COLUMNISTAS REPRESENTACION

Gran novela occidental

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En Anatomía de un instante, el libro de Javier Cercas sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el autor organiza y conduce la hipótesis a partir de los quince segundos de imágenes, el “instante” al que hace referencia el título, que Radio Televisión Española editó a partir de todo el material grabado durante la irrupción del teniente coronel Antonio Tejero en las cortes españolas. Cercas se pregunta cuántas personas verán como personajes de ficción a los principales protagonistas de esa secuencia, el golpista Tejero; el presidente del gobierno, Adolfo Suárez; el vicepresidente, el general Manuel Gutiérrez Mellado, y el diputado Santiago Carrillo. Si bien la cuestión es planteada a partir de una encuesta en el Reino Unido dando cuenta de que una cuarta parte de los ingleses asigna ese estatus a Winston Churchill, Cercas también aventura el hecho de que la televisión sea una fuente de realidad e irrealidad. Las imágenes completas, registradas por dos cámaras, duran 34 minutos y 24 segundos, pero el material que se emite ocasionalmente cuando se revisa ese período en algún programa televisivo de investigación, o en un simple telediario, es mínimo. El corte muestra al teniente coronel Tejero, pistola en mano, y a los tres políticos inmutables en sus asientos mientras el resto de los diputados permanece escondido, al abrigo de las balas. No obstante, importantes aquí son esos 15 segundos en los que la televisión narra lo que podríamos considerar el relato de la transición política española. Las interpretaciones pueden ser muchas, pero lo que resulta interesante es el formato, la duración y la historia, si es que hay una historia en el sentido tradicional, teniendo en cuenta que el fragmento no resuelve la tensión creada en la escena, que a la vez encierra el cuestionamiento de la democracia como la gran novela occidental.

Cuando vemos que todos los gobiernos ceden sin excepción a la presión de los mercados dejando en el desamparo a los electores que han depositado y transferido su confianza en sus dirigentes electos; cuando los partidos políticos son corroídos por tramas de corrupción de corte mafioso y conspiraciones florentinas; cuando la Justicia responde de manera inequívoca a móviles políticos, ¿no está en tela de juicio la narración de la democracia? Está en duda la representación que los gobiernos deben ejercer en nombre de los ciudadanos y, por ende, también la representación tradicional de los políticos ejerciendo su rol ante la opinión pública.

Estos 15 segundos representan un paréntesis del sistema, tan real como el inmovilismo actual de los representantes democráticos.

El 21 de abril de 2010, en una transmisión en directo de la convención del partido italiano gobernante, Popolo della Libertà (Pueblo de la Libertad), sus cofundadores, el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, y el presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, protagonizaron ante los 477 delegados del partido y las cámaras de televisión que llevaban las imágenes a todo el país una escena tributaria de cualquier reality show. Fini, en su ponencia ante los delegados, hizo algunas críticas que no encajó bien Berlusconi. Cuando el primer ministro tomó la palabra, le exigió a Fini que hiciese sus planteos en el seno del partido y no en público: “Si quieres hacer política, deja la presidencia de la Cámara”, le espetó. Fini, entonces, se levantó del asiento y dijo: “Y si no, ¿qué haces, me echas?”.
No deja de ser curioso que la acusación de Berlusconi se base en la voluntad de “hacer política” y la reacción de Fini se circunscriba, atendiendo a la esencia dramática del reality, al plano de lo personal, lo íntimo.

No hay manera más clara de declarar la agonía de la democracia. Umberto Eco, en una de las últimas entrevistas que concedió, sostenía: “Donde la democracia entra en crisis, el poder acaba en las manos de quien controla los medios de comunicación”. Este, no otro, es el relato hegemónico.

*Escritor y periodista.