COLUMNISTAS UN AÑO, MUCHOS MACRI

Hay cosas que cambiaron

No hay duda de que el funcionamiento de la economía es central para la marcha del país, pero la gente no es una máquina de casino, existen valores y percepciones de otros órdenes que también conforman su opinión.

apertura. Argentina ha recibido la visita de mandatarios de primer nivel.
apertura. Argentina ha recibido la visita de mandatarios de primer nivel. Foto:AFP

No hay duda de que el funcionamiento de la economía es central para la marcha del país, pero la gente no es una máquina de casino, existen valores y percepciones de otros órdenes que también conforman su opinión.

En este primer año de gobierno de Mauricio Macri, pasaron muchas cosas importantes que son altamente valoradas por la población y que refuerzan su esperanza. Se acabó la crispación constante producida por las cadenas nacionales, los insultos, la prepotencia, el uso de los organismos de inteligencia y otras agencias estatales como la AFIP, para perseguir a los opositores o a los dueños de empresas que resultaban atractivas para algunos funcionarios. Se acabó el chantaje a los periodistas y medios de comunicación a los que se pretendía manejar con sobres generosos o con amenazas. El vecino puede ver en la televisión los programas que le agradan, sin que lo impida una señora con voz estridente que insulta a sus adversarios y habla de cosas que a ella le interesan. Actualmente nadie tiene miedo de pensar o decir cualquier cosa.

Cambiamos de sección en los periódicos del mundo: pasamos de la sección de curiosidades a la que ocupan los países respetables. Olvidamos demasiado pronto el viaje a Angola de la Nave de los Locos cargada de baratijas, una vaca falsificada y maquinaria agrícola inservible. El discurso del dúo Cristina-Moreno en Luanda es una pieza indispensable en cualquier colección de ridiculeces políticas.

Olvidamos también que el día internacional del Holocausto de 2013, el canciller argentino firmó un acuerdo con el gobierno de Irán, manejado por clérigos y políticos sindicados por el atentado contra la AMIA. El acuerdo, además de inútil, trajo consigo una saga siniestra de encubrimientos, una sospechosa desesperación para que no se investiguen las denuncias que hizo el fiscal Nisman, y su muerte violenta.

Nada de eso es siquiera pensable en este gobierno. Nos han visitado mandatarios de primer nivel, Argentina opina y aparece en la prensa mundial como lo que debe ser: un país respetado.

Los gobernadores de todos los partidos han estado en Olivos y en la Casa Rosada, al igual que dirigentes de todas las orientaciones. El gobierno ha dialogado con todos lo sectores, y en muchos casos con la intervención personal del Presidente de la Nación, porque cree que sin diálogo no hay democracia. Ha sido tan amplia esa disposición que algunos incluso han fantaseado con que los ministros se escojan de una lista de ex funcionarios de la década ganada. La democracia supone dialogo y respeto a la oposición, pero también alternancia. No es bueno que los funcionarios se escojan  de la misma lista, tanto en los gobiernos de “izquierda”  como en los de “derecha”,  porque solo hay un club de personas que pueden gobernar el país. Las elecciones las ganó Cambiemos, el PRO, el Radicalismo y el ARI, y es natural que los funcionarios salgan más de esas filas que del FPV.

El diálogo se abrió no solo a los líderes, sino a la gente común, con a través de mecanismos eficientes con los que el gobierno dialoga todos los días con cientos de miles de argentinos. En toda la década perdida no hubo ni una sola reunión de gabinete. Ahora son frecuentes, y los ministros dedican días enteros a dialogar. Esto irrita a algunos que quisieran que sólo obedezcan y trabajen.

Existe un respeto total a la independencia de poderes. Algunas personas que protestaban porque el gobierno K manipulaba la justicia, ahora quisieran que Macri la use para perseguir a los miembros del anterior gobierno, quisieran formar tribunales especiales, irrespetar la ley. Para los fanáticos K y anti K los derechos humanos y la ley existen solo para los propios, y hay que olvidarlos para perseguir a sus adversarios. Aunque sea riesgoso mientras permanezcan en el poder ciertos  jueces, hay que ser coherentes con los principios. El país tendrá una democracia sólida si mantenemos los principios y no nos dejamos conducir por entusiasmos perecederos.

(*) Profesor de la GWU.