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Hay incentivos para un acuerdo

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Esta fue otra semana no apta para cardíacos en la negociación entre la Argentina y los fondos buitre. Después de idas y vueltas en las que un día proponíamos un canje de bonos y pagábamos en la Argentina –lo que era inviable desde un punto operativo y nos llevaba al default– y al otro día decíamos que íbamos a ir a negociar a Nueva York, finalmente llegó el discurso conciliador de Cristina en Rosario del viernes pasado.

En ese acto la Presidenta dijo que se les iba a pagar al 100% de los bonistas, y aunque no dijo ni cómo ni cuándo lo iba a hacer, a partir de ese momento los mercados se entusiasmaron y se empezó a apostar a que la novela de la deuda iba a tener un final feliz.

Los precios de las acciones y los bonos subieron y todo parecía encaminado hacia una negociación exitosa.

Pero el jueves hubo una nueva sorpresa: el ministro Kicillof anunció que Argentina iba a girar US$ 532 millones a los Estados Unidos para el pago de los bonos. Esos fondos marchaban rumbo a lo desconocido.

El juez los podía embargar y forzar a que se usaran para pagarles a los buitres o podía restituir el stay y permitir que Argentina siga pagando los bonos en Nueva York.

La gran pregunta en la City porteña era si ésta era una jugada súper osada, al estilo K del “vamos por todo”, o si en verdad era una jugada muy estudiada y parte de un acuerdo secreto que existía con el negociador máster Daniel Polack con el guiño del juez Griesa.

Los mercados prácticamente no se inmutaron después del discurso de Kicillof a la espera de una nueva decisión del juez Griesa, quien había llamado a una audiencia para el viernes a la mañana.

El resultado de esa audiencia fue otra bomba. El juez dijo que el anuncio del ministro era “explosivo”, prohibió que los fondos fueran girados a Nueva York e intimaba a la Argentina a que inicie la negociación con los holdouts. O sea, el anuncio del jueves no había sido acordado; fue una jugada osada de alto riesgo.

Las opciones para la Argentina ahora son muy limitadas: o avanza la negociación y se logra un acuerdo que pueda incluir a la mayor parte de los holdouts (y no sólo a los buitres, que es el caso que está ante el juez Griesa), o la Argentina irá camino a un nuevo default.

Un nuevo default no le serviría a nadie. Para la Argentina implicaría una nueva crisis financiera en un momento en el que la economía está en recesión, las reservas escasean y la brecha del blue está por encima del 50%.

Para los buitres implica que pueden no cobrar ahora y tener que esperar una nueva propuesta de reestructuración.

Hay incentivos para un acuerdo, y todo indica que vamos en esa dirección.

El ruido, las amenazas, los retos y las jugadas osadas parecen ser parte de la puesta en escena de la negociación que recién comienza.

Pero no olvidemos que las guerras muchas veces ocurren por errores de cálculo, y esta negociación no está exenta de riesgos.

*Director de Econviews.



Miguel Kiguel