COLUMNISTAS DUDAS

Historias de reyes

La pérdida de presencia (no de prestigio) de la Enciclopedia Británica no es casual: la forma-libro de la biblioteca universal que contiene todos los estilos y todos los saberes ha sido reemplazada por internet, el sistema hiperconectivo que Borges prefiguró y a quien (según me reveló Matilde Sánchez) sus inventores leían cuando concibieron la red.

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La pérdida de presencia (no de prestigio) de la Enciclopedia Británica no es casual: la forma-libro de la biblioteca universal que contiene todos los estilos y todos los saberes ha sido reemplazada por internet, el sistema hiperconectivo que Borges prefiguró y a quien (según me reveló Matilde Sánchez) sus inventores leían cuando concibieron la red. No puede saberse si esta sustitución es ventajosa: mientras la ilustre Enciclopedia era escrita por las figuras más prestigiosas y especializadas de cada ámbito científico, estético, técnico y religioso, la página privilegiada de conocimiento en la red llamada Wikipedia se construye con la intervención aleatoria de desconocidos, y donde es altamente dudoso que el resultado en proceso reciba los beneficios de sabios en conocimiento y control de la información.

En todo caso, eso no afecta mis búsquedas, porque me preocupa menos la certeza que la narración, y menos el relato de los hechos que la invención, así que cuando quiero hojear las eternas páginas del saber ajeno voy a la página de Google y tipeo letras al azar. Hoy tipeé “Ar” (¿por arco, por arma, por arreciar, por arcano, por artero?) y Google rellenó lo faltante con dos posibilidades: “Arturo” y “Arturo Sandoval”. El segundo me pareció, no sé por qué, nombre de bolerista latinoamericano, y me desentendí. Busqué un Arturo sin apellido y Wikipedia me ofreció al Rey Arturo. ¿Cómo resistirse a la tentación?

La historia de Arturo es extraordinaria pero me quedan sólo trescientos caracteres, así que sólo puedo decir esto. Como en los grandes relatos, la verdad sucumbe al mito y la existencia del héroe se vuelve improbable, y sólo la sospecha de su inexistencia física lo vuelve objeto de una leyenda verdadera. En la historia cultural de Occidente, a la vez nos hemos acostumbrado a dudar de la existencia material de Cristo y a creer en la Iglesia y en la resurrección. En Argentina, dentro de varios siglos, se dudará de la de Perón.