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Las elecciones de este 20D serán las más trascendentales de la historia democrática moderna de España, que al igual que la dictadura franquista se quedará a las puertas de cumplir cuarenta años en pie. Quién sabe si es ése el máximo horizonte temporal que resisten los parches y pseudomodelos en este viejo país plurinacional, condenado a confluir bajo un paraguas confederal que ahuyente sus fantasmas kármicos, enquistados desde hace centurias. Sin embargo, la creciente complejidad ibérica connota un nuevo marco poliédrico superador de las clásicas “dos Españas”. Ahora hay muchas más: la “vieja España” mayor de 55 años, aún se referencia en el bipartidismo. La “nueva” la encarnan jóvenes o no tanto subidos al tren 2 y 3.0; divorciados ya del post-franquismo del 78. La lideran dos jóvenes sub 40 bien dotados de buena onda, chispa, reflejos; embebidos de una nueva oratoria, fresca y renovada, que desata nevadas de caspa en las lejanas tierras de la alternancia.
Tanto Iglesias como Rivera son nativos de la Nueva Comunicación Política, y están curtidos como pocos en la sobre-exposición mediática y en el arte del debate sin filtros con quien lo intente. Pero ojo: lo nuevo comparte formas... no así intereses, complicidades ni acreedores. No es lo mismo deberle millones de euros a la banca, que muchos euritos sueltos a la gente. Así pues, en esta marea de cambio hacia adelante, destaca en la paridad el precursor indiscutido: Podemos. Pioneros mundiales de este nuevo savoir faire en la interacción Política-Pueblo, Política-Medios y hasta Política-Establishment. Ciudadanos, en cambio, es el huésped que se coló por una brecha que abrieron Iglesias y Errejón, con mucho de quijotada y otro tanto de gore-tex, capaz de resistir tormentas y diluvios. El “Podemos de derechas” también ha sabido desplegar sus méritos, pero con alguna ayudita del IBEX35 y los medios.
Volviendo a las Españas, todavía duele la desahuciada, desempleada y excluida; demasiadas veces invisible para las mieles del que está “adentro”. Sin contar, claro, con los culpables impunes de buena parte del estropicio: inmobiliarias, bancos y el desgastado bipartidismo. Además de los nacionalismos periféricos insurrectos, partenaires de conveniencia para el PP que aprovecha el miedo para abroquelar su voto. Y así podríamos seguir descubriendo aristas, hasta asumir que España o se reinventa o revienta. Por si fuera poco, este domingo puede haber un claro escenario de ingobernabilidad, siempre que PP y Ciudadanos no alcancen la mayoría absoluta conjunta. Un PSOE en caída libre podría llegar a ser tercera o cuarta fuerza, viéndose obligado a descartar la presidencia. Podemos, en cambio, aprieta en su remontada (segunda o tercera fuerza según las últimas encuestas), ascendiendo a los cielos no por asalto sino por empuje y alegría. El mismísimo Rajoy le confesó a Merkel días atrás que Pablo Iglesias podría ser su inmediato competidor. España metamorfosea; si lo que viene será cielo o infierno... el tiempo lo dirá.

Director del Centro de Estudios del Sur (Cedesur) y asesor político.



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