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Gritar para pagar: bravuconadas de corto alcance

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Finalmente, después de las encendidas declaraciones previas que sugerían lo contrario, la presidenta Cristina Kirchner afirmó que el país está dispuesto a negociar con los fondos buitre para pagar su deuda. Esta decisión resulta compatible con la idea de que “más que deudores recalcitrantes, somos pagadores seriales”, formulada por la misma Cristina. Lo curioso es que aquella frase pronunciada con tono irónico puede resultar trivialmente real, transformándose entonces en una especie de contraironía autorreferencial. ¿Cómo explicar estos ostensibles vaivenes que oscilan entre el discurso flamígero y su posterior claudicación? Si a la larga se termina pagando: ¿para qué se cacarea antes? Cuando su mandato ingresa en el tramo final, muchos hemos renunciado a entender las razones de la Presidenta. Acaso esto sea un error fundado en confundir las razones con la coherencia. Quizás a Cristina le falte lo último, pero le sobra lo primero. Esta es una austera muestra de las razones cristinistas.

1. Antes que nada, Cristina siempre quiere tener razón: en la diplomacia como en la negociación, primero están los intereses. Las razones argumentales son instrumentos secundarios para lograr aquel fin. Ciertamente, las convicciones y los valores son importantes en la medida en que motorizan los intereses; pero su valor retórico en sí mismo resulta poco relevante. En el universo cristinista, en cambio, la forma prevalece sobre el contenido. Un estratega eficiente razonaría así: primero debe conseguirse el mejor resultado posible; todo lo que sirva para lograrlo deberá utilizarse; lo demás es retórica suplementaria. Cristina, en cambio, parece razonar de este modo: primero hay que mostrar convicción y firmeza; después firmeza y convicción; si con eso no alcanza, habrá que hacer lo que convenga; pero cuando esto suceda, deberá mostrarse que se hizo con la convicción y el coraje que otros no tuvieron, aunque Cristina sí.

2. Los demás pagan por entreguismo o por debilidad. Cristina lo hace por responsabilidad: cuando la retórica se agota y llega el momento de acordar y desembolsar, Cristina marca la diferencia. Para la razón cristinista, mientras los anteriores gobiernos consumaban la entrega y el servilismo en el acto de pagar, cuando es la propia Presidenta quien lo decide, al igual que cuando lo hizo Néstor, se trata de un acto de profunda responsabilidad patriótica que permitirá liberar al país de la oprobiosa carga del endeudamiento cíclico; mientras se le dice al mundo que Argentina está de pie.                   

3. Resolver problemas es importante; resolverlos heroicamente es fundamental: según la lógica cristinista solucionar problemas es apenas la materia prima de un acto heroico. Porque en el ADN kirchnerista lo heroico es la quintaesencia de lo político. En el imaginario de la Presidenta quizás valga más una negociación mediocre, pero con gloria, que otra de mayor efectividad, pero teñida del gris del anonimato. Acaso eso explique por qué “El país en serio” que prometió Néstor terminó en el grito reivindicatorio del “Vamos por todo” que selló el tiempo de Cristina.

Tal vez la razón cristinista, en definitiva, tenga su propia lógica de eficiencia. Porque aunque “perro que ladra no muerde”, a lo mejor le basta para hacerse respetar.

*Director de González-Valladares Consultores.



Federico F. Gonzalez