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Hay unos chicos abajo

Mientras Kicillof suma oficinas y poder, el resto pone fichas a precandidatos, a la espera del dedo presidencial.

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Foto:Dibujo: Pablo Temes

Hay un dato de la realidad evidente e indiscutible del cual parece que muchos opositores aún no se han percatado: Cristina Fernández de Kirchner habrá de ejercer el poder a pleno hasta el último segundo del último minuto de su mandato. El Gobierno, que aprovecha la enorme ventaja que le da la desorientación de sus adversarios, no pierde el tiempo y avanza en pos de sus objetivos de máxima, que son tres: el primero, consolidar un andamiaje judicial que asegure la impunidad de sus funcionarios; el segundo, dejar un campo minado que condicione y dificulte el desempeño de quien asuma el 10 de diciembre de 2015; y el tercero, la destrucción del Grupo Clarín, el enemigo al que más le teme.

Hasta aquí, la oposición ha repetido muchos de los errores que cometieron quienes vencieron a Néstor Kirchner en las elecciones de junio de 2009. En vez de trabajar en la búsqueda de acuerdos básicos para asegurar la gobernabilidad de un eventual gobierno no kirchnerista, han dedicado su tiempo a disputar posibles candidaturas. El espacio más afectado por todo este trajín es UNEN, que va en camino de reeditar la historia de divisiones que acabó primero con la Alianza y después con el Acuerdo Cívico y Social. Por eso Julio Cobos ya comenzó a menear la posibilidad de bajar su precandidatura presidencial y optar por la de gobernador de Mendoza, postulación para la que las encuestas lo colocan en condición de gran favorito.

En vista de ello, algunos radicales como Elisa Carrió están viendo si se suben al colectivo de Mauricio Macri y otros, como Gerardo Morales o José Cano, hacen lo mismo con Sergio Massa.

Las fotos de Massa con Morales y Cano fueron recibidas con beneplácito en el oficialismo porque ha advertido que eso evita la diáspora y ayuda a nuclear al peronismo bajo el ala de Daniel Scioli.

La novedad política de la semana ha sido el proyecto de ley para regular las telecomunicaciones. Para los analistas independientes, este proyecto se inscribe en el marco del criterio kirchnerista del Estado como concentrador de toda actividad pública y hasta privada, por medio del cual fija precios, decide socios y regula las relaciones económicas de un país. Es el pase de un Estado regulador a un Estado interventor al que se lo sufre o se le saca provecho según el lado de la lucha política en el que se esté.

El enorme beneficio para las telefónicas es claro. Además, estos grupos multinacionales decuplican en volumen de negocios a cualquier empresa local, por lo cual pueden comprar servicios audiovisuales, acceder a cualquier contenido y pulverizar a cualquier competidor. El destino de muchas cableras locales se verá seriamente comprometido a partir de esta ley. Más allá de estos aspectos técnicos, este proyecto marca una contradicción absoluta con lo expresado por la Presidenta al presentar la Ley de Medios y es funcional a la adecuación de oficio con la que el Gobierno busca destruir a Clarín.

Mientras tanto, en el oficialismo la ebullición por las internas entre los ministerios y la diáspora de la militancia crece día tras día.

“Los chicos de abajo arrasan con todo. Quieren ocupar cuanto cargo existe y, por su falta de gestión, complican a más de un ministerio. No entienden de cuestiones formales, no saben cómo se maneja el Estado y, con prepotencia, tratan de tapar los baches que por falta de conocimiento se generan en la diaria”, señala una fuente que conoce el avance de los nuevos funcionarios de Axel Kicillof sobre el Ministerio de Industria que conduce Débora Giorgi, situado en el piso de arriba de la cartera de Economía. La convivencia es difícil; quienes están al tanto del feroz avance de los camporistas aseguran que Giorgi resiste porque tiene el apoyo de la Presidenta, aun cuando no saben cuánto más podrá aguantar los embates del joven ministro.

En los pasillos de la Secretaría de Comercio se vive en carne propia este avance. Un sobreviviente de la época “morenista” señala: “Esto pasa en todos los ministerios; a cada paso tenés que cuidarte de los ojos celestes (sic) que miran y controlan tus movimientos. Aquí se conoce despectivamente a los chicos de Axel como Cantaniño –en referencia al programa de talentos musicales de la década del 80– aunque mucho más peligrosos”.

En el Ministerio de Economía, se vivió con singular euforia el haber logrado desplazar de su oficina a Angel Coraggio (vocero de la ministra Débora Giorgi). Las oficinas de prensa de Industria están al lado de las de Economía, a pesar de lo cual el viceministro de Kicillof, Emmanuel Alvarez Agis, quería disponer de un despacho en ese lugar. La disputa, que duró meses, fue ganada por Alvarez Agis, por lo que Coraggio fue a parar al primer piso del edificio contiguo. “Tratamos de no cruzarnos con la gente de Kicillof para no tensar aún más la relación”, explicó otra fuente de Industria.

Más allá del avance de la juventud kirchnerista en todas las dependencias del Estado, un joven militante con cargo, que rogó no ser identificado, describió una realidad y una preocupación: “Trabajamos por y para Cristina, eso es lo que tenemos claro; pero al no saber quién encarnará la continuidad del proyecto, muchos compañeros han iniciado una especie de diáspora interna hacia quienes creen que podrían ser los futuros herederos del proyecto bendecidos por la Jefa. No sólo pasa dentro de La Cámpora, sino también en otras agrupaciones como Colina, el Movimiento Evita, etc. Algunos van con Florencio Randazzo, otros buscan refugio en Daniel Scioli, otros se acercan a Julián Domínguez y así se abren camino escuchando ofertas y delineando su futuro. La angustia crece, todos somos de Cristina, pero sabemos que no definirá su apoyo a un candidato hasta último momento, así que muchos han empezado a elegir al que creen mejor perfilado; no sea cosa que nos quedemos sin nada”. Una tragedia, en fin, para todos aquellos que han hecho de La Cámpora un paradigma de la militancia rentada.

Producción periodística: Santiago Serra.



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