COLUMNISTAS DESCONSUELOS

Heridas

Aquí nomás, a las puertas de Rosario, una chica le tajeó la cara a otra, ¿por qué? Porque la odia porque es linda y cheta. Así vas a aprender a hacerte la linda, parece que le dijo. Digo que parece porque no estoy muy segura. Tal vez sí fue la de Empalme; o tal vez no y fue la de Formosa. Ah, sí porque fue a dúo aunque no al mismo tiempo y en el mismo lugar. Pero como copias, vea. Una chica odia a otra, la amenaza, la persigue, la insulta; la de Formosa creo, busca a su hermana para que la ayude, y en un caso con navaja y en el otro con el filo de una botella rota, hieren y tajean y se ufanan como de un acto heroico. ¿Por qué? Bueno, caramba, quién les manda ser lindas, vamos a ver. Arruinemos eso, saquémoslo de nuestro camino y nos vamos a sentir mejor.
Tengo que disentir. Estoy obligada por el horror a mirar esto de frente y reflexionar sobre el atroz ataque. No se van a sentir mejor. Tal vez piensen (sientan en realidad) que sí, que sin la sombra que les hace la linda, van a andar triunfantes, leves, a paso de vencedoras por su propio camino. No se olvide, estimado señor, no se olvide de que yo escribo novelas, cosas que no les sucedieron nunca a personas que no existieron jamás. Y que para eso tengo que meterme en esos cuerpos y si puedo en esas almas y lograr que la pasión dirija al intelecto que es el que elije las palabras con las cuales les voy a robar sus intenciones y sus acciones a esas personas, a las lindas y a las otras. Sí, claro que comprendo. Juzgo y decido, fiscal y juez dentro de mi cabeza y en las puntas de mis dedos, y me horrorizo y me hago preguntas. Porque dije que comprendo y digo que no sé si en verdad he entendido. Esas chicas, la que empuñó la navaja y la que asió con los dedos el trozo de vidrio, esas chicas, ¿fueron felices? ¿tuvieron aunque fuera un solo instante de felicidad? ¿o todo fue adrenalina y rabia, odio y frenesí y rencor? Y fuera lo que fuese, cómo, dónde, por qué creció eso en el alma no ya del personaje de novela, que a ése yo sé lo que le pasa y por qué le pasa, sino en la muchacha de carne y hueso y pelo y uñas y garganta apretada y ronquido de furor que es una extranjera en mi vida. Hace pocos días Beatriz Sarlo estuvo en Rosario y dijo en una entrevista que la inseguridad es el resultado de varias causas y que si eliminamos esas causas desaparecerán los resultados. Que si hay desigualdad y pobreza, hay que erradicarlas y desaparecerá la inseguridad. No es, ya sé, tan mecánica y devastadora la cosa, pero sí es básicamente cierta. Ahora, ¿cómo llegaron la desigualdad y la pobreza a las chicas de la navaja y el vidrio? Parecen chicas de clase media baja o más bien de clase media media. Entonces, ¿cómo fue que llegaron al crimen (porque lo que hicieron es un crimen, “el peor pecado”  dicen los estudiosos del siglo XVII; nullum scelus rationem habet, ningún crimen tiene razón de ser dice Tito Livio), un crimen sucio, aberrante, destructor de la víctima y de la victimaria? ¿Cómo y de quién se contagiaron? ¿Crecieron en el barro y la sangre? ¿O en un hogar como tantos? El hogar, ese lugar en el que se encienden la lumbre y el fuego ¿no las abrigó? ¿No oyeron directivas y consejos? ¿Qué ejemplos vieron en esas casas en las que hoy se discute, se sufre, se mira la realidad con otros ojos?
Y así terminamos en lo de siempre, en la educación. Y en la Justicia porque estas chicas no van  ir presas. Son menores. Tienen, supongo padre madre abuela madrina tías y lo que venga en el rubro familia, que se van a ocupar de ellas. En países más serios y ordenados que el nuestro hay para los y las menores institutos especializados. ¿Se acuerda, querida señora, de los chicos que mataron a otro en Londres? Eran menores, muy menores. Y se los juzgó y se los puso presos en un instituto especializado hasta que fueran mayores y entonces se vería. El lugar es un sitio de recuperación, de educación, de contención. ¿Nosotros? ¿Sabe usted, ha visto lo que son las cárceles en este amado país? Y sucede que pienso en el hogar en el que esas chicas crecieron y en el lugar en el que tendrían que pasar unos años en las mismas condiciones de aquellos críos ingleses que hoy son hombres de bien.
La comprensión necesaria, la piedad, el desconsuelo, todo eso me nubla el entendimiento. Ayúdeme usted y piense fuertemente como yo, en esas chicas, las tajeadas y las que las tajearon.

agorodischer