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Gobierno en la cancha, un plan sin novedad

Los problemas de la economía son muy anteriores a la atípica situación de no pago a los bonistas holdouts. Intervenciones a los precios relativos y restricciones al comercio exterior ocasionaron más daños a la actividad.

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La economía argentina venía en picada aun antes de que la Corte de los Estados Unidos dejara firme el fallo Griesa.

Ya desde hace algunos años el sector privado no genera empleo nuevo. La tendencia del nivel de actividad ha sido hacia el estancamiento o la caída, sólo compensada parcialmente, hasta el año pasado, por el apuro por sacarse de encima pesos que pierden poder adquisitivo a un ritmo superior al 2% mensual, o la percepción de que los valores en dólares de ciertos bienes eran “baratos”, lo que impulsó la demanda de durables y automóviles.

La decadencia productiva del sector energético, la caída de los precios internacionales de algunos productos mineros y los desincentivos a producir para exportar en todos los sectores  (la política industrial fue un vetusto intento por sustituir importaciones, en lugar de un estímulo a acuerdos para una integración productiva global) junto a la decisión de “desendeudamiento” con el exterior, llevaron, simultáneamente, a una crisis del sector externo.

Erróneamente, esa crisis se intentó mitigar racionando la disponibilidad de dólares, sin por ello, o a consecuencia de ello, poder evitar un aumento del precio del dólar oficial del 95% desde la instauración del control de cambios, y una brecha con el precio “libre” superior al 50%.

El desmadre fiscal, hijo de la absurda política de subsidios económicos y de gasto ineficiente, y poco transparente, tolerado por las bancadas oficialistas en el Congreso y algunos opositores, originaron cinco años seguidos de déficit fiscal, financiado con emisión desde el Banco Central. Emisión que convalidó el mencionado escenario inflacionario y de pérdida de reservas y encarecimiento del dólar, caída del salario real, y, últimamente, por el cambio de política del Banco Central, de fuerte crecimiento de la deuda pública interna a expensas del crédito al sector privado. Sin que este desmadre de gasto público haya mejorado los servicios que brinda el Estado, o haya reducido la pobreza y la indigencia.

En síntesis, precios relativos intervenidos, y distintos a los de “mercado”. Restricciones a exportar, importar, girar dividendos, atesorar divisas, y comerciar libremente. Presión impositiva creciente y en todos los niveles. Alta inflación, crédito barato para pocos y caro para muchos, y subsidios regresivos, llevaron a que los empresarios, como dijo la Presidenta “no la pongan”.

En otras palabras, para variar, el Gobierno se equivoca en la relación causas-consecuencias: no es que, como los empresarios no la ponen, la política económica tiene que ser intervencionista y estatista. Es que, como la política económica ha sido una suma de errores intervencionistas y estatistas, los empresarios no la ponen, los consumidores no tienen para consumir, se ahorra en dólares y no en pesos devaluados, etc., etc.

Han sido las malas políticas como causa las que trajeron las respuestas privadas de las que la Presidenta y el ministro se quejan, y no al revés.
Lo preocupante, es que, ante este mal diagnóstico, el Gobierno insiste en las mismas políticas para “reactivar” la economía. “El Gobierno sale a la cancha.” ¿Y dónde estuvo hasta ahora? ¿No era que la gran década ganada fue, justamente, porque el Gobierno estaba en la cancha?

Por el contrario, lo que la Argentina necesita ahora, es que el Gobierno, este tipo de gobierno, “salga de la cancha” y deje actuar a los que generan riqueza, y no a los que sólo la redistribuyen y mal, en el mejor de los casos, o “se la llevan”, en el peor.

Un problema de recursos. Por último, hoy el problema de la Argentina es que faltan dólares, porque los privados no tienen ningún incentivo para traerlos, y porque el Estado salió a la cancha.
Como faltan dólares y toda actividad económica local requiere, en mayor o menor medida, de dólares para importar insumos o maquinarias, estamos en recesión, para acomodar la demanda de dólares a la oferta. Por lo tanto, la reactivación no depende de los pesos que se emitan, sino de los dólares que entren.

Es cierto que emitiendo pesos, se pueden desagotar algunos stocks (que son dólares que ya se importaron), pero al final del día, ese desagote de stocks se transforma, también, en mayor demanda de dólares para protegerse de la inflación y de tasas de interés negativas.

Insisto, que el Gobierno esté en la cancha es parte del problema, no es la solución.



Enrique Szewach