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Hacia un plan light de metas del BCRA

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El Gobierno parece decidido a redoblar la apuesta en su combate contra la inflación. A las “buenas” noticias sobre la desaceleración de la inflación en el mes de agosto y la caída en la inflación núcleo (precios regulados) a 1,5% promedio mensual, se sumó un importante anuncio del presidente del Banco Central de la República Argentina. El titular de la autoridad monetaria comunicó que presentaría a partir del 1º de enero de 2017 un esquema de metas de inflación con el objetivo de estabilizar la tasa de crecimiento de los precios en niveles cercanos a la mitad de un dígito en tres años.

Ahora bien, ¿están dadas las precondiciones para la adopción y éxito de un esquema de metas de inflación en la Argentina? ¿Qué sugiere la experiencia de otros países emergentes y en transición? La conclusión es que, en el mejor de los casos, la Argentina podría converger a un esquema light e incompleto de metas de inflación.

Un régimen de metas de inflación requiere al menos dos precondiciones. Por un lado, que el Banco Central sea independiente. Por otro, que la política económica no tenga otras metas, por ejemplo de salarios, tipo de cambio o nivel de empleo. Asimismo, y suponiendo que se cumplen estas dos precondiciones, el Banco Central debe explicitar las metas plurianuales deseadas, comunicarlas claramente, indicar que este objetivo prima sin duda alguna sobre otros y establecer una metodología de pronóstico de la inflación que contenga información relacionada con precios y su evolución. Si bien la Argentina está dando pasos importantes en pos de la independencia de su banco, persisten al menos cuatro problemas no resolubles en el corto plazo y que podrían restarle peso y efectividad al régimen de metas: 1) la inestabilidad de la demanda de dinero y la alta propensión de los agentes económicos a ahorrar en moneda extranjera, no reversible en tres o cuatro años; 2) el escaso desarrollo financiero de la Argentina (bajo nivel de crédito o depósitos a PBI, no superior a 12%-15% en la última década) y por ende la baja o nula efectividad del canal de la tasa de interés en la política monetaria; 3) el déficit fiscal que, según el proyecto de ley de presupuesto enviado al Congreso, se mantendrá aun en niveles más cercanos al 5% del PBI en un año electoral, y 4) el alto nivel de inflación inercial al momento de la vigencia del régimen de metas.

La inflación al momento de la adopción del régimen de metas en otros países emergentes de tamaño medio fue de menos de un dígito. En 2017, Argentina estaría reduciendo su tasa de inflación a un intervalo de 20% a 25%, según los pronósticos privados y en un techo de banda optimista del 17% del BCRA.

El riesgo que corre la Argentina adoptando prematuramente un esquema de metas de inflación es que se transforme, parafraseando al economista del FMI Sarwat Jahan, en un régimen complejo de mantener en el centro del objetivo de política económica y por ende termine siendo un régimen light de metas, dados los factores limitantes mencionados en el párrafo anterior. De no reducir el déficit fiscal de forma sostenible, lograr un mayor desarrollo financiero, impulsar eficazmente el ahorro en instrumentos en pesos y disminuir la inflación inercial, el régimen de metas de inflación será una dieta light para bajar el peso del fenómeno de alta inflación que flagela a la economía argentina desde hace una década. n

*Citra-Conicet.

Martin Grandes