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Grecia de hoy y la Argentina de 2001

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La cobertura de la fase actual de la crisis en Grecia sobreabunda en comparaciones con Argentina. A fin de que se entienda mejor, quisiera aprovechar este breve espacio para marcar las diferencias.

La crisis griega se parecía a la crisis argentina de finales de 2001 en su etapa inicial, hace entre seis y cinco años, cuando se negocia la primera quita de deuda a los acreedores que por entonces eran inversores privados. En la primera gran quita de la deuda, los funcionarios griegos fueron corridos de la negociación, que quedó en manos de Berlín y París. En una memorable noche en París, el ministro de Finanzas Alemán, Schauble, forzó a que los bancos privados agrupados en el Institute For International Finance (IIF), que habían negociado tan duramente con nosotros unos años antes, aceptasen a regañadientes una quita de magnitud un poco menor que la argentina. El problema es que Grecia hubiese necesitado una quita mucho mayor, superior al 90%, para ser sustentable. Pero ese porcentaje en el mundo financiero internacional era considerado “políticamente incorrecto”, y esa primera negociación insuficiente es la base del programa actual. Esto se podría haber arreglado en ese momento, pero se prefirió “patear la pelota hacia delante”, y seis años después nadie sabe cómo termina.

Desde aquella primera negociación los bancos privados acreedores hicieron lobby sobre la Eurozona y lograron poner en marcha esquemas de asistencia financiados con recursos de la Unión Europea, a los que gradualmente se fueron volcando los bonos griegos, hasta casi su desaparición de los balances de los bancos privados, con lo cual, a diferencia de la deuda argentina que quedó en manos privadas junto con las pérdidas, la griega pasó muy rápidamente a manos estatales europeas, minimizando el daño a los privados.

Un ejemplo interesante es el de los fondos buitre: el grueso de la deuda griega en el momento del default estaba emitida con legislación griega. Los buitres se posicionaron en las pocas emisiones griegas con legislación Reino Unido, y sobre todo en los papeles de deuda de los bancos privados griegos que tras sufrir el default en sus cotizaciones recuperaron valor rápidamente una vez que se instaló la idea del rescate europeo. Esto les permitió salir de la deuda bancaria con grandes ganancias muy rápidamente. Por otra parte, la mala experiencia argentina con los buitres llevó a honrar plenamente los bonos legislación Reino Unido con fondos de la Unión Europea.

El resultado de lo anterior es que en la discusión griega desde hace años no hay ni buitres ni privados. Es deuda con otros gobiernos o con entidades gubernamentales. Por eso en los noticieros internacionales cuando hablan de la crisis griega generalmente hay imágenes de la canciller Angela Merkel. Ella representa, muy a su pesar, al primer acreedor de Grecia hoy.

*Economista. Ex secretario de Finanzas.



Guillermo Nielsen