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Gracias, señor presidente

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La noche del 26 de febrero de 2012, en la ciudad de Sanford, estado de Florida, Estados Unidos, Trayvon Martin, adolescente afroamericano de 17 años, estudiante secundario, es muerto de un tiro por George Zimmerman, adulto blanco de ascendencia hispánica, de 29 años de edad. Zimmerman era coordinador del grupo de observación (neighborhood watch) del barrio cerrado multirracial en que vivía y en el que también residía temporariamente la víctima. Estos grupos de observación son –según Wikipedia– “grupos organizados de ciudadanos dedicados a la prevención del crimen y el vandalismo dentro de un barrio”. En el momento del hecho, Zimmerman fue llevado en custodia e interrogado durante cinco horas, pero no arrestado. Su portación de arma era legal. Un mes y medio más tarde, sin embargo, el fiscal nombrado para el caso por el gobernador de Florida le inicia a Zimmerman un proceso por asesinato en segundo grado. El juicio, que comenzó el 10 de junio de 2013 en Sanford, concluyó el 13 de julio: el jurado declaró a Zimmerman no culpable. La sentencia ha generado una ola nacional de protestas y una tormenta en los medios. El viernes 19, el propio presidente Barack Obama hizo una aparición sorpresa en la conferencia de prensa de la Casa Blanca para hablar sobre el caso.

Todos los ingredientes de una crisis mediática mayor estaban ya presentes. Associated Press observó que las primeras imágenes difundidas eran fotos de varios años atrás, que mostraban a un Martin con cara de niño y a un Zimmerman menos “maduro”. Cuando se hizo pública la grabación de las llamadas de Zimmerman al 911 mientras estaba observando desde su automóvil al “sospechoso” Martin se generó una ola de interpretaciones y contrainterpretaciones, en particular a propósito de ciertas secuencias de la grabación que para algunos medios eran “ininteligibles”. La NBC tuvo que disculparse por la manera en que había sido editada la banda sonora, y varios periodistas y técnicos fueron despedidos. El 6 de diciembre de 2012 Zimmerman inició un juicio por difamación contra la NBC, alegando que las llamadas telefónicas habían sido intencionalmente editadas para presentarlo como un racista. A propósito de la difusión de un video de vigilancia que mostraba a Zimmerman en la comisaría después de la muerte de Martin, y respecto del cual la ABC afirmó que no parecía tener heridas en la cabeza, el Daily Caller puso en duda esa afirmación, mostrando una imagen ampliada de ese mismo video donde se podían observar contusiones en la nuca de Zimmerman. En fin, las sucesivas declaraciones de testigos, fatalmente contradictorias o cambiantes, alimentaron día tras día una mediatización cuya cobertura, según informó el Proyecto para la Excelencia Periodística, superó la de la última elección presidencial en los Estados Unidos.

Es imposible discutir el proceso judicial propiamente dicho en el espacio de esta columna. Me interesa cómo el presidente de los Estados Unidos se manejó ante una situación tan ideológicamente compleja, políticamente sensible y mediáticamente abrumadora. Mis lectores tal vez recuerden las crecientes reservas que he expresado en varias oportunidades sobre la presidencia de Barack Obama, pero debo manifestar, en este caso, mi sorpresa y mi admiración. Los invito simplemente a ver, una y otra vez, la intervención de Obama el viernes 19 de julio (www.whitehouse.gov/the-press-office/2013/07/19/remarks-president-trayvon-martin): podrán tener la experiencia de una enunciación política en su forma más noble y ¿por qué no decirlo? emocionante. Con una elocución lenta, con pausas reflexivas, pero al mismo tiempo sin ninguna hesitación: buscando las palabras justas. Como observando con calma sus propios afectos e invitando a sus interlocutores a hacer lo mismo. Evitando entramparse con los aspectos formales del proceso –“así es como funciona nuestro sistema”– y centrándose exclusivamente en lo que llamó el “contexto”, que calificó en un momento de “inescapable”: la historia violenta de ese país y la experiencia cotidiana de los jóvenes afroamericanos, factores que no se pueden dejar de lado. Evocando situaciones que, dijo el presidente, fueron también suyas: el empleado de la tienda que sigue con cuidado a un cliente porque es negro; el “clic” de cierre de las puertas de los autos porque un negro se acerca caminando por la calle.

Días antes, Obama había dicho que Martin podría haber sido su propio hijo. El viernes 19 reformuló esa idea con una frase que, como lo subrayó el New York Times, ningún otro presidente de los Estados Unidos podría haber pronunciado: “Trayvon Martin podría haber sido yo hace 35 años”.

*Profesor emérito, Universidad de San Andrés.



Eliseo Veron