COLUMNISTAS

Hacia una nueva Carta Orgánica

PERFIL COMPLETO

En el largo plazo, expandir la oferta monetaria por sobre el ritmo de crecimiento de la demanda de dinero termina matando el crecimiento y la generación de empleo. La ciencia económica explicó que la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno estrictamente monetario, dejando en claro que la política monetaria es la única herramienta eficaz para bajar y luego prevenir la inflación.
En este marco, se entiende que hay que refundar el Banco Central para poder bajar la inflación. Hay que promulgar una nueva Carta Orgánica para el BCRA. La nueva Carta del Banco Central no tiene que tener objetivo dual (inflación y nivel de actividad), porque una política activista deterioraría la performance de la política monetaria, despertando el trade-off entre output y fluctuaciones en la inflación, lo cual conduce a subóptimos en la política monetaria. O sea, crece el riesgo de “más” inflación, lo cual termina castigando el nivel de actividad y el empleo.
La nueva Carta Orgánica (votada en el Congreso) debe dejar en claro que la estabilidad de precios debe ser el único y predominante objetivo de largo plazo para la política monetaria del BCRA. El nuevo BCRA tiene que ser independiente en materia de instrumentos de política monetaria a utilizar. Se debe elaborar un plan monetario anual con seguimiento trimestral que debe ser informado, publicado, explicado y defendido en el Congreso de la Nación.
El BCRA tiene que fijar un ancla nominal para definir y acotar su compromiso con la estabilidad de precios. Hay cuatro tipos de ancla nominal: i) convertibilidad (y dolarización como caso extremo); ii) tipo de cambio fijo; iii) metas de agregados monetarios y iv) metas de inflación. Las dos primeras no son opción. Tampoco están dadas las condiciones para ir a metas de inflación (para esto sería necesario tener ancladas las expectativas de inflación). No hay transparencia en la comunicación entre la autoridad monetaria y los agentes económicos, no hay un ancla nominal preexistente para las expectativas en la economía, tampoco hay credibilidad ni reputación (anunciar, explicar y luego cumplir). Menos aún hay transparencia en la información y en la política monetaria. Tampoco existe un índice de precios creíble sobre el cual fijar objetivo central, techo y piso. Además, la experiencia internacional muestra que actualmente un programa de metas de inflación no le serviría a la Argentina porque se parte de inflación muy elevada y, en consecuencia, se necesitarían muchos años hasta bajarla a un dígito. La experiencia internacional de Chile, Colombia, Perú y Brasil muestra que las metas de inflación la bajaron, en promedio, 2,4 puntos porcentuales por año en esos países. Así, Chile y Colombia tardaron diez y ocho años en bajar la inflación de 30% y 33% a 2,7% y 3,0%; respectivamente.  
En este marco, hay que conducir la política a partir de agregados monetarios (ancla nominal). Los agregados monetarios tienen valiosas ventajas para eficientizar la política monetaria y bajar rápidamente la inflación: i) proveen información rápida, transparente y sencilla para transmitir, explicar y conducir la política monetaria; ii) pueden ser usados para brindar señales de las intenciones del BCRA; iii) hacen sencillo el monitoreo de la política monetaria y iv) al ser transparentes y fáciles de monitorear, fortalecen la credibilidad y ayudan a la construcción de reputación.
En definitiva, la política monetaria de inicio (dado el alto nivel de inflación con el que se arranca) debe ser delineada a partir de metas sobre el agregado monetario M1. La teoría y la evidencia empírica son contundentes en este sentido: “En contextos de alta emisión monetaria, elevada monetización, baja penetración financiera y alta nominalidad en la economía, los objetivos de (crecimiento) agregados monetarios son útiles para enviar (contundentes) señales sobre la decisión (del Central) de bajar la inflación. Así, una vez que la tasa de inflación sea baja y se puedan anclar las expectativas inflacionarias, recién ahí se puede pasar a metas de inflación”

*Profesores de Política Monetaria. Universidad de Buenos Aires.



Diego Giacomini / Javier Milei