COLUMNISTAS PELICULAS II

Haciendo patria

A veces, por trabajo, los críticos tienen que ver una película o una serie y dar su veredicto a la semana. Cuando, la verdad, lo que nos sucede con un film o una serie puede tardar mucho tiempo en asentarse en nuestra cabeza y corazón. Un año, tal vez. O más.

En ocasiones salimos del cine y la película, que nos pareció floja en ese momento, dos meses después no podemos parar de pensar en ella o, como nos sucedió hace poco con un documental sobre Nick Cave, salimos elogiándola pero a la altura de los postres ya la despedazábamos con saña. ¿Qué pasó?

Nick sufría, en el film, según nuestra humilde opinión, como dice Diego Capusotto, un ataque de coolesterol. Nuestras opiniones, agitadas por el viento de la ideología, giran enloquecidas en el cerebro.

Es la naturaleza humana, inestable.

Hace ya meses que vi el último capítulo de Mad Men y la serie no para de crecer más y más en mi estima. Creo que el capítulo final es el más fabuloso de todos los tiempos. Porque es abierto, porque es arriesgado, porque hace un canto lírico sobre la vida extraordinaria del hombre ordinario, porque Don Draper, el protagonista central, acepta quién es en verdad; es decir, no es lo que la vida quería que fuera, sino lo que la ficción quiere que sea.

¿Vieron Mad Men? ¿Leyeron a John Cheever? Si vieron Mad Men, leyeron a Cheever, si leyeron a Cheever, vieron Mad Men.



fcasas