento resultados materiales, en especial en cuanto a nuevas inversiones. Dura paradoja: el principal éxito de Cambiemos no parece servir demasiado, al menos para la desafortunada inmediatez con la que nos manejamos políticamente. Una política exterior como la desplegada por Macri tampoco conmueve al electorado, que en general prioriza las cuestiones domésticas. Además, nos estamos integrando a un mundo singular, que no nos ofrece precisamente un horizonte de estabilidad, certidumbre, progreso y seguridad.

A pesar de eso, las expectativas para y respecto del país mejoraron muchísimo. En la comunidad internacional, en especial entre las grandes empresas e inversores, en las agencias multilaterales, entre los observadores más calificados y los especialistas en asuntos globales existe una gran curiosidad por esta transición no traumática desde un régimen aislacionista, intervencionista y con tendencias autoritarias hacia una democracia pluralista, pro mercado e incorporada al sistema internacional.

El Presidente en persona fue objeto de numerosos gestos que señalan esta grata sorpresa que llega de América Latina, una región caracterizada por la ausencia de liderazgos establecidos y una notable impotencia para contener, al menos, las consecuencias humanitarias de la implosión del régimen chavista. Los ejemplos más claros fueron los de Trump en Washington, Xi Jinping en Beijing, el emperador Akihito en Tokio y Angela Merkel el jueves pasado en Buenos Aires.

La visita de la canciller alemana tuvo como uno de sus objetivos principales el fomento del comercio multilateral, en un contexto global en el cual hace varios años que el comercio crece de manera anémica por la desaceleración de la economía y la incertidumbre generada por la ola nacionalista y proteccionista. También fueron importantes las iniciativas bilaterales que implican apertura, aunque quedó claro que, al margen de las buenas intenciones, las negociaciones entre la ahora errática UE y el siempre vacilante Mercosur, que llevan más de dos décadas, no avanzarán demasiado.

Ocurre que Brasil, convulsionado por una crisis sistémica que, como en la canción de Tom Jobim, não teim fin, no está en condiciones de llevar adelante una política de mayor apertura comercial. Es nuestro principal socio estratégico y representó para las exportaciones argentinas en 2016 un mercado mayor que el de China y Estados Unidos combinados. Esto obliga al Gobierno a buscar alternativas de manera rápida y efectiva. Alemania es una de las pocas ventanas abiertas en este momento.

Allá también. La Unión Europea vive una etapa de notable incertidumbre. El Brexit era una mala noticia, pero con la victoria pírrica de Teresa May en las elecciones del 8/6 nadie sabe cuál será el ritmo y la naturaleza de las negociaciones. En contraste, en las elecciones parlamentarias en Francia de hoy se descuenta una victoria clara de los partidarios de Macron y, por consiguiente, un fuerte espaldarazo a su vocación europeísta. Pero las tensiones en el Banco Central Europeo no son menores: Draghi y su pragmatismo heterodoxo siguen causando náuseas entre los tecnócratas alemanes. Y el horizonte está repleto de tensiones: la cuestión migratoria sigue sin resolverse; la amenaza rusa a Ucrania y los países bálticos está latente; el giro autoritario en Turquía representa una mancha en un continente caracterizado hasta hace poco por su clara identidad democrática; Cataluña quiere avanzar en su independencia…

Merkel criticó con dureza la postura proteccionista estadounidense y llamó “extremadamente lamentable” la decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de retirarse del pacto climático de París. Hay en ciernes un cambio de mando en el sistema internacional: Estados Unidos, al menos en la era Trump, parece haber abdicado de su tradicional rol, y Merkel, junto a Emmanuel Macron y Xi Jinping, entre otros, busca alguna nueva configuración de actores para compensar ese vacío. Argentina no tiene entidad para integrar esa coalición. Pero los valores y las intenciones de Macri se orientan en esa dirección y serían respaldados por una buena parte del electorado: en el oficialismo aspiran, aunque lo nieguen públicamente, a superar el umbral del 40% en octubre.

 A propósito del factor Trump, también fue decisivo para profundizar la división entre Qatar y sus vecinos del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). La decisión de cinco Estados árabes –Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos, Egipto, Yemen y Baréin– de romper lazos diplomáticos con Doha se debe a que Qatar promovió el cambio de régimen en todo el mundo árabe, incluyendo el apoyo financiero y mediático a muchos grupos radicalizados, como los Hermanos Musulmanes en Egipto, Hamas en Gaza, el partido Ennahda en Túnez y milicias en Libia y Siria, incluyendo EI. Detrás de este conflicto yace la cuestión iraní, país con el que Qatar siempre tuvo un vínculo privilegiado. Estas ambigüedades y desavenencias tienen años, pero el viaje de Trump a Riad les dio a los saudíes el respaldo necesario para tomar esta drástica medida.

A fines de 2016, Gabriela Michetti firmó un acuerdo entre el Fondo Qatarí de Inversiones y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses para poner en marcha una plataforma conjunta para inversiones por US$ 1.300 millones a desembolsarse en un plazo de tres años para obras de infraestructura y energía. También se había firmado un tratado bilateral de promoción y protección de inversiones, el primer acuerdo de este tipo para Argentina después de 2001. Esto generó no pocas controversias y alguna investigación judicial. En esta coyuntura crítica, resulta fundamental analizar la situación del Emirato: su poder relativo, la tendencia del conflicto regional y la visión de Washington y de otras potencias al respecto. Puesto de manera sencilla: es crucial para Argentina saber si Doha va camino de ser crecientemente aislada (y cuán rápido y profundo será) para evitarse dolores de cabeza con socios que pueden haber caído en desgracia en el escenario internacional.

La realidad es siempre más compleja que los planes, y suele desestimar las buenas intenciones. La única política de shock que implementó Macri tampoco tendrá en la práctica resultados que no sean graduales.