COLUMNISTAS MUNDO BARRABRAVA

Huevo frito es mi corazón

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“Entonces, una facultad
lamentable se desarrolló
en sus espíritus, la
de notar la estupidez
y no poder tolerarla”
Gustave Flaubert (1821-1880); de su novela inconclusa “Bouvard et Pécuchet” (1881).

Trabajé para Amalita Fortabat en el frustrante lanzamiento del nuevo diario La Prensa, en 1995. Ningún alto directivo de Loma Negra tenía simpatía por el proyecto, al que veían como un capricho más de La Señora. “Ella es muy seductora, no es fácil decirle que no a alguien con un Turner de 14 millones de dólares colgado en su living”, me confesó alguien que la conoció más allá del protocolo.
J.M.W. Turner (1775-1851), el célebre paisajista inglés que fascinaba a la fascinadora Amalita, amaba el monte Rigi, “la reina de las montañas” de los Alpes, al que le dedicó una serie de acuarelas. El mismo imponente escenario, visto desde el pequeño cantón suizo de Zug, debe haber inspirado a los socios del Mountrigi Management Group Ltd, una empresa suiza eficiente, silenciosa y nunca mencionada directamente en el Fifagate, que logró, sin repetir, sin soplar y sin licitación, los derechos televisivos de los mundiales desde 2018 hasta 2030 para 16 países de América Latina.

Según The New York Times, estos entusiastas emprendedores pagaron 190 millones de dólares por el dueto 2018/2022 y una cifra más alta por los de 2026 y 2030, aunque mucho menor que su valor actual. ¿Cómo lo hicieron? Eso investigan los sabuesos de Suiza –detrás de la pista del “empresario anónimo” que sobornó a Jérôme Valcke, secretario de FIFA– y de Estados Unidos, que revelaron que Mountrigi, en realidad, pertenece al poderoso grupo Televisa, de México. Ahá.

Hoy nadie habla del tema en la FIFA, pero sí lo hacen sotto voce en los tribunales. Para los fiscales, “la filial de una gran televisora latinoamericana ayudó al empresario anónimo a pagar las coimas para quedarse con los derechos para Argentina, Uruguay y Paraguay”. Hasta ahí las especulaciones. Lo real es que Mountrigi compró los derechos y enseguida se los vendió a Torneos y Competencias. Los involucrados niegan todo, pero los caminos conducen a Roma y Roma es Alejandro ‘Sorry, mala mía’ Burzaco. Ay. Me imagino lo que habrá sufrido toda esta gente hasta el 3-1 contra Ecuador. Qué lindo es el fútbol.

Todos quieren ir al Mundial. También Pablo Alvarez, 44 años, jefe de la barra de Independiente, un sujeto áspero, peligroso y para colmo influyente, que por alguna razón responde al apodo de “Bebote”.
Como ya les tocó a Vandenbroele, Freddy Rincón o Rocío Oliva, Interpol lo buscó, por extorsión. Su víctima fue el entrenador Ariel Holan, a quien paró a la salida de un entrenamiento para “charlar”. El diálogo resultó flor de apriete. Bebote lo obligó a sentarse en el asiento trasero del Focus blanco mientras Javier Telechea, su ayudante, manejaba sin rumbo por el Acceso Sudeste junto a Diego Ramos, un amigo que pasó a saludar y se convirtió en testigo.

“Acá todos la pusieron, vos también tenés que ayudar a los pibes para ir a Rusia”, lo apuró, y durante un cuarto de hora siguió dándole consejos por su bien y el de su familia. Bebote bajó, y un Corsa negro con las ventanillas bajas se les puso a la par. “¡Pagás, o sos boleta!”, reforzaron.
Holan habló con algunos dirigentes, pero no los imaginó inmolados por la causa. Así las cosas, intervino Juan Manuel Lugones, titular de la Aprevide, que radicó la denuncia en Lomas de Zamora y no en Avellaneda, donde Alvarez tiene contactos. Mamita…

Citado por la fiscal María Laura Carballal, Holan relató los hechos. Pero con la prudencia de quien convive con el enemigo, aclaró que no se sentía “amenazado” pero temía “por su familia”, lo que provocó una inmediata perimetral. Ramos, que vive en Estados Unidos, no se guardó nada. El juez Carzoglio firmó la captura. Según Lugones, Bebote exigía 50 mil dólares. El viernes, se entregó. Habrá que ver si decide hablar.

Una de cal y una de arena para el titular de Aprevide, que patinó feo con el tema de las entradas para la semifinal de la Libertadores. Como Lanús puso en venta entradas para no socios, no se le ocurrió mejor cosa que suspender todo y advertir: “Que la gente de River no vaya porque la va a pasar mal” Glup. “Y si pasa algo, será Lanús el responsable”. Ah, bueh, nos quedamos más tranquilos, Lugones.
Racing jugó, digamos, en Paraguay, y perdió. La élite de su barra viajó en avión, pero la segunda línea, en micro. No estaban lejos de Buenos Aires cuando vieron a unos chicos vestidos con ropa de Huracán. Eran de la Cuarta, Quinta y Sexta División que habían jugado contra Colón, en Santa Fe. Pararon y les robaron todo.

Indignada, la gente de Huracán decidió hacer un llamado. ¿A la policía? No, a su barra brava; que se comunicó con sus colegas, que ya
reposaban en sus hogares. “¡Ustedes no tienen códigos! Si no devuelven todo, mandamos gente a la Panamericana para darles plomo, eh...”. Los de Racing llamaron a su tropa y bajaron la orden: restituir el botín.

Eso hicieron, fingiendo arrepentimiento cristiano, como tantos en la tele. Listo. Pero, oh no: faltaban un celular y un par de guantes de arquero. Otra vez se pudrió. Nueva llamada. Negociación: “En la semana se los llevamos a La Quemita”. Final feliz.

Pero hubo más. Uno debe estar en estado de asombro, como aconsejaban los griegos. Y ser testigo, gracias a la tecnología, de cómo la barra del Emelec ecuatoriano enterraba con fiesta a su líder, el “Huevo Frito” Junior Israel Yunes Márquez, muerto por una rencilla interna de dos tiros en la cabeza.
Bombos, banderas, cornetas, saltos sobre el ataúd. Uno abría la tapa y lo besaba, otro le hablaba, la madre cerraba la tapa de un manotazo. Un coro emocionado entona: “A mí no me interesa en qué cancha juegues/ local o visitante te vengo a ver/ Huevo Frito es mi corazón…”.

Compatriotas, no somos los únicos desquiciados en el mundo, lo que de ninguna manera es consuelo. Seguimos vivos de milagro.