COLUMNISTAS

Guerras sin 'glamour'

Mientras los medios de comunicación sólo mencionan la guerra entre Israel y Franja de Gaza, en el mundo hay decenas de miles de víctimas fatales en conflictos bélicos que no retrata el periodismo. 

Poco debe importarle a mucha gente esta cuestión de los aniversarios y sobre todo de fechas que por su rotunda característica – 100 años – registran episodios imborrables. Pero este 4 de agosto se recuerdan los 100 años del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Un 4 de agosto de 1914 Alemania le declaró la guerra a Francia y dio inicio a “la Gran Guerra”, más llamada la Primera Guerra Mundial, en comparación con la Segunda Guerra Mundial, estallada en 1939 y que culminó en 1945.

Cuando se habla de “guerra” y de muertes, sufrimiento humano, vidas tronchadas para siempre, esperanzas despedazadas y futuros abortados, es muy difícil y bastante poco digerible traducirlo por la vía de la aritmética. ¿Qué nos dice que en la Primera Guerra Mundial hubo 16 millones de muertos? Mucho y poco. Se ha dicho hasta el hartazgo que fue una carnicería indescriptible.

Las décadas han ido pasando, hasta este centésimo aniversario de hoy, cuando se han reunido en Europa los jefes de Estado de todo el continente para prometerse, una vez más, que Europa nunca más se convertirá en el nido venenoso de una conflagración mundial. Sin embargo, hace no muchos años, en ocasión de las guerras balcánicas, Europa volvió a ensangrentarse, y ahora mismo, en los terrenos de Ucrania, de los que intenta apoderarse tenazmente la Rusia de Vladimir Putin, sigue habiendo una serie terrible de episodios de violencia, que no han alcanzado, afortunadamente, características globales, pero siguen demostrando que Europa no está a salvo del virus tóxico de la guerra. Cuando hablamos de “guerra”, mientras parece que a estas horas ya reina una calma provisoria en la frontera entre Gaza e Israel, es inevitable reflexionar sobre un aspecto en el cual tienen responsabilidad principal los medios de comunicación, portales de internet, radios, canales de televisión, diarios, revistas y las llamadas redes sociales.

Desafortunadamente, he llegado a la conclusión de que hay guerras que tienen glamour y hay guerras que no le interesan a nadie. Esta reflexión surge de un aporte documental formidable que el domingo 3 de agosto publicó Perfil con la firma de Facundo Barrio, descollante periodista de la sección internacional, que hace un detallado recuento encabezado de esta manera: “Muertos fuera de agenda: las víctimas diarias de los conflictos sin luces quintuplican a las de Gaza”.

Me llamó la atención el coraje y lo provocativo del título, pero el sustento es muy sólido: el Programa de Datos sobre Conflictos de la Universidad de Uppsala, en Suecia (http://www.ucdp.uu.se/gpdatabase/search.php), reconocido por las Naciones Unidas, es un esfuerzo académico que permite hacer un seguimiento de todas las guerras del mundo. Durante 2013  hubo un desarrollo en todo el planeta nada menos que 33 conflictos bélicos. Pero de estos 33 –que van desde los más grandes hasta el más pequeño– se resumen en una cifra tenebrosa: los siete principales conflictos bélicos (tradúzcase como las siete guerras más importantes del mundo en 2013) dejaron 118.000 víctimas fatales.

En consecuencia, esto implica un promedio de 323 muertos por día. Recuerda Facundo Barrio que el conflicto de Gaza se ha extendido en esta última etapa durante 26 días, y sin contar los 64 soldados israelíes caídos en combate, murieron 1800 palestinos, un promedio de 69 por día. Sin embargo, una vez más ha vuelto a hacerse uso y abuso de la palabra “genocidio”. El que se agregó ahora a esta colección de usos banales de la idea fue el presidente José Mujica, de Uruguay, hombre que a menudo piensa después de hablar, o mejor dicho, a menudo habla sin pensar. La palabra “genocidio” es de una estatura, importancia y dimensión tales, que no solo los dirigentes políticos sino también los medios de comunicación deberían usarla con mucho tino y prudencia.

A la cabeza de la lista de los conflictos bélicos del año pasado, sin contar los sietes corridos de este año, en Siria hubo 75.000 víctimas mortales. Sudán del Sur es el ejemplo claro de un conflicto del que nadie se ocupa y en el que el año pasado hubo nada menos que 10.000 muertos. La guerra contra el narco, antes de que asumiera el presidente Enrique Peña Nieto en México, ya había producido más de 10.000 muertos en 2013. Somalia, otra olvidada nación fracasada del Cuerno del África, padeció el año pasado 3100 muertos. Ni hablar de Irak, Afganistán y Pakistán, que entre los tres suman casi 20.000 muertos solo durante el año pasado.

Sin embargo, cuando se habla de Siria, no se habla casi de “genocidio”; ni hay repercusiones públicas; ni países que establecen ultimátums, ni diplomacia de cancilleres.

Simplemente apunto a esto: a la necesidad de que el periodismo recupere el orgullo por la precisión del lenguaje, aquel viejo rasgo característico del buen oficio del periodista que es llamar a las cosas por su nombre. La humanidad ha sufrido genocidios. Comencé este editorial hablando de los cien años de la Primera Guerra Mundial, que fue una auténtica matanza en donde todos se mataron entre todos. En la Segunda Guerra Mundial hubo claramente dos o tres genocidios perfectamente planificados: el principal fue el del pueblo judío, sumado a los de minorías, como los cristianos anti nazis, militantes marxistas y comunidades minoritarias como homosexuales o gitanos, percibidas por los nazis como incapaces de ser reconocidos como seres humanos.

En Gaza no ha habido genocidio. Para los medios, lamentablemente, la palabra suena muy bien. Es necesario llegar a la triste conclusión de que en este mundo nuestro hay guerras que tienen glamour y otras de las que no se acuerda nadie.

(*) Emitido en Radio Mitre, el lunes 4 de agosto de 2014. 



Pepe Eliaschev


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